28 de septiembre de 2026 5:00 hs

En pocos días, el gobierno definirá las tarifas de los combustibles para octubre. La decisión se tomará en un escenario internacional complejo, con precios de los refinados por encima de los picos observados al inicio de la guerra en Oriente Medio, tensiones en la oferta global de diésel y un petróleo consolidado arriba de los US$ 90 desde hace semanas.

A pesar de este contexto, las autoridades han logrado evitar hasta la fecha el traslado de estas subas a los precios locales, amortiguadas por los altos márgenes de refinación de Ancap. Sin embargo, ese "colchón" de contención no es infinito si la presión externa se prolonga como está ocurriendo.

  • Los datos adelantados

Los datos de la Administración de Información de Energía (EIA), procesados por El Observador, muestran que en el mes móvil comprendido entre el 26 de agosto y el 22 de setiembre, el valor medio del símil de la nafta uruguaya en la Costa del Golfo de EE. UU. —referencia para el mercado local— registró un salto de casi 13% en comparación con el promedio del mes móvil anterior.

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Para la nafta Súper 95, la de mayor consumo en el país, la Ursea utiliza como referencia el precio promedio de dos tipos de gasolinas: CBOB Regular 87 y CBOB Premium 93.

En el caso del gasoil, la referencia es el Ultra Low Sulfur Diesel (ULSD 62). Durante esta misma ventana de medición, el valor promedio del litro volvió a encarecerse en el eje del 14% respecto al mes móvil previo.

El ULSD 62 en la Costa del Golfo operó en torno a US$ 4,80 y US$ 5,00 por galón, lo que representa un incremento de más del 100% frente a los valores del año pasado, cuando promediaba entre US$ 2,20 y US$ 2,50 por galón.

Estas cifras ofrecen una aproximación a las tendencias recientes del mercado internacional a partir de dos variables centrales: la evolución diaria de las cotizaciones en dólares en Estados Unidos y el comportamiento del tipo de cambio a nivel local, que en el promedio no registró grandes cambios.

  • Los precios locales de nafta y gasoil

En las próximas horas se conocerá el informe de la Ursea con los datos definitivos del mes móvil completo. Si bien el valor de los refinados en Estados Unidos sirve como guía para la evolución de los costos locales, su comportamiento no se traslada de manera directa al surtidor.

Desde abril y hasta la fecha, la estrategia del gobierno ha sido amortiguar la volatilidad internacional sobre los precios internos de los combustibles con ajustes graduales.

Sin embargo, ese patrón de ajustes menores se interrumpió en el último trimestre. Las tarifas locales de nafta y gasoil se mantienen congeladas desde julio.

En el primer caso, la nafta Súper 95 se siguió comercializando a $88,67 por litro durante setiembre, casi $1 por debajo del precio de venta al público de referencia calculado por Ursea —que incluye el PPI ex planta, impuestos, el factor de ajuste y otros componentes como fletes y bonificaciones—.

En el caso del gasoil, el producto se comercializó a $58,68 por litro. Esta cifra se ubicó $14,5 por debajo de la referencia calculada por Ursea para surtidor, lo que implica que Ancap resignó unos $10,6 por litro respecto al PPI ex planta para sostener la tarifa.

  • El oxígeno de la refinería

Como informó El Observador días atrás, la clave detrás de la contención de las tarifas radica en el comportamiento de los márgenes de refinación, impulsados por una brecha atípica entre el costo del crudo y el valor de los productos procesados.

Las tensiones geopolíticas y los ataques a instalaciones petroleras redujeron la oferta mundial de destilados, haciendo que el diésel terminado se encareciera en el exterior a un ritmo mucho mayor que el petróleo sin procesar.

Dado que Ancap compra el crudo y lo refina en La Teja, fabricar el combustible en el país cuesta menos que la referencia teórica de importarlo ya hecho (PPI). Ese diferencial dio lugar a márgenes de refinación extraordinariamente altos, en niveles superiores incluso a los picos de 2022 y 2023, generando un margen técnico a favor de la estatal.

Esa diferencia de costos funciona como un "colchón" financiero que absorbe la presión del mercado internacional. Al contar con ese margen extra, el gobierno ha podido mantener las tarifas congeladas sin que la empresa entre en pérdidas; Ancap resigna capturar ese ingreso extraordinario, pero mantiene la caja suficiente para cubrir sus costos operativos, sus compromisos financieros y las próximas compras de crudo, según autoridades del ente.

Sin embargo, depender de márgenes extraordinarios tiene fecha de vencimiento. Además, fuentes del sector explicaron a El Observador que, a la larga, dejar pasar estos ingresos termina pasando factura a las cuentas de Ancap y le quita espacio para responder a futuros imprevistos.

Sostener el esquema dependerá de la interacción de varios factores internacionales, principalmente el precio del barril y la disponibilidad de combustibles terminados en el mundo. Si la presión sobre los costos se prolonga y los márgenes de refinación ceden, el colchón se irá agotando y el ajuste tarifario terminará siendo inevitable.

Desde la propia cartera de Industria se asume este dilema. El subsecretario Daniel Olesker defendió días atrás en la Expo Prado la contención tarifaria como un amortiguador necesario para la competitividad de productores y consumidores, pero no ocultó sus efectos diferidos: “En economía todos sabemos que lo que uno no ajusta luego se paga”, señaló.

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