15 de julio 2026 - 12:26hs

¿Es posible que alguien invierta dinero para que te odien? La respuesta es sí. Algoritmos impulsados por pauta, estrategias digitales diseñadas para amplificar el conflicto y esquemas programados para posicionar mensajes negativos pueden convertir el rechazo en una herramienta de influencia. ¿Por razones políticas? ¿Ideológicas? ¿Económicas? ¿O simplemente por envidia y rivalidad deportiva?

Mientras las plataformas suelen mirar hacia otro lado, la desinformación y la mentira disfrazada de libertad de expresión siguen circulando. Existen ataques recurrentes contra Lionel Messi y la Selección Argentina, aunque no pueda identificarse una única campaña organizada detrás de ellos.

Recientemente comenzó a circular un flyer que proponía tapar las estrellas de 1978 y 2022 de la camiseta argentina para repudiar a Messi. Lo calificaba como un futbolista “desclasado”, desentendido de los gobiernos populares, y sostenía que la única estrella legítima era la de 1986.

Más noticias

La postura anti-Messi y anti-Selección no es nueva. Durante años se lo cuestionó por no cantar el himno, por rendir mejor en Barcelona que con la camiseta argentina o por no liderar al equipo hacia los títulos que finalmente llegaron. Hoy ese resentimiento encuentra una potencia inédita en redes sociales, medios digitales, streams y contenidos que repiten consignas sin demasiado análisis.

Las críticas normales y las no tanto

Las críticas deportivas son normales, recurrentes e incluso saludables. Sin embargo, muchas veces funcionan como vehículo para algo distinto. Se sostiene que Argentina será un fracaso en el Mundial 2026, que Scaloni apuesta a una base envejecida, que el equipo no tiene laterales o que Messi está demasiado cerca de los 40 años para seguir compitiendo al máximo nivel.

La envidia y el resentimiento suelen encontrar caminos insólitos. Algunos de los mismos sectores que cuestionan determinados modelos económicos, pero consumen con entusiasmo los símbolos más emblemáticos de la cultura global han promovido iniciativas tan extravagantes como hostiles. En algunos países incluso se impulsaron propuestas bautizadas informalmente como “Ley Anti-Messi”, destinadas a impedir el ingreso a los estadios con camisetas de Argentina o con el nombre del capitán argentino. En Angola llegó a plantearse la cancelación de un amistoso de la Selección por supuestos acontecimientos políticos ocurridos en Argentina. Una y otra vez se intentó utilizar la imagen de Messi y de la Selección para alimentar disputas ideológicas completamente ajenas al fútbol.

Lo cierto es que no existe una única campaña oficial de desprestigio. Pero sí vuelan, de manera constante, noticias falsas, contenidos manipulados y narrativas cargadas de intencionalidad política que se presentan bajo la apariencia de simples críticas deportivas, buscando erosionar la imagen de los jugadores y, especialmente, la de Lionel Messi.

La Selección, una fábrica de épicas y emociones

La Selección Argentina viene de ganar todo. Es una fábrica de épica, de emociones y de historias de superación. Representa trabajo, profesionalismo, disciplina y un perfil bajo poco habitual para un equipo que ha alcanzado la cima del fútbol mundial. Y precisamente por eso genera ruido.

Más allá de la rivalidad deportiva, me tocó experimentar personalmente algo de esa hostilidad. Estando fuera de Argentina, durante un encuentro de nuestra selección frente a Cabo Verde, observé un rechazo visceral hacia nuestro fútbol y hacia nuestro país. “Odiamos a Argentina”, repetían sin disimulo parroquianos y transeúntes, celebrando cada jugada favorable al rival con una intensidad llamativa. Lo que comenzó como una simple provocación terminó convirtiéndose en una situación potencialmente peligrosa. Aquel partido, que según algunas estimaciones alcanzó una audiencia global extraordinaria a través de múltiples plataformas, enfrentaba a la campeona del mundo con un país cuya población apenas supera los 500.000 habitantes.

Así las cosas, y aceptando que la psicología colectiva suele inclinarse por el más débil, este fenómeno convive con otra realidad igualmente evidente: millones de niños alrededor del mundo aman incondicionalmente a Leo Messi. Quieren su camiseta, la celeste y blanca con el número 10 en la espalda y el apellido de su ídolo. Ese fenómeno es inocultable e imposible de detener.

La narrativa anti-Argentina

A pesar de ello, las campañas de desprestigio contra la Selección Argentina y contra Lionel Messi son conocidas en determinados ámbitos digitales como la narrativa anti-Argentina.

A partir de allí aparecen redes de desinformación, cuentas dedicadas al fútbol, influencers y usuarios que difunden versiones sobre supuestas agencias internacionales que ofrecerían dinero para publicar contenidos sistemáticamente hostiles hacia Messi y la Selección.

Nuestro eXtreme Cybersecurity Lab relevó que existe una cuota importante de hate orgánico y que los algoritmos amplifican la polémica, acompañados por la influencia moderada de pequeños grupos coordinados que impulsan determinadas narrativas.

Del análisis de las conversaciones públicas surge una conclusión clara: el rechazo hacia Messi y hacia Argentina es real y visible. Sin embargo, la evidencia disponible señala más bien una combinación de rivalidades deportivas históricas, polarización entre comunidades de aficionados, algoritmos que potencian el contenido conflictivo y reiterados episodios de desinformación. Las afirmaciones sobre una gran operación coordinada aparecen con frecuencia en redes sociales, aunque hasta el momento no existen pruebas públicas suficientes para atribuirlas a un actor específico.

También se ha instalado con fuerza la narrativa según la cual el camino de Argentina hacia el título mundial estuvo arreglado o acompañado por ayudas arbitrales permanentes. A ello se suma la constante ideologización de la Selección, promoviendo el rechazo a los jugadores por no adoptar determinadas posiciones políticas.

Algoritmos y más algoritmos. Políticos. Personajes de poca monta. Figuras del espectáculo. Programas deportivos. Muchos de ellos operan, consciente o inconscientemente, impulsando el desprestigio de Lionel Messi y relativizando los logros de la Selección Argentina.

Que eso ocurra entre rivales deportivos es comprensible. Estar en la cima implica transformarse en objetivo de críticas permanentes. Pero cuando el desprestigio proviene de los propios connacionales, el fenómeno resulta mucho más difícil de comprender.

Diría Napoleón, o al menos la frase que suele atribuírsele: “La envidia es una declaración de inferioridad”.

Y aunque el vencedor de Austerlitz probablemente nunca la haya pronunciado, la reflexión conserva vigencia.

Después de todo, cuando alguien ha ganado absolutamente todo, el problema ya no parece ser Messi.

Temas

Lionel Messi algoritmos pauta dinero críticas

Seguí leyendo

Más noticias

Te puede interesar

Más noticias de Uruguay

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos