“Hay gente que nos cuenta que venía acá con sus padres, que el chico de los caballos se enamoró de su institutriz, o que su abuela vino de luna de miel a este lugar”, cuenta a Café y Negocios Marcela Vázquez, una de las responsables del emprendimiento, refiriéndose a la época en la que esta antigua casona de 800 metros cuadrados y dos plantas funcionó como un hotel muy famoso en la zona.
Sin embargo, documentación histórica, testimonios familiares, fotografías y libros a los que accedieron los responsables del proyecto permiten vislumbrar que el lugar fue mucho más que un establecimiento de alojamiento.
El viejo hotel, además, formó parte de un proyecto que integraba inversiones, forestación, desarrollo inmobiliario, transporte, deporte y vida social.
A fines del siglo XIX, las tierras donde hoy se ubica el Viejo Hotel Solís formaban parte de la Estancia Santa Rosa, perteneciente a los hermanos españoles Antonio y Ramón Barreira y Pérez. La casona fue proyectada en 1898 por el arquitecto Emilio Boix y Merino y construida hacia 1900, cuando todavía no existía el balneario Solís.
En aquellos años, Uruguay atravesaba un proceso de modernización, mientras que en distintas partes del mundo comenzaban a consolidarse nuevas formas de turismo. Los hermanos Barreira y los empresarios que posteriormente participaron en el desarrollo de Solís supieron reconocer esas transformaciones.
A partir de esto, en 1912 se constituyó una sociedad destinada a impulsar un ambicioso emprendimiento turístico y forestal.
El 27 de enero de 1914 los hermanos Barreira vendieron 1.274 hectáreas, incluyendo el casco de la estancia y sus instalaciones.
Ese mismo año comenzó a funcionar el Hotel Solís, como parte de una propuesta que consistía en transformar un territorio y convertirlo en un destino atractivo para visitantes y futuros residentes.
Para esto se proyectaron espacios forestados, instalaciones deportivas, servicios turísticos, caminos, áreas de recreación y terrenos destinados a nuevas construcciones en la zona.
En 1936, Roberto H. Barreira y su esposa Sara Palma impulsaron mejoras importantes, entre ellas la instalación de baños privados en las diecisiete habitaciones y la incorporación de un grupo electrógeno para renovar la iluminación.
En ese año también se inauguró un campo de aviación en el balneario, otra muestra de las aspiraciones de desarrollo y modernización que acompañaron al emprendimiento.
Sin embargo, cuenta Vázquez, con el paso de los años el turismo y la forma de veranear de la gente fue cambiando. Así, luego de sus años de gloria el Hotel Solís fue quedando chico y finalmente cerró entre fines de los años 60 y principios de los 70.
Un viejo hotel que renace como alojamiento y salón de té
El establecimiento permaneció cerrado por alrededor de 50 años, pero nunca estuvo abandonado. En ese tiempo el dueño del lugar se ocupó de mantenerlo y gracias a eso hoy la casa se conserva prácticamente original.
Años más tarde su hijo, junto con Marcela Vázquez, su pareja, fueron quienes se ocuparon de volver a acercar el lugar a las personas.
A partir de esto y con el objetivo de compartir la historia y esencia del establecimiento, en el 2019 la pareja empezó a ofrecer tres de las habitaciones de la casona como alojamiento en plataformas como Booking y Airbnb.
Hoy el emprendimiento Viejo Hotel Solís tienen cinco habitaciones que ofrecen como alojamiento y también montaron un salón de té en la casona que abre los fines de semana.
“Cuando comencé a visitar la casa y conocí la historia, lo primero que pensé fue que con esta historia este lugar tenía que tener un salón de té”, contó la emprendedora.
En la documentación histórica del lugar se menciona que, durante las excursiones organizadas para promocionar el balneario, una de las paradas era el Hotel Solís, donde los visitantes podían disfrutar del tradicional five o’clock tea (el té de las cinco). Además, el alojamiento recibía una importante afluencia de público británico. El salón de té abre los sábados y domingos, de 16:30 a 19:30 horas y trabaja preferentemente con reserva.
“No pensamos en una cafetería convencional ni en un establecimiento destinado a recibir grandes cantidades de público. Nuestra propuesta consiste en ofrecer una experiencia tranquila, en un entorno histórico y natural, con atención personalizada y productos de elaboración casera”, detalló Vázquez.
Más allá de estas dos propuestas, los emprendedores buscan que el lugar funcione como un espacio para reuniones sociales, empresariales, propuestas culturales y bodas.
Además recientemente desarrollaron senderos en el monte para ver de cerca los árboles nativos y tener una vista privilegiada de la sierra de las ánimas. Las tierras cuentan a su vez con un importante patrimonio botánico, con árboles de más de 100 años y un parque de cientos de palmeras.
Actualmente la vertical del alojamiento tiene su mayor dinamismo en verano, con un público tanto de locales como de turistas.
“Maldonado es un departamento elegido por muchos extranjeros, hay muchos viviendo alrededor de la casa, en la parte norte del balneario, hay muchísimos alemanes, rusos, ingleses”, detalló.
En invierno, en tanto, el salón de té y propuestas como clubes de lectura toman fuerza en el lugar. A su vez, recientemente compraron un piano con el objetivo de comenzar a hacer conciertos pequeños y armar una agenda cultural para los meses que se vienen.
“La idea es que la casa siga siendo como es, una construcción histórica muy cuidada y para compartir, para que la gente pueda venir y conocerla. No estamos pensando de ninguna manera para el público masivo, sino para la gente que le gusta especialmente este tipo de lugares. Así como en sus primeros años el Hotel Solís fue un lugar de encuentro para empresarios, viajeros y personas vinculadas al desarrollo del balneario, nos gustaría recuperar parte de esa vocación”, sostuvo la responsable del proyecto.