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Para algunos el de Javier Milei es un gobierno temerario y sin estrategia política; para otros, tiene un estilo audaz y bien claro sus objetivos. De una forma u otra, el golpe que significó la derrota de esta semana en el Senado, con un 6 a 0 en contra, no parece haber generado cambios en Casa Rosada.

Milei pretende seguir adelante con el mismo estilo. Por dos motivos: porque es su forma de entender la política y porque cree que lo puede beneficiar en las próximas elecciones. Cerca suyo creen que la actitud opositora puede terminar siendo favorable para un gobierno que sigue teniendo niveles de apoyo elevados a pesar del ajuste económico implementado.

El costo político de vetar un aumento a jubilados ya lo tuvo que afrontar en 2024, y no tuvo un impacto considerable. Nada hace suponer que esta vez, con la inflación mucho más calma, vaya a ser diferente.

El único punto que genera incertidumbre es si el ruido político se traslada a los mercados. Por eso se entiende la decisión oficial de salir a acusar rápidamente a la oposición de cualquier volatilidad.

La estrategia de Javier Milei

Cerca del Presidente defienden a rajatabla la estrategia seguida adelante con los gobernadores y la oposición. “No hay que dejarse extorsionar”, dicen. Y agregan: “Nosotros negociamos así, yendo al frente”.

Lo que repiten es que es una manera de diferenciarse del gobierno de Mauricio Macri. “Tuvo la estrategia de negociar con los gobernadores y le fueron marcando la cancha”, razonan.

Acá no se muestran reacios a las negociaciones, pero poniendo las reglas de juego. Cada vez que tuvieron que salir a buscar votos reconocen que les salió “muy caro”.

Diferencias internas

Sin embargo, no todos piensan igual en Casa Rosada. Esta semana reaparecieron discusiones internas en el Gobierno sobre por qué se llegó a esta instancia de tener a todos los gobernadores sentados en la misma mesa.

“Con las elecciones provinciales dejaste a gobernadores que son amistosos heridos, enojados y maltratados”, sostienen desde esta óptica, que viene de las oficinas identificadas con Santiago Caputo. “Y no es algo de esta semana, si no que viene mucho tiempo de ninguneos”, añaden.

Pero desde el barrio de Karina Milei y los Menem (Martín y Lule), rechazan en duros términos. “Son burros si creen que los armados de las elecciones provinciales afectaron en algo. Incluso en los lugares donde mejor nos fue ni un gobernador puso en riesgo el quórum en sus legislaturas”, explican, al tiempo que defienden la potestad como espacio político nuevo de armar su propia estructura.

En ese punto también marcan diferencias con lo que pasó bajo la administración macrista: recuerdan que los propios dirigentes de Cambiemos se quejaban de que por no hacer enojar a los gobernadores terminaban haciendo campaña gratuita por ellos en desmedro de los propios.

Cómo es el paso a paso ahora

Javier Milei ya anticipó los pasos a seguir. Va a vetar los tres proyectos convertidos en ley y si el Congreso insiste y rechaza el veto irá a la Justicia. “Es de cumplimiento imposible”, dicen en la Rosada. Argumentan que las fuentes de financiamiento que propuso la oposición no alcanzan para cubrir ni el 15% del impacto fiscal del aumento a los jubilados. La consultora Empiria, de Hernán Lacunza, hizo sus propios cálculos y dio peor: apenas el 10%.

De cualquier manera, en el oficialismo se muestran optimistas de poder mantener los vetos y creen que ahora se abre una nueva etapa en la negociación con los gobernadores. “Ya no necesitás hablar con los 24, ahora con cuatro o cinco estás cubierto”, indican. Hay que ver si del otro lado de la línea hay mandatarios dispuestos a negociar, aunque es de esperar que los fondos ayuden a destrabar.

Además, los números para sostener los vetos están difíciles pero no imposibles. Hay una realidad: los 87 héroes que agasajó Milei con un asado cuando le bancaron sus vetos anteriores ya no están. “Con 75 estamos bien”, dicen en La Libertad Avanza.

La Constitución, en su artículo 83, indica que para rechazar un veto se necesitan dos tercios de los votos en ambas cámaras. Con que una lo sostenga, queda firme el veto. Por eso todas las miradas están puestas en Diputados.

El poroteo para defender el veto

Si estuvieran los 257 diputados presentes, el tercio que necesita Milei para bloquear a la oposición son 86 votos. Pero en LLA descuentan que ese número ya será inferior. Y toman como referencia la votación de esos proyectos en Diputados a principios de junio.

Hay uno que dan por descontado que el veto se podrá sostener, que es la prórroga por dos años de la moratoria. Tuvo 100 votos en contra (y 111 a favor), por lo que los dos tercios son casi imposibles de lograr para la oposición.

El aumento del 7,2% y del bono a los jubilados, y la emergencia en discapacidad son terrenos más complejos, pero no solo para el oficialismo. La oposición también deberá contar votos para conseguir los dos tercios.

La suba a los jubilados tuvo 142 votos a favor y 67 en contra, con 19 abstenciones. Ahí la clave son los que se abstuvieron. De repetirse los 229 presentes (se suma Martín Menem), los dos tercios son 153 votos, número difícil para la oposición, salvo que sume entre los ausentes y las abstenciones. El de discapacidad fue 148 a 71, con 3 abstenciones. Eran 223 presentes, por lo que necesitaría la oposición 149 votos para rechazar el veto.

El bloque de LLA tiene 39 diputados. El PRO 35, de los cuales en el Gobierno cuentan a 30 como apoyos seguros. Hay 3 más de bloques menores que los cuentan seguros. Ya estarían en 72. Con ese piso, si suma unas pocas abstenciones se garantizaría que el rechazo al veto no sume los dos tercios.

La derrota como estrategia electoral

Lo que también tienen decidido en La Libertad Avanza es utilizar la derrota parlamentaria como insumo para la campaña electoral. “Nos facilita el mensaje”, confesaba una fuente libertaria a El Observador.

¿Cuál es ese mensaje? Que Milei está prácticamente solo, enfrentándose a una casta que busca ponerle palos en la rueda, que esa casta no piensa en serio en los jubilados o en los discapacitados (o en las universidades o el Garrahan) sino que solo levantan las banderas para atacar el superávit fiscal del Gobierno. “Si querés ayudar a Milei andá a votar por sus candidatos, porque sino mirá lo que le hacen”, grafica la misma fuente.

El viernes, ya Milei empezó a repostear mensajes en X que van en ese sentido. “El Riesgo País de Argentina es político, no económico. En octubre tenemos la chance de correr toda esa basura política que nos frena y ser libres finalmente”, decía uno. “El Senado quiere déficit. El Senado quiere inflación. El Senado quiere más pobres. A todos los que viste levantar la mano ayer, no los votes nunca más, estén donde estén”, decía otro.

Sectores de la oposición esperan un gesto del Presidente, con un veto parcial en el tema jubilados. Aceptando el 7,2% de aumento (que no es retroactivo) y vetando lo demás. Creen que eso haría más fácil el trámite del veto. Pero pocos creen que en Casa Rosada acepten esa negociación. Si es temerario o audaz lo terminará develando el resultado en el tiempo. Si la estrategia funciona, Milei quedará bien parado. Pero ya lo decía Tusam, el mentalista: puede fallar.

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