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Estafa cibernética. Es el delito que más ha crecido en Uruguay en la última década. Sus denuncias crecieron con fuerza en Uruguay durante 2025, con 11.189 casos registrados, en el primer año de vigencia de la ley que tipificó el fraude informático.

En este contexto, hay personas que tienen cada vez más trabajo. Una de ellas son los abogados.

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Agustina Altminc es abogada penalista y en su estudio le llegan casi tres personas por día consultaban por estafas cibernéticas. En esta entrevista con El Observador describe las modalidades que más se repiten en Uruguay, el papel que empezó a jugar la inteligencia artificial y por qué de cada 15 casos que atiende apenas en 3 se llega a un detenido.

¿Qué es lo que estás viendo sobre las modalidades? ¿Se trata de engañar a la víctima, de hacerse pasar por alguien?

Hay un poco de todo. Hay mucha suplantación de identidad. También se hacen pasar por esa plataforma, Marketplace, que en realidad es de las que más casos nos llegan. Si bien también se usa WhatsApp, Telegram, Instagram. No hay una diferencia de plataformas, pero las que más nos llegan son de Marketplace.

¿Qué intentan hacer los estafadores en Marketplace?

Intentan, por ejemplo, alquilar propiedades que no existen, son inexistentes. Autos también: venden autos y hoy en día te solicitan el dinero antes. Y es algo ilógico, ¿no? ¿Qué persona te vende un auto solicitándote dinero antes? Lo de las casas, viste que con lo que es Booking, Airbnb y todo eso, es un poco más entendible. Pero hacen solicitudes que son realmente ilógicas.

¿Cómo es el paso a paso en el que actúa un ciberdelincuente?

Son personas que no empiezan atacando solamente con una computadora, empiezan estudiando a la víctima. Buscan generar una emoción: miedo, urgencia, confianza o incluso entusiasmo. Y cuando una persona actúa desde la emoción es mucho más fácil, por ejemplo, que entregue un código. Usan también mucho la necesidad de la víctima.

Recién mencionabas la suplantación de automotoras. ¿Cómo funciona esa estafa?

Que te soliciten el 10% del valor del vehículo es lo que más nos llega, porque además están como que suplantando la identidad de muchas automotoras. Directamente ponen el mismo nombre, la misma foto, agregan la dirección cuando te contactás por WhatsApp. Entonces, las buscan en las redes y en realidad existe la automotora. Están empezando a hacer tanta la suplantación de identidad que cada vez lo hacen más real a la estafa.

¿Cómo es el paso a paso?

Ponen un auto, ponen todo exactamente igual: especifican qué modelo es, el motor, el chasis, todo te especifican. Las imágenes supongo que deben sacarlas de otros lados o directamente las crean con IA. Después te pasan el número de WhatsApp, piden que te contactes por ahí. Y en WhatsApp tienen la foto de una persona normal, como si fuera un vendedor de la automotora. WhatsApp Business te permite poner la ubicación, así que ponen la ubicación y los otros teléfonos de la automotora.

¿Y ahí qué te dicen?

Te dicen: "Mirá, en realidad este no lo tenemos, lo tenemos en un depósito. Necesitamos que nos gires el 15% del valor del auto para que te lo traigamos". Y claramente, por eso me parece la modalidad más básica que hay: ¿qué persona va a comprar un auto sin antes probarlo? Porque además, en este caso, justo esta automotora vende muy poco 0 km, casi todos son autos usados.

¿Y el ejemplo más común, más allá de alquileres y automotoras?

Nos ha llegado de todo. También nos llegó lo que antes era el famoso cuento del tío. Que bueno, a una persona, con lo que es la parte de la inteligencia artificial, le clonaron la voz de un familiar. Y así obtuvieron unas sumas bastante significativas de dinero.

¿La inteligencia artificial contribuyó mucho?

Sí, porque hoy en día podemos modificar fotos, podemos modificar pruebas, podemos modificar voces. Podemos crear personas. Es algo de muy bajo costo operativo, un delito que se ejecuta desde cualquier computadora, desde cualquier celular. No lo hacen específicamente personas que son exclusivamente ciberdelincuentes: hoy en día quien tiene acceso y sabe cómo manejarse, lo puede hacer también.

¿Qué es lo más grave que viste?

Está la suplantación de bancos. Se hacen pasar por bancos que solicitan dinero, y tengo clientes que han perdido cifras significativas. Por ejemplo, a un cliente lo llamaron y entregó US$ 30.000 porque pensaron que tenían al hijo secuestrado. Se están haciendo pasar mucho por BROU: te llaman desde un celular y te dicen que tienen que corroborar algo de tus datos, y te piden todo. Hay personas que lamentablemente caen, o están en un momento en que no reaccionan rápidamente.

¿Y con Temu también les llegaron consultas?

Sí, nos llegaban bastantes porque les mandaban que tenían el paquete retenido en Aduana. Al tener el paquete retenido les solicitaban que enviaran dinero para mandarlo a las casas. Y muchos me decían: "Mirá, yo la verdad jamás en la vida realicé un pedido por Temu". Ahora se calmó un poco más el tema Temu porque desde que pusieron los impuestos no hemos tenido tantas consultas.

Otra persona perdió US$ 80.000. Entró en un juego en internet que le decía que si ponía cierta cantidad de dinero se lo iban a multiplicar. El hombre se gastó todos sus ahorros y nunca pudo retirar el dinero. Por más que intentamos, y por todas las vías que pudimos, fue imposible rastrear los servidores.

En las pérdidas más graves, ¿estamos hablando de personas de más edad? ¿Cómo es el prototipo?

No. Al día de hoy no hay un estereotipo como había anteriormente, que casi siempre eran personas mayores, más vulnerables, que no tenían tanto conocimiento. Hemos visto casos de profesionales, empresarios, comerciantes, personas jóvenes que manejan la tecnología todos los días. Claramente que también hay personas mayores. Pero hoy en día quien tenga acceso a una computadora y un celular puede sufrir esto.

¿Es imposible recuperar el dinero?

Hemos podido, no te voy a decir que la totalidad. ¿Qué pasa? Cuando ingresan a las cuentas, cambian las direcciones o muchas veces transfieren enseguida. Son bastante hábiles. Recuperamos una tarjeta que fue una estafa, cierto monto, pero no la totalidad. Tampoco te voy a decir que todos los casos son exitosos, porque la mayoría desafortunadamente no se llega a recuperar. Muchos sí.

¿Y los bancos colaboran?

Colaboran. Si bien abren informes, muchas veces no se logra. Colabora la Policía, colabora la Fiscalía, colaboramos nosotros, pero yo creo que más que nada hay que apuntar a esto, a la prevención.

¿Hay algo vinculado al tema violencia?

Claro que hay víctimas que sufren otro tipo de violencia, por ejemplo el acoso por medios tecnológicos: cuando alguien utiliza herramientas digitales para perseguir, vigilar u hostigar de forma reiterada a personas, y afecta seriamente su vida cotidiana. Todo esto se reforzó gracias a una ley que salió en 2024.

La ley de ciberdelitos.

Sí, la 20.327. Es bastante reciente, porque así como avanzan los delitos también tenemos que avanzar nosotros. Hoy en día no queda un único tipo de estafa: antes solamente estaba el 347, que es estafa, y se agregaron otros numerales que también encuadran esta parte. Y se reforzó la protección de niñas, niños y adolescentes, incorporando agravantes para quienes utilizan internet para contactarlos con fines sexuales o para obtener imágenes íntimas. Pensá que hoy en día los adolescentes y también los niños tienen acceso a internet. Y ocurren muchos casos.

De los casos que atendés, ¿cuál es el porcentaje de personas que terminan detenidas?

Nunca me puse a calcularlo, pero casi siempre es por estafa. Te voy a decir un promedio: de 15 personas, tal vez 3. Ojo, cuando son estafas que se pueden rastrear, por ejemplo cuando hacen uso indebido de una tarjeta, es diferente. Es distinto cuando lo hacen por este tipo de modalidades, que no sabemos quién está detrás de la pantalla. En ese caso, desconocemos totalmente.

¿Las filtraciones de datos a instituciones ayudan a los estafadores?

También les sirve, porque allí pueden obtener más información de las víctimas. Muchas veces se toman el trabajo de analizar sobre quién van. Y hemos atendido empresas a las que les hackean sus sistemas y obtienen mucha información: saben, por ejemplo, los sueldos de las personas, entonces saben contra quién van. Es una red bastante complicada. Trabajan también en conjunto: puede ser una persona individual como también hay organizaciones delictivas que operan mediante estas cosas para cometer estafas cibernéticas.

¿Por qué es difícil detener a más personas?

Nosotros trabajamos jurídicamente como trabaja la Policía, como trabaja Fiscalía. Necesitamos pruebas. Si no hay pruebas, lamentablemente no se puede hacer. Si hay una sospecha se empieza la investigación, pero si en esa investigación no se consiguen más pruebas, el proceso cae.

¿Y es difícil acceder a las pruebas?

Es difícil muchas veces rastrear desde dónde se envió, desde dónde pasó. Hay muchos servidores privados, rastrear un VPN hoy en día es complicado. No sabés de qué país viene, lo podés hacer desde cualquier país también. No estafan específicamente a personas de acá de Uruguay: esto es algo mundial y estafan desde cualquier punto del mundo. Fijate que compran un chip, y hoy en día los chips los venden en cualquier lado. Vas a un supermercado y están vendiendo los chips de las compañías uruguayas.

¿Y no se puede responsabilizar a la empresa que vende el chip?

Se supone que los chips no están diseñados para eso. Estas personas lo adaptan para este tipo de cosas. No podrías querer hacer responsable a la empresa, porque te está vendiendo simplemente el servicio que ofrece. Después lo que hagas con el servicio es asunto de cada persona.

¿Hay que cambiar algo a nivel legislativo para acceder mejor a las evidencias?

Yo creo que más allá de lo legislativo tenemos que prepararnos, primero que nada prevenir a la población. Incrementar mecanismos de prevención, quizás más adaptados al tipo de persona, porque no todos tenemos las mismas edades. Que haya más información de esto, porque es lo más recurrente, está pasando muchísimo en Uruguay.

Si una persona se da cuenta ahora de que fue estafada, ¿cuál es el primer paso que debe dar?

Primero que nada, no bloquear inmediatamente, si es en una plataforma como Telegram o WhatsApp, para poder tener también información. Que intenten guardar toda la prueba. Y luego ir directamente a denunciar, esperando el menor tiempo posible para hacer la denuncia.

¿Las grandes plataformas controlan lo suficiente los contenidos usados para delinquir?

Tendría que haber más restricciones. Yo creo que sí, que debería haber más. De hecho a mí también me hackearon y me robaron la cuenta del estudio. En febrero me pasó, me robaron dinero por Meta Pay, con el que yo pagaba publicidad en Facebook. Me llegó al mail que era desde Vietnam. Ahí fue cuando me di cuenta de que me estaban sacando dinero: se transferían directamente a la página de ellos y pagaban publicidad con mi tarjeta.

¿Y a un atacante en Vietnam se lo puede encontrar?

En mi caso, el banco se encargó de iniciar un protocolo para rastrear los fondos, y Meta también me los rastreó. Increíblemente, una parte la recuperé. Pero muchas veces no pasa, porque sacan la tarjeta. Es lo que le pasa a muchos clientes: por más que rastreamos y llegamos a un punto donde sabemos dónde está, después se desvirtúa todo y no encontramos fondos, no encontramos de nuevo dónde era la ubicación. Nuestras herramientas informáticas en Uruguay son bastante vulnerables.

¿Cuál es el mito más recurrente de los uruguayos con este tema?

Yo creo que es creer que las víctimas son personas poco informadas o que cayeron por ingenuas. En realidad no es cierto. Los ciberdelincuentes no buscan a las personas menos inteligentes: buscan el momento en que cualquiera de nosotros esté distraído, apurado o emocionalmente vulnerable para atacar. Siempre hay que dudar y verificar, sobre todo cuando solicitan una suma de dinero antes de entregarte un producto o un servicio.

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