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La reciente muerte del papa Francisco abre una nueva etapa en el Vaticano. El Colegio de Cardenales deberá reunirse en cónclave para definir a su sucesor, en una elección marcada por tensiones internas, equilibrios geográficos y especulaciones externas. En ese contexto, un algoritmo no oficial posiciona al cardenal uruguayo Daniel Sturla entre los principales candidatos al papado.

Conocido como Papability Index, este sistema se actualiza periódicamente. Calcula, en base a variables cuantificables, qué cardenales tienen más posibilidades de ser electos. Aunque no tiene reconocimiento oficial, el modelo ha ganado visibilidad por la forma en que traduce factores eclesiásticos a un lenguaje comparable.

Daniel Sturla ocupa actualmente el puesto 12 en ese ranking. Su edad cercana al punto óptimo del modelo, su nombramiento por el pontífice recientemente fallecido, el dominio de idiomas y su perfil bajo en medios influyen en ese posicionamiento. Se trata del único cardenal uruguayo incluido entre los principales papables.

Factores que inciden en el algoritmo papal

Uno de los factores determinantes del algoritmo es la edad. El sistema fija los 68 años como el punto neutro. A esa edad exacta, el índice no suma ni resta puntos. Cada año que un cardenal se aleja de ese valor incrementa su puntuación.

El algoritmo también considera la antigüedad entre los electores. Cuando un cardenal pierde su derecho a voto al cumplir 80 años, el resto sube en jerarquía relativa. Este movimiento ajusta el índice, beneficiando a quienes ganan "seniority" en el grupo.

Otra variable clave es quién los designó como cardenales. El modelo otorga una leve bonificación a los nombrados por el papa Francisco, quien, antes de su muerte, había elevado a más del 80% de los actuales electores. El caso de Sturla, designado en 2015, se inscribe en esa categoría.

El índice también suma puntos por cada idioma adicional que el cardenal domine más allá de su lengua materna. Esta actualización busca reflejar el valor de la comunicación multilingüe en un liderazgo global como el pontificado.

Por el contrario, el modelo penaliza a los cardenales que hayan recibido cobertura mediática negativa. Si un cardenal aparece vinculado a controversias o escándalos, se lo penaliza. Esa penalización se reduce con el tiempo si no surgen nuevas menciones.

Además, los miembros de órdenes religiosas —como los Salesianos, a los que pertenece Sturla— reciben una penalización leve. La explicación se basa en que los papas pertenecientes a congregaciones religiosas han sido menos frecuentes en la historia reciente.

El algoritmo también contempla la nacionalidad. Los cardenales italianos reciben un pequeño bono por tradición y peso dentro del Colegio Cardenalicio. A su vez, los cardenales del mismo país que el papa fallecido —en este caso, Argentina— reciben una penalización automática.

El modelo no toma en cuenta factores ideológicos, ni presume afinidades internas, por considerar que esas variables no pueden medirse de forma objetiva ni sistemática. Tampoco considera si un cardenal recibió votos en cónclaves anteriores, debido a la falta de datos verificables.

Dentro del ranking de papables según este índice, Sturla figura junto a figuras de proyección global. Entre los mejor posicionados están Lacroix, Tagle, Langlois, Prevost, Tempesta, Brenes, Erd, Kutwa, Mafi, Turkson, da Rocha, Bo, Parolin, Robles, Ribat, Scherer, Furtado, Ryko, Müller y Tobin.

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