28 de septiembre de 2026 5:00 hs

Un enorme portón verde, antiguo y majestuoso, es la primera señal de que algo grande espera del otro lado. Sus puertas se abren y dan paso a una casona de arquitectura clásica, ubicada sobre 19 de abril, en pleno corazón del Prado.

Dentro de sus tres pisos y más de 15 habitaciones la propiedad construida en 1920 vio pasar diferentes generaciones de los Otegui, familia uruguaya relacionada a la industria del agro. En el barrio, la casa es recordada incluso por haber sido escenario de los casamientos de varios de los hijos de la familia, que se celebraban en su enorme jardín.

Sin embargo, cuando en 2017 los propietarios decidieron venderla, la propiedad cambió rotundamente su rumbo.

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Fue en ese momento cuando Nicolás Amarelle, oriundo del Prado, y CEO y fundador de la tecnológica Código del Sur decidió adquirirla y convertirla en la sede de la empresa. En aquel momento más de 80 personas trabajaban allí de manera presencial para los clientes que la compañía tiene en el exterior del país.

Sin embargo, la pandemia hizo que el teletrabajo ganara terreno, y que muchos de los empleados de la empresa optaran por continuar bajo esa modalidad, dejando espacios libres en esta casa de grandes dimensiones.

“El cowork nace de habitar un espacio que es espectacular, de darle vida a la casa y aprovechar un lugar muy único en Montevideo”, cuenta en diálogo con Café y Negocios Clara Fernandez, cowork manager y project leader de Cowork Prado.

Clara Fernandez, cowork manager y project leader de Cowork Prado/Andrea Ganzberg, office manager de Cowork Prado y de Código del Sur

Clara Fernandez, cowork manager y project leader de Cowork Prado/Andrea Ganzberg, office manager de Cowork Prado y de Código del Sur

El proyecto, ideado por Amarelle como otra vertical de su negocio, pasó por diferentes etapas de prueba y piloto durante los últimos meses, y se inaugurará oficialmente el próximo 1° de octubre bajo el nombre de Cowork Prado.

El espacio cuenta con 16 oficinas privadas, salas de reuniones, áreas de cowork compartido y un salón de eventos ubicado en el jardín, en el que proyectan que se realicen workshops, talleres, eventos y lanzamientos.

La casa funcionará de lunes a viernes, de 9:00 a 18:30 horas.

Para las empresas y personas, la propuesta contempla distintos formatos de contratación. Las oficinas privadas, por ejemplo, se ofrecen mediante contratos mensuales que pueden extenderse por la cantidad de meses que cada usuario necesite. También existe un pase diario para quienes quieran trabajar por una jornada en el espacio de cowork compartido.

El pase diario tiene un costo de US$ 24, mientras que las oficinas y demás modalidades cuentan con diferentes planes y paquetes que incluyen, entre otros servicios, horas de uso de las salas de reuniones. En el caso del salón de eventos, el precio se cotiza de acuerdo con la cantidad de personas y las características de cada actividad.

Además, adelantaron Fernández y Andrea Ganzberg, office manager de Cowork Prado y de Código Sur, la intención es generar una agenda de eventos culturales y de formación, con el objetivo de construir una comunidad que trascienda a los integrantes del cowork y también involucre al barrio.

Una zona sin oferta de coworks y una comunidad por construir

Al recorrer sus salas, uno puede encontrarse, además de personas con su computadora, un atelier en el que las novias se prueban sus vestidos o un estudio de música. Y es que el objetivo de quienes están al frente del proyecto, que ya tienen una agenda abierta para quienes quieran conocer el espacio y las distintas modalidades de contratación, es que sea un punto de encuentro en donde industrias creativas, tecnológicas, de innovación y de emprendedores se encuentren y se conecten.

“Nuestro público objetivo son personas que necesitan un espacio donde trabajar con tranquilidad y que valoran encontrarse con gente. Queremos que se genere networking, armar un sistema para socios donde puedan tener beneficios por estar acá”, sostuvo la project leader de Cowork Prado.

Por otro lado, el proyecto busca capitalizar la falta de propuestas de cowork en esta zona de Montevideo. No solo en el Prado, sino también en un área más amplia que comprende barrios como Paso Molino, Sayago y Colón, donde, según explicaron, no existen actualmente espacios de este tipo.

Y aunque las personas del barrio y alrededores han sido las primeras en acercarse y consultar, el cowork busca atraer también a personas de todo Montevideo y diferenciarse de propuestas en otras zonas de la ciudad.

“Hay mucha gente que siente la necesidad de volver a la presencialidad, pero el tema es qué tipo de presencialidad estamos dispuestos a ceder. Porque si después vas a un lugar y es una caja de zapatos gris es lo mismo. Lo que tiene este lugar es que venís a trabajar un espacio en el que estás en el silencio, en el medio de un jardín increíble, con naturaleza y un valor patrimonial impresionante”, sostuvo Fernandez.

A su vez, mencionan otros detalles, como la facilidad de estacionar y la vista, que va desde la Iglesia de las Carmelitas hasta el Cerrito de la Victoria.

Más allá de lo estrictamente corporativo, desde Cowork Prado también proyectan desplegar su agenda cultural a partir de 2027.

“A partir de febrero la idea es tener mensualmente un calendario de workshops, talleres, toques en vivo, sunset, afters. Queremos que la gente pueda venir a conocer y utilizar el espacio desde otro lado que no sea solo de trabajo, sino de ocio, divertimento y de algo nuevo pasando en el barrio”, sostuvo la cowork manager.

Para quienes impulsan el proyecto, la transformación de esta casona también es un ejemplo de cómo puede evolucionar el patrimonio de la ciudad sin perder su identidad. Ganzberg cuenta que, en su momento, incluso recibieron una propuesta para comprar la propiedad con el objetivo de construir allí un edificio, pero Amarelle decidió no venderla.

“Creo que una política de conservación patrimonial tendría que tener en cuenta potenciar espacios como estos. Habría que potenciar que estos proyectos existan, con políticas culturales, patrimoniales y de conservación”, resaltó Fernández.

De esta manera, el nuevo proyecto busca también demostrar que una casa de más de 100 años puede reinventarse y volver a ocupar un lugar clave en el barrio.

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