17 de julio 2024 - 19:26hs

La ciudad de Buenos Aires era muy distinta hace 100 años: todavía conservaba los recuerdos de aquella Gran Aldea que había sido hasta hacía no mucho. Vastas áreas de la capital —aquellas del norte y del oeste más alejadas del casco histórico y sus barrios más próximos— eran todavía baldíos, zonas de quintas o antiguos pueblos como Flores y Belgrano que se empezaban a integrar al resto de la ciudad tras la federalización que las incluyó dentro del perímetro porteño.

Otros barrios nacían y crecían del mismo modo que tantos pueblos del interior, es decir, a partir de una nueva estación o parada de algunos de los varios ferrocarriles que partían en todas las direcciones. En cualquier caso, el crecimiento de Buenos Aires seguía el ritmo de la incesante y masiva inmigración de aquellos años y, debido a ello, la ciudad debió enfrentarse a problemas evidentes de vivienda. Los famosos conventillos en barrios portuarios como La Boca o Barracas fueron tanto una solución provisoria como un drama social: hacinamiento, falta de salubridad y varios otros incordios obligaron a autoridades municipales y distintas asociaciones civiles a encontrar lo que hoy se llamarían "soluciones habitacionales".

Así, a partir de una economía en crecimiento, sin inflación y con abundancia de crédito disponible, fueron surgiendo por aquí y por allá distintos proyectos edilicios de viviendas accesibles. Las denominaciones podían diferir levemente ("barrio obrero", "casas baratas", "propiedades colectivas"), pero apuntaban claramente a que las clases trabajadoras pudieran acceder a una casa o departamento.

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Con el paso de los años, estas urbanizaciones, muchas de las cuales se construyeron "en el medio de la nada", se integraron al ejido urbano a medida que los barrios crecían a su alrededor. En años más recientes, finalmente, se transformaron en rincones exclusivos y semisecretos de la ciudad, muy buscadas hoy por otro target bien diferente de aquel para el cual fueron pensadas.

A continuación, algunos ejemplos representativos de aquellos años, sus cambios, y de cómo los fue acompañando el mercado.

Barrio Parque Los Andes en Chacarita

El Barrio Parque Los Andes, ubicado en Chacarita, es una creación del arquitecto Fermín Bereterbide, quien ganó el concurso organizado por la municipalidad porteña para viviendas económicas en 1926, obteniendo el primer premio. La construcción de la Casa Colectiva de Parque Los Andes se llevó a cabo en el perímetro delimitado por las calles Leiva, Rodney, Concepción Arenal y Guzmán.

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Los 130 departamentos originales se distribuyeron en edificios de 12 cuerpos con 10 metros de ancho, una planta baja y tres pisos superiores. Las habitaciones se situaron en un lado y los servicios en el otro, permitiendo una adecuada ventilación e independencia de las unidades. Hoy en día, estos departamentos mantienen precios elevados en comparación con otras ofertas de Chacarita. “Es un barrio casi cerrado. Tiene biblioteca y microcine. Cada departamento es absolutamente distinto, ya que todos están reformados de acuerdo con el gusto del propietario”, comenta una inmobiliaria que ofrece un departamento de cuatro ambientes a US$345.000 sobre la calle Guzmán.

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El espacio libre solicitado por el concurso abarca el 63% de la superficie total del terreno. Actualmente, desde la calle, es posible observar en los jardines el arco de una cancha de fútbol.

Barrio Cafferata en Parque Chacabuco

El barrio, conocido por sus apacibles tardes de siestas, está ubicado cerca de la concurrida esquina de Acoyte y Rivadavia. Su nombre rinde homenaje al diputado Juan F. Cafferata, fundador de la Comisión Nacional de Casas Baratas (CNCB), la cual fue responsable de la construcción de 161 casas individuales. Estas viviendas se encuentran a pocas cuadras del parque Chacabuco, delimitadas por las avenidas Asamblea y José María Moreno, y las calles Estrada y Riglos.

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Este barrio es reconocido como el tercer barrio obrero oficial, construido después de la primera casa colectiva para obreros, denominada Valentín Alsina, y del primer barrio obrero Butteler. Fue inaugurado en junio de 1921, durante la intendencia de José Luis Cantilo y bajo la presidencia de Hipólito Yrigoyen. Las casas, mayormente de dos plantas con tres o cuatro ambientes y estilo inglés, se disponen alrededor de un gran edificio central que actualmente alberga la escuela pública Antonio A. Zinny.

El área se destaca por combinar las ventajas de los barrios de casas, como la tranquilidad, la iluminación y los espacios verdes, con la cercanía y conectividad, ya que está ubicada a pocos metros de las avenidas Directorio y José María Moreno, y cuenta con acceso al subte E, además de diversos transportes en las avenidas cercanas.

Las Mil Casitas en Liniers

En Liniers, surgían “Las Mil Casitas” con características muy particulares. Como describe un diario local por aquellos días, citado por Messina en su libro sobre la historia del barrio, se trataba de “casitas nobles, resueltas en su mayoría sobre lotes de 8,66 por 8,66 metros. Están bien iluminadas y ventiladas y fueron construidas con muy buenos materiales siendo sus proporciones de digno respeto”.

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Según el relevamiento de la Junta de Estudios Históricos de Liniers, la construcción comenzó en la llamada “manzana F” (comprendida entre las actuales calles Ramón L. Falcón, Carhué, Cosquín e Ibarrola). La edificación se hacía con ladrillos fabricados en los hornos que durante muchos años existieron en la avenida Emilio Castro.

Esta zona fue perfectamente planificada de acuerdo al momento histórico. La Plaza, los pasajes, todo estaba en el plan, con la idea de optimizar el terreno. Por eso aparecen tantos pasajes en la zona.

Barrio Monseñor Espinosa en Barracas

Inaugurado en 1923, el barrio monseñor Mariano Antonio Espinosa, situado en el número 1250 de la calle Perdriel, forma parte de Barracas. Con dos pasajes internos que desembocan en las calles California y Alvarado, fue diseñado por el arquitecto Alfredo Cucullu. Este barrio se compone de 64 casas distribuidas en ocho pabellones, organizados alrededor de un gran jardín central. El ambiente del barrio es elegante, reservado y tranquilo.

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Las casas fueron concebidas para albergar a familias numerosas, lo que se refleja en las dimensiones de las propiedades: dormitorios de tres metros y medio por cinco, o de cuatro por cuatro metros; cocinas de cuatro metros y medio por dos y medio; baños principales de dos metros por uno con cincuenta y patios de cuatro por tres metros.

Este conjunto de viviendas para obreros fue una iniciativa de la Unión Popular Católica Argentina, en un terreno donado por Leandro Pereyra Iraola. La construcción se llevó a cabo mediante una gran colecta nacional de cemento, cal, ladrillos y otros materiales. El complejo también contaba con una despensa, una ferretería y una farmacia, ya que en ese entonces el acceso al centro era más complicado y la sensación de lejanía era mayor.

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Las "casas para obreros" de Parque Chas

Uno de los barrios más curiosos de Buenos Aires, famoso por su trazado laberíntico de calles con nombres de ciudades europeas, tuvo se propio emprendimiento de este tipo casi cuando el propio barrio nacía, se loteaban los terrenos donados por la familia Chas y comenzaban las construcciones que se proveían de un horno de ladrillos ubicado en la esquina de Pampa y Triunvirato, que fue la manera más práctica de secar un laguna que solía formarse en la depresión del terreno situado en el límite con Villa Urquiza. Algo inimaginable hoy, desde ya.

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En enero de 1925, un editorial del periódico El Independiente nos informa que se encontraban: "levantadas ya sobre la calle Pampa las 20 casas de tipo moderno, y que dan la más agradable impresión sobre el desarrollo de esa arteria, casas que, según tenemos entendido se venderán oportunamente a plazos, facilitando así el problema de la vivienda". Efectivamente, poco tiempo después -en abril del mismo año- la empresa Guerrico y Williams comenzó la venta de los "20 chalets modernos, confortables y cómodos" con una parte del total del precio de contado y el resto en 60 mensualidades sin interés. Sus precios oscilando entre $ 10.500 y $ 14.000, los ubicaban en el promedio de ventas de la zona.

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Se entregaban empapelados, con instalación de agua caliente, cloacas, luz eléctrica, cercos, veredas, y jardines. En cuanto a su ubicación, se describía el sitio como "... nuevo y hermoso barrio que surge con gran impulso". Los chalets se construyeron apareados en 10 grupos, desde Triunvirato hasta Andonaegui, no abonando de esta manera ningún derecho de construcción a la Municipalidad por estar exceptuadas las construcciones de estas características.

De este proyecto dirigido y construido por la empresa Zapiola Acosta y Frió, quedan hoy muy pocas en su estado original. Algunas fueron remodeladas y otras demolidas, pero estas casas son otro ejemplo de un proyecto urbano de calidad, en este caso, con jardines que se encuadraran en el concepto de "barrio parque".

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