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La edad de acceso al primer celular propio cae en América Latina: en Chile bajó de 11 a 8,9 años y en Argentina el 85% de los niños ya tiene uno entre los 9 y los 11. Y cuanto más temprano llega ese acceso, mayor es el riesgo de un uso problemático, planteó el sociólogo uruguayo Matías Dodel de la Universidad Católica en el Sexto Seminario Regional de Desarrollo Social de América Latina y el Caribe de la CEPAL realizado la semana pasada.

La presentación, en el segundo día del seminario, se basó en datos de Argentina, Bolivia, Chile y Costa Rica y Uruguay. Provienen de Kids Online, un estudio que según Dodel es "el único antecedente descriptivo, por lo menos a nivel representativo nacional, de estos temas en la región". Antes de 2017, recordó, en Uruguay "no se sabía qué hacían los niños en internet" desde el punto de vista de cuán extendido estaba cada fenómeno.

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Lo primero que aclara Dodel es de qué se habla y de qué no. Evita la palabra "adicción": "No hay un acuerdo de que exista el concepto de adicción a la tecnología, al dispositivo celular o a las redes sociales", afirmó, y señaló que ni siquiera figura en los manuales de psiquiatría. Por eso usa el término uso problemático, que definió como el uso que "deviene problemático cuando genera dificultades en el orden de los aspectos psicológicos, sociales, escolares".

La distinción importa porque buena parte de lo que se dice sobre las pantallas no resiste un análisis fino. "Muchos de los efectos de la tecnología, cuando uno controla por otras variables relevantes –como desigualdad, pobreza o nivel educativo–, empiezan a desaparecer", explicó. Es decir, cuando se separa el peso de la pobreza o la educación, gran parte del daño que se le atribuye al celular se diluye.

Con esa cautela, los datos sí muestran dos factores de riesgo claros. El acceso temprano es uno: en Argentina el primer celular llega en promedio a los 9,6 años, y cuanto antes ocurre, más usos problemáticos se reportan. El otro es el uso diario e intensivo, sobre todo del celular. Un estudio reciente ajeno a Kids Online advierte, igual, que pasada cierta edad "el costo de retrasar puede ser mayor al beneficio".

También hay diferencias por edad y sexo que cambian el panorama. Los más chicos y los varones reportan más problemas con videojuegos; las adolescentes –y también los adolescentes varones– con el celular. La conclusión de Dodel es directa: "Medidas sábana, que es para todos lo mismo, son problemáticas".

El bienestar y la familia, los predictores más robustos

Acá está, para Dodel, lo más relevante del estudio. El predictor más consistente en todos los países y modelos es el bienestar subjetivo: cuán bien se siente el chico con su propia vida. Se mide con la escala de Cantril, una "escalera" del 0 al 10 donde el niño marca dónde se ubica, siendo 0 lo peor y 10 lo mejor. "Cuanto mejor se sienten los niños con su vida, menos reportan tener usos problemáticos de internet", resumió. Cada punto de esa escala reduce de forma significativa el uso problemático de celular, videojuegos e internet.

El segundo factor es el apoyo familiar. Kids Online pregunta si los chicos se sienten escuchados, acompañados y seguros en su hogar, y cuando la respuesta es sí, bajan los usos problemáticos en todos los dispositivos y países. "Esto no es un tema solamente digital", remarcó Dodel; el uso problemático "puede ser un síntoma de un malestar más amplio de salud mental, de espacios, de vínculos".

Un matiz que el sociólogo insistió en marcar: el estudio es de una sola medición, no sigue a los mismos chicos en el tiempo. Eso impide hablar de causa y efecto. "La causalidad puede ser recíproca o bidireccional", advirtió: tan posible es que el uso problemático empeore el bienestar como que los chicos que ya están peor tiendan a usar más las pantallas de forma problemática.

Qué hacer: escuelas, plataformas y desigualdad

Sobre las políticas, Dodel pidió matices. "Pensar que un niño de 9 años es igual que uno de 17 es un error de política enorme", sostuvo, y reclamó proporcionalidad: "El derecho a la protección no es el único derecho de los niños". Retrasar el acceso a un dispositivo privado y sin control puede ser razonable, pero con una salvedad: requiere que haya otros dispositivos en la escuela y el hogar, "que los hogares ricos lo tienen, los hogares de menores recursos no".

Sobre prohibir el celular o las redes en las escuelas –un debate abierto en Chile, Brasil y Uruguay–, lanzó la pregunta de fondo: "¿Quién les enseña a los chicos cómo hacer un uso que sea adecuado para su edad?". Y señaló que en todas las mediciones de Kids Online los niños no mencionan al centro educativo como referente en estos temas.

El sociólogo también puso la lupa sobre las plataformas, no solo sobre las familias. Apuntó a los patrones oscuros, decisiones de diseño pensadas para enganchar al usuario, que "deberíamos regular". Mencionó que en la región Brasil es el país que más avanzó con su ley de la era digital, y admitió que para un país chico como Uruguay es difícil. Su crítica final fue al camino más cómodo: "Es más fácil prohibir a los niños en redes sociales que hacer redes sociales que sean aptas para los niños".

Por último, reclamó fortalecer a las familias, las más difíciles de alcanzar. "A los niños, bien o mal, los tenemos en las escuelas", dijo, porque son "población cautiva". Y rechazó los mensajes culpabilizadores: "Decirle a una madre que trabaja ocho horas que si deja al niño frente a la pantalla le va a matar neuronas no es un buen consejo de política pública".

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