En el juicio más blindado de la historia, una jueza logró colar una cámara y pretendió ser parte de un documental sobre la muerte de Diego Maradona. Se metió sin autorización en los pasillos de los tribunales de San Isidro y desfiló como si se tratara de una pasarela. La jueza Makintach seguramente será destituida. Pero el daño que causó su vanidad podría ser irreparable: herir de muerte el debate oral donde se acusa a siete profesionales de la salud por el homicidio del ídolo más grande que tuvo este país.
El 25 de noviembre se cumplen cinco años del presunto asesinato de Diego Maradona. Lo dejaron morir. Eso es lo que se buscó probar en el juicio que la jueza irresponsable hizo suspender y obligar a comenzar desde cero. La desagradable sed de fama de quien mintió hasta el final de su jury podría lograr que los acusados presentando distintos planteos en eternas instancias maten esta vez la posibilidad que se haga justicia. A hoy, las probabilidades que el juicio comience en marzo del año próximo, tal como quedó establecido no son tantas. A hoy, decir que nunca vamos a saber qué fue lo que le paso a Maradona es una espantosa posibilidad.
¿Por qué? Pasaron 44 testigos. De los 44 testigos, tienen que volver a declarar. El juicio vuelve a foja cero. ¿Y el impacto de las declaraciones? ¿De esas fotos de Diego en las condiciones en que lo encontraron? ¿Cómo impactarán vistas u oídas por segunda vez?
Makintach jugando a la estrella hollywoodense obligó a suspender el juicio. Ahora hay un nuevo tribunal. Suponiendo que en marzo comience los nuevos integrantes tienen que ver todo de cero porque son nuevos jueces, no vieron, no escucharon, lo tienen que hacer con sus propios ojos y sus propios oídos y su propio criterio, a cada uno de los 44 testigos.
Las defensas de los acusados aprovechan y hacen planteos dilatorios con el objetivo de dilatar el juicio hasta que no se sustancie nunca jamás. Que jurados populares. Que la non bis in ídem. Que las múltiples instancias. Irónico pensar que fue una jueza de la nación su mayor cómplice para lograr que la verdad no saliera a la luz y que no fueran juzgados y condenados en el caso de ser culpables.
Makintach tiene que ser destituida. Es una irresponsable que jugó con lo más preciado que puede tener una familia después de que muera un familiar, que es saber qué fue lo que le pasó, como pasó y si hay culpables por esa muerte. Ella jugó y mintió, mintió durante todo el jury de enjuiciamiento. Y si efectivamente hay justicia en la Argentina, algo de justicia, el martes a esta señora la tienen que sacar con sus camisas de seda de Tribunales, tiene que ser destituida y debería comenzar un juicio penal, porque en el jury lo único que se está valorando es el decoro de los jueces. Bueno, la señora no tuvo decoro claramente y además mintió durante todo el proceso. Si sabía que estaba siendo parte de un documental que ella fomentó. No. No era un registro solo para una vieja amiga de la infancia. Sí, había negociaciones concretas para que la serie sea comprada por alguna plataforma. Decoro…
En un abrir y cerrar de piernas, la jueza destrozó el trabajo de más de un año de los fiscales y evaporó un debate oral que ya llevaba dos meses. ¿Y si ese juicio nunca se hace? ¿Y si lo más parecido que vamos a tener a eso de que se haga justicia es su indecorosa destitución el próximo martes 18? Sabe a poco.
Si esto sucedió en un juicio que el mundo entero sin exagerar seguía día a día. Si una mujer pudo vulnerar al sistema desde adentro en el debate más popular de los últimos tiempos. Si le fue tan fácil… ¿Qué pasa con el resto?
¿En esos juicios donde en lugar de miles de cámaras y abogados poderosos solo hay un puñado de familiares, o víctimas asustadas y solas? En la oscuridad de una sala de audiencias sin flashes la trampa se sirve en bandeja de plata. O eso creíamos hasta el episodio Makintach donde nada evitó el desastre hasta que el abogado de Dalma y Gianinna Maradona, Fernando Burlando, lo percibió y se lo gritó al tribunal.
Ahora solo resta esperar. Porque lo que pase con este juicio no compete solo a los imputados o a la víctima y sus familiares. Es un papelón más de la justicia nacional. Si se subsana, será justicia. Si no, otra vergüenza más.
La tolerancia de la sociedad se va agotando y esto se refleja en las encuestas donde el poder judicial está más o tan cuestionado como la dirigencia política o el sindicalismo. Pareciésemos estar a un paso de que las investigaciones judiciales aún llegando a las máximas instancias deriven en una mera cuestión de fe. La sociedad debate las condenas. La causa Vialidad fue un claro ejemplo de esto. Un importante sector de la sociedad está convencido que la expresidenta Cristina Kirchner fue perseguida por un aceitado aparato político mediático judicial que la puso en el balcón para sacarla de la posibilidad de competir en las elecciones. Enfrentado y con la misma convicción, millones de argentinos celebran la decisión judicial de condenarla sin márgenes de duda sobre responsabilidad de la ex vicepresidenta.
La Justicia tiene más vidas que un gato. Y todavía varias oportunidades de redimirse. Las causas “cuadernos”, “Hotesur”, “Parques Eólicos”, “$Libra” o “Andis” (para traer los escándalos judicializados de todos los gobiernos) están ahí a la espera de romper la grieta y trascender las dudas fundadas de una sociedad entera.
Porque lo que pasó con Maradona y el suspendido juicio claramente no ayuda a creer en los magistrados y las especulaciones le ganan lugar a la certeza que debería dar una sentencia justa y transparente.