27 de mayo 2024 - 8:47hs

Javier Milei es un economista. Un técnico. De la política se ocupan otros. Los efectos no deseados en su carrera por el equilibrio fiscal y la inflación a la baja no son su problema. En esa realidad de compartimentos estancos nos invita a vivir el líder libertario.

Uno de los pocos hombres que permanece todavía en esa distancia obligada que impone el presidente, pero sigue siendo parte de su cada vez más pequeño círculo, reversiona los dichos de Daniel Scioli sobre Milei y el premio Nobel de Economía: si le dan a elegir a Javier entre el Nobel Economía y ser uno de los mejores presidentes de la historia, él no lo duda. Va por el premio de la academia sueca. La Argentina es una circunstancia donde el prueba sus teorías a modo de laboratorio”. La pregunta obligada es de qué manera le darían un premio si fracasa en la gestión.

Sólo en su ambición por trascender y ser reconocido en el mundo académico intelectual internacional se entienden algunas cuestiones relacionadas a esta nueva etapa de la argentina anarcocapitalista. Un análisis imposible de realizar con los anteojos de la vieja política de los Jaroslavsky o los Baglini de la vida.

Más noticias

“Si Milei se traza un objetivo no le importa lo que tenga que romper en el camino para conseguirlo. No va a rodear la mesa como haría cualquiera de nosotros si lo que busca está del otro lado del mueble. Va a caminarla por encima y hacer destrozos con todo lo que haya arriba, vidrio incluido”. Un hombre de los tantos que el tándem Milei (Karina y Javier) dejaron en el camino describe una de las características del líder libertario que genera admiración entre sus fanáticos y preocupación en el resto: el pragmatismo llevado a lo inimaginable. Él lo reconoce públicamente. Dijo ante los recientes faux pas en política exterior con España y China que la canciller Diana Mondino trabaja horas extras. Tiene que salir a arreglar lo que el presidente rompe. Y no es la única.

Como él se impone una meta y su fin justifica los medios, el gabinete no es la típica y conocida hoguera de vanidades o trampolines políticos de otros tiempos sino un reflejo de los destrozos que deja a su paso el elefante en el bazar de la presidencia. Y mejor que se alineen y se acomoden porque dejó muy en claro que salvo él, El Jefe Karina y Santiago Caputo nadie es imprescindible. Ni siquiera al que es, hasta esta hora, su jefe de Gabinete Nicolás Posse. Antes para Milei el poder real se circunscribía a un cuadrado conformado por los tres imprescindibles más Nicolas Posse.

Tras el paso de Posse por el Congreso y su ausencia en la celebración mileista en el Luna Park, la geometría hizo lo suyo y la transformación de cuadrado en triángulo de poder dejó a Posse afuera del "triángulo de hierro".

Milei expresa una mezcla de impaciencia y desdén por el arte de la negociación política. Confía en la muñeca forjada en años de consultoría política de Santiago Caputo. No tiene tiempo para ocuparse de las consecuencias ni de los daños colaterales de las medidas que toma.

Hoy todo el gabinete está bajo la lupa. Los cambios no lo preocupan. Dentro del triángulo todo. Fuera del triángulo parecerían dar lo mismo. Hasta el propio ministro de Economía Luis Caputo podría depender de los vaivenes de las estrategias innegociables para llegar al equilibrio fiscal. Pende de un hilo el ministro del interior Guillermo Francos que tiene acumuladas más horas extras que la canciller Mondino en su intento por sacar adelante la Ley de Bases negociando con diputados, senadores y gobernadores a los que el presidente denigra cada vez que ve una oportunidad. Francos lleva más de cinco meses trabajando sin fines de semana ni feriados y aún así, y con la venia de Milei, ya hay varios probándose el traje que el todavía ministro no se sacó.

El 25 de mayo llegó y la foto distó mucho de lo que el presidente Milei había imaginado. No festejó solo con su perro como le auguraba el senador de Unión Por la Patria José Mayans , pero sí tuvo que hacerlo sin Ley de Bases y sin el pacto fundacional que había anunciado en la apertura de las sesiones ordinarias el 1° de marzo. El único gobernador presente fue el anfitrión Martín Llaryora por obvias razones. Tenía que darle la bienvenida tanto más amable que los miembros de ATE que esperaban al presidente Milei con reclamos, gritos y pancartas en el aeropuerto. Y como lo cortés no quita lo valiente, Llaryora anfitrión solo postergó los legítimos reclamos que tiene el político para hacerle en nombre de una provincia con peso político propio como Córdoba.

Martín Llaryora-Javier Milei.jpeg

A última hora circuló entre los senadores un nuevo borrador de 144 páginas y 237 artículos en los que se detalla una nueva propuesta del gobierno para que la Ley de Bases vea finalmente la luz. Aunque a esta altura el presidente ya desconfía de todos, no sólo de los kirchneristas. Tendió sobre sectores de la UCR un nuevo manto de sospecha. ¿Y si la casta no lo acompaña? ¿Y si no le sacan la ley y la dilatan esperando su desgaste y su consecuente fracaso? Las preguntas de éste tipo lo abruman. Se enoja. Necesita la Ley. Siente que ya concedió demasiado.

Entonces deja entrever sus planes. Sus nuevos planes. Porque la derrota no es una opción. Porque salió en la tapa de la revista Time y el mundo habla de él y el sueño del Nobel está mucho más cerca que cuando transpiraba los estudios de televisión. Porque Donald Trump lo elogia, Elon Musk lo recibe y su paso por España ensombreció la discusión sobre la posible comisión de delitos de la esposa de Pedro Sánchez y él, Javier MIlei, el ex panelista, pasó a ser en su diatriba contra la izquierda pro Palestina de Sánchez, genio y figura.

Plan C. Si el Congreso sigue dilatando la sanción de la ley y se niega a acompañar este nuevo borrador número mil, Milei apuesta todo a la recuperación económica o por lo menos a que haya visos de ella antes de las elecciones legislativas del año que viene. De ser así, el optimismo de Milei vislumbra una conformación de las cámaras que no lo obligue a mendigar votos. Sumado a una alianza con sectores del PRO que ya le garantiza la ministra de seguridad Patricia Bullrich enfrentada abiertamente a Mauricio Macri, quien acaba de asumir la presidencia de un partido en vías de extinción.

La pregunta hoy es si se va a tratar de una alianza o “convergencia” o si, como cree el ex candidato Horacio Rodríguez Larreta le van a servir el partido en bandeja al espacio libertario.

Plan D: Plebiscito. en el acto de Córdoba apareció una palabra que MIlei había usado alguna vez y que pareció quedar en el olvido. Pero no. Resurgió y con fuerzas en el triángulo libertario. Los constitucionalistas ya se rasgan las vestiduras aduciendo que hay cuestiones que no pueden someterse a consulta popular como las tributarias, por ejemplo. MIlei está en otra. El plebiscito, caro y de compleja implementación, funcionaria eventualmente como una herramienta más del presidente para presionar a un Congreso adverso. ¿Cómo? Enrostrándole la voluntad popular, esa que está a su favor. Mostrándoles a los legisladores que no acompañarlo es no acompañar al pueblo. Ya no serían solo las encuestas de opinión pública. Claro que debería ganar el plebiscito primero.

Pero hay cuestiones que el más pragmático de los pragmáticos deja librada a la fe.

Temas:

Javier Milei Ley de Bases Nicolás Posse

Seguí leyendo

Más noticias

Te puede interesar

Más noticias de Uruguay

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos