3 de febrero 2026 - 17:38hs

Un nuevo estudio analizó la caída dramática de la fertilidad en América Latina y encontró un patrón inesperado: el descenso no se explica principalmente porque más mujeres elijan no tener hijos, sino porque las madres tienen menos hijos que antes. El trabajo, publicado en enero por el National Bureau of Economic Research (NBER), una prestigiosa organización de investigación económica con sede en Estados Unidos, examinó datos de 22 países entre 2000 y 2022 y comparó generaciones de mujeres nacidas con veinte años de diferencia.

La magnitud del fenómeno es notable. En 1950, América Latina tenía 43,5 nacimientos por cada 1.000 habitantes. En 2023, esa cifra cayó a 14,2. Uruguay tiene hoy una de las tasas de fertilidad más bajas de la región, con 1,26 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1. Argentina se ubica en 1,82. Chile llegó a 1,18.

Madres con menos hijos, no más mujeres sin hijos

El hallazgo central del estudio contradice la explicación más común sobre la caída de natalidad. Las investigadoras —Milagros Onofri, Inés Berniell y Azul Menduiña, del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Universidad Nacional de La Plata, junto a Raquel Fernández, de la Universidad de Nueva York— descompusieron la caída en dos componentes: el aumento de mujeres que no tienen hijos y la reducción del número de hijos entre quienes sí son madres.

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Entre el 87% y el 99% de la caída en la fertilidad completa proviene de que las madres tienen menos hijos. En Argentina y Uruguay, el aumento de mujeres sin hijos fue mínimo: en Uruguay pasó de 11,5% a aproximadamente 15% entre las mujeres nacidas a mediados de los años '50 y las nacidas a mediados de los '70. En Argentina el cambio fue aún menor.

El cambio se refleja en la distribución de tamaños de familia. La proporción de mujeres con cuatro o más hijos cayó drásticamente, mientras que aumentó de manera pronunciada la proporción con dos hijos, que se convirtió en la norma. En Paraguay, las mujeres con educación primaria incompleta pasaron de representar el 45% de la población a solo el 7%, pero el cambio en fertilidad no vino tanto de ese desplazamiento educativo sino de que cada grupo redujo su número de hijos.

El estudio utilizó el concepto de "fertilidad completa": el número total de hijos que una mujer tiene a lo largo de toda su vida reproductiva, calculado cuando llega a los 40-44 años. Una mujer chilena nacida entre 1954 y 1958 tuvo en promedio 2,8 hijos; una nacida veinte años después apenas llegó a 1,9. En Argentina y Uruguay, la caída fue de aproximadamente 0,5 hijos. En países como México, Perú, Ecuador y Paraguay, la reducción superó el hijo y medio.

El motor del cambio: mujeres jóvenes con menor educación

El segundo hallazgo importante tiene que ver con quiénes impulsan este cambio. Las investigadoras descompusieron la caída en fertilidad según grupos de edad y nivel educativo. Las contribuciones más grandes vinieron de mujeres de entre 20 y 29 años sin secundaria completa.

Esto resulta contraintuitivo: el grupo tradicionalmente asociado con mayor fertilidad es precisamente el que más cambió su comportamiento reproductivo. En Chile, las mujeres con educación secundaria completa pero sin título universitario fueron las que más contribuyeron a la caída. En Uruguay, fueron las mujeres con educación primaria completa pero sin secundaria.

El embarazo adolescente cayó de manera dramática. En los países de baja fertilidad —donde están Argentina, Uruguay, Chile y Brasil— la tasa de nacimientos entre mujeres de 15 a 19 años cayó más del 50% entre 2000 y 2022. Sin embargo, las mujeres de 20 a 24 años son el grupo individual que más contribuye a la reducción en la tasa general de fertilidad.

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Composición versus comportamiento

Las investigadoras aplicaron una metodología de descomposición para separar dos efectos: el cambio en la composición de la población (más mujeres educadas, cambios en la estructura etaria) versus el cambio en el comportamiento de cada grupo (menos hijos para un nivel educativo dado).

El cambio en el comportamiento domina ampliamente. En casi todos los países latinoamericanos, más del 60% de la caída en fertilidad se explica por reducciones en las tasas de natalidad dentro de cada grupo educativo, manteniendo constante la distribución educativa de la población.

Uruguay presenta una particularidad notable. Aunque tiene una población con menor nivel educativo promedio que Chile, cuando se comparan mujeres con el mismo nivel educativo en ambos países, las uruguayas tienen menos hijos. Esto sugiere que, más allá de la educación formal, hay otros factores —ya sean culturales o de políticas públicas— que están influyendo en las decisiones reproductivas.

Pistas sobre las causas

El estudio no pretende establecer relaciones de causa y efecto, pero sí explora cómo se asocian la fertilidad y distintas variables socioeconómicas. Los países más ricos tienden a tener menos fertilidad: las investigadoras encontraron una correlación negativa fuerte y consistente entre el PBI per cápita y la tasa de fertilidad a lo largo del período 1990-2023.

Lo que sorprende es lo que no explica la caída. La participación laboral femenina no muestra prácticamente ninguna relación con la fertilidad en América Latina. Esto contrasta con lo observado en países desarrollados, donde en los años '80 había una correlación negativa (más mujeres trabajando, menos hijos) que se volvió positiva en los '90. En la región latinoamericana, la correlación fue esencialmente cero durante décadas y apenas se volvió levemente negativa en 2022. Dicho de otro modo: que más mujeres trabajen no parece ser el motor principal del cambio demográfico.

¿Qué sí muestra una asociación fuerte? Las actitudes sobre los roles de género. Usando encuestas de Latinobarómetro, las investigadoras encontraron que los países donde más personas acuerdan con frases como "es mejor que el hombre trabaje y la mujer se quede en casa" tienen tasas de fertilidad más altas. De hecho, cuando se incluyen estas actitudes culturales en el análisis, la relación entre ingreso y fertilidad pierde fuerza estadística.

Las autoras aclaran que estas correlaciones no prueban causalidad: ingresos, normas culturales, participación laboral y fertilidad están todos entrelazados y se influyen mutuamente. Pero los patrones sugieren que el cambio en América Latina —donde la transición demográfica ocurrió mucho más rápido que en Europa o Asia— responde a dinámicas específicas que requieren más investigación.

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