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Aunque más sórdido, el escándo desatado por la denuncia de violencia de género de la ex primera dama Fabiola Yáñez contra el ex presidente Alberto Fernández tiene algunos puntos en común con el de la fiesta de cumpleaños de Yáñez en Olivos durante la pandemia: los protagonistas y el escenario es el mismo. Y por supuesto, muchos en el Partido Justicialista comienzan a preguntarse si las consecuencias serán las mismas: aunque todavía lejos en el calendario, las elecciones legislativas de medio término están a la vuelta de la esquina, y si se suma la investigación de corrupción en las contrataciones de seguros del Estado, el peronismo llegaría haciendo agua en dos frentes que Fernández había levantado como banderas de su gestión: el de las políticas de Estado en cuestiones de género y la ausencia de sospechas de corrupción que lo involucraran.

Aunque ya nadie tuviera en cuenta, seriamente, a Fernández desde su salida del despacho presidencial, formalmente sigue siendo el presidente del PJ -aunque en uso de licencia-, lo que tal vez explique la situación en la que se encuentra su sede nacional, de la calle Matheu 130: según supo El Observador, en el último tiempo el Partido Justicialista Nacional -que tradicionalmente se financiaba con el aporte de legisladores y funcionarios- tuvo dificultades para pagar los sueldos de sus empleados, y las instalaciones empiezan a mostrar signos de falta de mantenimiento.

La carta falsa sobre una supuesta renuncia que circuló el viernes por la noche, mientras la Justicia allanaba el departamento de Fernández e incautaba su celular, tuvo sin embargo la virtud de señalar el hecho de que Fernández todavía es formalmente el presidente del partido, aunque en la práctica la conducción esté en cabeza de los cinco vicepresidentes: Cristina Álvarez Rodríguez, Axel Kicillof, Analía Rach Quiroga, Juan Manzur y Lucía Corpacci. Otra vez: como sucedió en su último año y medio de Gobierno, presidía formalmente mientras el poder pasaba por otro lado.

Sin embargo, dentro de las filas del PJ -que celebrará elecciones el 17 de noviembre para elegir autoridades- comenzaron a hacerse oír voces que reclaman un paso al costado de Fernández: previsiblemente, sus viejos adversarios fueron los primeros en exigir la renuncia: la diputada de La Cámpora Florencia Carignano pidió su renuncia, mientras que dirigentes de peso, como la intendenta de Quilmes Mayra Mendoza o el senador Eduardo "Wado" de Pedro lo cuestionaron duramente, acusándolo además por "violencia" contra Cristina Kirchner.

El sindicalismo, que alguna vez soñó con Alberto Fernández contrapesando a Cristina Kirchner, se sumó al pedido de renuncia. Según supo El Observador, Las 62 Organizaciones ya habían pedido la renuncia, informalmente, al apoderado del partido, antes de que se desatara el escándalo, con los cual ahora sumaron más argumentos.

El escándalo que protagoniza Fernández tiene algunos otros precedentes dentro del peronismo, en una seguidilla que incluye un procesamiento al intendente de La Matanza Fernando Espinoza por abuso sexual a la modelo Melody Rakaukas, la obligada salida de Martín Insaurralde de la jefatura de gobierno bonaerense luego de que la modelo Sofia Clerici posteara una foto juntos en un yate en la Costa de Marbella y la condena a 16 años de prisión contra el ex gobernador tucumano José Alperovich por hechos de abuso sexual.

Si el peronismo había quedado ya desdibujado cuando los sectores más humildes le dieron la espalda en las últimas elecciones, la autocrítica y la necesidad de revisar sus liderazgos deberá sumar ahora la necesidad de atender a cuestiones de género que, paradójicamente, en los últimos tiempos había hecho su bandera. Además, para que nadie olvide su falta de apego a las instituciones y las reglas republicanas, esta semana llegó la condena a Guillermo Moreno a 3 años de prisión por abuso de autoridad y destrucción de registros públicos por la adulteración de las estadísticas del Indec.

La necesidad del PJ de revisar sus liderazgos se hace patente al ver las reacciones de su líderes, por caso la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner: mientras no se le conocen expresiones públicas sobre las situaciones de Espinoza, Insaurralde y Alperovich, sí le dedicó un extenso posteo a Alberto Fernández, el hombre que quería ser embajador en España pero gracias a su decisión se transformó en candidato a presidente. En sus redes sociales, a su vuelta a la Argentina tras visitar México, Cristina Kirchner admitió que "Alberto Fernández no fue un buen presidente" y consideró que los hechos "delatan los aspectos más sórdidos y oscuros de la condición humana". Pero en un giro habitual en su retórica, la ocasión terminó siendo una excusa para hablar de sí misma.

La doble vara más explícita seguramente haya sido la de Mayra Mendoza, la intendenta de Quilmes, quien ante la denuncia de Yáñez lo mejor que tuvo para decir fue que tenía "evidencias" de que Fernández -"un varón cis"- ejerció violencia contra su vice, Cristina Kirchner. Al ser consultada sobre el caso de Espinoza, sin embargo, bastante fue más elusiva: dijo que ya había hablado del tema y "sacamos un comunicado". Lo que Mendoza había dicho ante el procesamiento de Espinoza es que la "dolería mucho", que no quería que el tema fuera utilizado para "una operación o algo por el estilo" y que confiaba en que "efectivamente se investigue y se sepa la verdad”. Respecto del comunicado, se refería a uno emitido por el Frente de Mujeres e Igualdad de Género de La Cámpora, cuyo objetivo estaba más direccionado a repudiar una nota de Clarín que a pronunciarse sobre el caso del intendente de La Matanza.

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Los amigos de Alberto Fernández en la cena que organizó en el inicio de su gestión cuando algunos de ellos partían como embajadores. Arriba: Claudio Ferreño, entonces jefe del bloque de legisladores porteños del PJ; Guillermo Olivieri, ex secretario de Culto; Julio Vitobello, ex secretario general de la Presidencia; Carlos Montero, ex síndico general de la Nación; Miguel Ángel Pesce, ex presidente del Banco Central. Abajo: Alberto Iribarne, ex embajador en Uruguay; Jorge Argüello, ex embajador en Estados Unidos; el entonces presidente Alberto Fernández; el diputado Eduardo Valdes y el ex director del Banco Nación, Raúl Garré.

Entre los peronistas porteños que formaban parte del círculo de Alberto Fernández reina un estruendoso silencio. El único que habló, de ese sector, es Eduardo Valdés, quien apoyó como diputado el proyecto para repudiar la violencia de género contra Fabiola Yañez, pero al hablar públicamente señaló que le costaba creer algunos de los hechos que involucraban a su amigo de tantos años según las denuncias.

Y es ese grupo es el más preocupado por las revelaciones que puedan surgir del teléfono que el viernes le fue incautado a Fernández durante el allanamiento de su departamente. Gran parte de la política, pero también empresarios y jueces temen por lo que pueda filtrarse, luego de que se supiera que el ex presidente no borraba sus chats.

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