10 de mayo 2025 - 16:09hs

La inteligencia artificial (IA) transforma industrias enteras. En la agricultura optimiza el riego planta por planta, predice plagas y reduce desperdicios. En la minería planifica rutas de extracción que minimizan el consumo de combustible y maximiza el rendimiento de cada pala. Es una eficiencia quirúrgica, precisa, imposible de alcanzar por medios humanos convencionales.

Pero ese mismo nivel de precisión, ahorro y personalización ya puede aplicarse en la vida cotidiana de cualquier persona sin conocimientos técnicos ni inversión inicial. Hablar con un modelo de lenguaje, como los que hoy están integrados a celulares y computadoras, permite detectar y corregir ineficiencias económicas en decenas de acciones simples que hasta ahora parecían inevitables.

Por ejemplo, alcanza con subir una foto de la heladera o de la alacena para que el modelo sugiera recetas que usen lo que hay disponible, evitando compras innecesarias. Pero más allá de la sugerencia puntual, lo decisivo está en el diálogo: el sistema puede repreguntar -¿cuántas personas viven en la casa? ¿Qué comidas suelen repetir? ¿Tienen horno o solo hornallas?- y así ajustar cada recomendación a la rutina real.

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Esa capacidad de personalizar en tiempo real es lo que convierte a la IA en una herramienta de ahorro. Lo mismo ocurre con los gastos del hogar. Si se le cargan facturas o resúmenes de tarjeta, el sistema detecta pagos redundantes, suscripciones que se olvidaron, y propone renegociar tarifas de servicios.

En el auto o los electrodomésticos, alcanza con decir cuándo fue el último servicio para que el sistema calcule intervalos óptimos y ayude a evitar fallas costosas. En viajes o compras grandes, puede analizar precios, reseñas, alternativas y hasta fechas convenientes para ahorrar sin sacrificar calidad.

Lo relevante no es solo que la IA pueda hacer cada cosa, sino que todas estas tareas pueden abordarse desde una única conversación. Sin tener que usar diez aplicaciones distintas, ni aprender a programar, ni renunciar a la privacidad: muchas de estas herramientas pueden usarse sin registrar una cuenta, sin dejar rastros, y sin que las conversaciones se almacenen.

En suma, lo que ya ocurre en la macroescala -donde las decisiones impulsadas por IA aumentan la productividad de cosechas o reducen el tiempo de perforación de pozos petroleros- puede verse también en la microescala de una casa común.

No es futurismo: es eficiencia pura, distribuida, accesible. El ahorro doméstico asistido por IA no es una serie de trucos, sino la manifestación más concreta de cómo pensar con máquinas multiplica nuestra capacidad de decidir mejor.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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