¿A Uruguay le conviene que gane la carrera de inteligencia artificial Estados Unidos o China? Tres voces del sector respondieron con matices: para Carlos Martínez, de LACNIC, lo mejor es que no gane ninguno; para Emiliano Chinelli, CEO de Promtior, conviene que gane Estados Unidos; para Carolina Aguerre, PhD en gobernanza global de tecnología, depende de quién mire.

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Martínez plantea la discusión en términos geopolíticos. “Un país como Uruguay, si quiere mantener una posición de independencia, y de ser cuña, y de hacer valer el rol del neutral y el estable, necesita un mundo de polos equilibrados”, señaló a El Observador.

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Para el referente de LACNIC, el riesgo no es tecnológico sino estratégico. “En el momento que alguien gane algo, IA, reactores de fusión, o lo que sea, un país como Uruguay es arrastrado inevitablemente a un rol de intrascendencia absoluta”, agregó. Y remató: “La poca viabilidad que tenemos la perderíamos”.

Aguerre –autora y conferencista en gobernanza tecnológica– matiza la discusión. “Uruguay no es un todo homogéneo”, apuntó. Desde el punto de vista del Estado o de la ciudadanía, “quedar subordinados a un formato como el de China puede no ser lo mejor en términos de transparencia y rendición de cuentas sobre los datos”.

La académica también miró el mediano plazo. Hoy China corre de atrás de Estados Unidos en acceso a infraestructura de cómputo, pero “en menos de una década esto se va a nivelar”. En ese escenario, “quizás la dependencia ya no sea sólo en materia de modelos (y datos) sino también de infraestructuras”.

El huso horario y los clientes mandan

Chinelli parte de otro lugar. “A nuestra industria tecnológica le sirve que a Estados Unidos le vaya bien y gane”, afirmó en el programa RadarIA. La razón es operativa: Uruguay le vende servicios a empresas americanas y comparte huso horario con ellas.

“A mí no me sirve que los chinos sean los número uno en la inteligencia artificial porque tengo que poner a trabajar a mis ingenieros de noche”, explicó. Promtior es partner de Anthropic y, según Chinelli, las llamadas con el laboratorio americano se coordinan en horario de oficina.

El CEO de Promtior también sumó la variable comercial. Trabaja con bancos en Estados Unidos, donde los modelos chinos “no pueden ni entrar en la conversación”. “Lo tengo que analizar de una perspectiva totalmente empresarial”, aclaró.

Aun así, Chinelli defendió una doble estrategia. Los modelos chinos de frontera son gratis y potentes, y permiten que negocios como Zapia, el asistente de IA hecho por uruguayos, sean viables. “Nos tenemos que apalancar”, dijo.

Aguerre coincidió en ese punto. “A muchos empresarios y startups les conviene el abordaje de China basado en la descarga de sus modelos abiertos para el desarrollo de soluciones basadas en IA a costos más bajos”, sostuvo.

Pero planteó una pregunta de fondo: con cuál de las dos potencias hay mejores oportunidades “en todos los frentes que implica el uso intensivo de la IA, que no es sólo el de la eficiencia de las empresas, sino el de mejorar las oportunidades de desarrollo integral para más personas”.

El dato de consumo global marca el ritmo del tablero: a principios de año, el 80% de los tokens de IA consumidos eran de modelos americanos y el 20% chinos. Hoy la relación se invirtió –20% americano, 80% chino–, según Chinelli. En los modelos de frontera, como ChatGPT y Anthropic, los americanos “siguen un paso adelante, capaz que seis meses adelante”. La contracara: los chinos no son más baratos por eficientes, sino porque “están sumamente subsidiados” por su gobierno a través del plan IA+ lanzado en 2024.

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