Desde que decidió no presentarse como candidato a presidente, Mauricio Macri es consultado como si fuera el oráculo de Delfos. En su última intervención pública llamó a votar por Patricia Bullrich. Y argumentó su apoyo planteando, por un lado, la idea de que es la opción más sensata. Mucho mejor que la de Massa, a quien le colgó el apodo de “ventajita” y ahora califica de irresponsable.
Y, siempre, según Macri, preferible a la de Milei, a quien le endilga estar encabezando una fuerza “inmadura” “sin equipos” y “fácilmente infiltrable”. Ambos razonamientos suenan bastante lógicos. Sin embargo, no parecen conectar, tan profundo, con el humor social imperante.
Lo que sí parece conectar es la desesperación porque alguien, cualquiera, en este caso, Milei, no solucione a los argentinos los problemas concretos. De forma urgente. No importa si, en el camino, se lleva puesto a los fundamentos básicos de la democracia. Esa es la conclusión de un profundo estudio que Poliarquía viene haciendo desde 2004, denominado Cultura Constitucional en Argentina.
AFP
Editorial Luis Majul: Milei, Bulrich y Massa: entre “ventajita” y el “infiltrable”
Allí, en el último trabajo de campo, se les pregunta a los consultados cuán de acuerdo están con la siguiente frase: “No me importaría que un gobierno no democrático llegue al poder si resuelve los problemas de la gente’. La conclusión estremece. Porque a la mitad no le preocuparía que el próximo gobierno fuera, incluso, una dictadura. Una parte de esta respuesta se explica porque la mayoría de la población nació después de 1983.
Es decir: no solo no experimentaron en carne propia el trauma de la dictadura. Tampoco fueron atravesados por otros episodios traumáticos. Eventos por los que se perdieron, en pocas horas, ahorros de toda una vida de trabajo. Como las hiperinflaciones, el corralito o el Plan Bonex. ¿Y qué es lo que explica, por otra parte, y según la mayoría de las encuestadoras, la casi inexistente fuga del voto peronista que ostenta Massa? No solo el último y más impúdico plan platita. No solo los mensajes de miedo y extorsión, como el del boleto a 700 pesos.
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Editorial Luis Majul: Milei, Bulrich y Massa: entre “ventajita” y el “infiltrable”
También la convicción que exuda el candidato. Porque Massa se la cree. Y está llevando adelante una campaña casi perfecta. Con mínimos errores. ¿Le alcanzará a Patricia Bullrich, para entrar a la segunda vuelta, la tremenda estampida de precios de las últimas dos semanas, el incipiente desabastecimiento y el asco que provoca el Insaurralde Gate, el Chocolate Gate, y la reciente detención del periodista ultrakirchnerista Ezequiel Guazzora, acusado del abuso de una menor y candidato a diputado en las listas de Guillermo Moreno y Luis Delía?
Hoy, la mayoría de las encuestas no lo anticipan, como no adelantaron el batacazo de Milei en las PASO. Tampoco vaticinan un triunfo del anarco libertario en primera vuelta. Lo único que se sabe es que desde 2019 la mayoría de las medidoras le viene pifiando fuerte. Demasiado fuerte, para la mínima e indispensable certidumbre que se necesita para vivir en paz.