"¡Fuego!". Una llama aparece entre estanterías, el ambiente se llena de humo y hay que actuar. Gonzalo Moso se mueve con rapidez, localiza el extintor, corre hacia el fuego y lo combate siguiendo el procedimiento indicado. En pocos segundos, las llamas desaparecen. Un cartel confirma: la intervención fue correcta.
Pero no se trata de un incendio real. Toda la escena ocurre dentro de un entorno ficticio generado por lentes de realidad virtual Meta Quest 3, conectados a un software desarrollado por una empresa española e importados a Uruguay por Moso, técnico prevencionista y director de Consultoría Moal, quien hizo una demostración a El Observador.
La herramienta reproduce entornos laborales con un alto nivel de realismo, y permite capacitar a trabajadores en distintas situaciones de emergencia sin que corran riesgo físico.
La tecnología fue pensada para promover la cultura de la prevención. El simulador recrea depósitos, cocinas, oficinas o azoteas. En cada uno de estos espacios se presentan situaciones específicas, como incendios, cortes eléctricos o caídas desde altura.
El trabajador debe identificar el riesgo, aplicar el procedimiento correcto y actuar con celeridad. Si se equivoca, el sistema registra los errores: puede fallar la extinción, no evacuar a tiempo o elegir el equipo inadecuado. "En ese caso, el simulador muestra cómo el incendio se propaga o cómo el operario sufre una caída", explicó Moso.
Capacitaciones con evaluación automática y entornos personalizados
El entrenamiento incluye dos fases: una etapa formativa y otra evaluativa. En ambas, el sistema registra todo lo que hace la persona. Desde qué extintor eligió hasta si accionó la alarma o demoró demasiado. "Te dice exactamente si cumpliste cada paso, y con qué eficacia", señaló Moso. La plataforma —llamada Savi— permite cuantificar el desempeño con precisión, y repetir las prácticas en caso de errores.
Ya se realizaron capacitaciones en dos empresas uruguayas. En una de ellas participaron más de 90 personas, mientras que en la otra se aplicaron módulos de entrenamiento en seguridad básica y extinción de incendios. Además, se hizo una demostración en la Cámara de Comercio y Servicios con la presencia del ministro de Trabajo, Juan Castillo, y el proyecto entusiasmó hasta representantes de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios que estaban presentes.
Según Moso, las reacciones fueron muy positivas, especialmente porque los trabajadores pudieron experimentar situaciones de riesgo en un entorno seguro.
Uno de los ejercicios más requeridos es el de incendio en cocina. Allí, el usuario se enfrenta a un fuego generado por aceite caliente. Si intenta apagarlo con agua, el fuego se expande. El procedimiento correcto es cubrir la sartén con una tapa para cortar el oxígeno. Si lo logra, el incendio se apaga. Si no lo hace a tiempo, el fuego alcanza la campana de extracción y se descontrola.
En una demostración hecha por El Observador, Gonzalo omitió tomar la tapa y perdió la prueba.
Otra práctica habitual es en oficinas, donde puede producirse un cortocircuito en una impresora, según demostró Moso. El usuario debe reconocer la situación, accionar la alarma y elegir el extintor tipo ABC para apagar el fuego sin que se propague. El simulador replica cambios en la iluminación, humo denso y objetos inflamables para aumentar la dificultad del ejercicio.
También hay módulos para trabajo en altura. En este caso, el participante debe colocarse correctamente el arnés, verificar su estado, enganchar el cabo de vida, y luego subir por una escalera. Si omite alguno de los pasos o no asegura el equipo correctamente, el sistema simula una caída. “Aunque estés parado en el piso, la sensación de pérdida de equilibrio es real”, explicó Moso.
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El entorno físico influye en la experiencia
Una característica clave del sistema es que se adapta al espacio físico disponible en cada empresa. Los lentes Meta Quest 3 permiten delimitar una “zona de seguridad” en el entorno real. Si hay suficiente lugar, el usuario puede caminar por el simulador.
Si no lo hay, puede desplazarse con los joysticks. "No todas las empresas tienen salas grandes. Hay lugares donde se puede caminar cinco o seis metros, y otros donde tenés que moverte en un espacio muy reducido", indicó.
El sistema está pensado para ajustarse a cada contexto. "Yo puedo llegar a una empresa, ver la sala que tienen, y definir con los sensores cuál va a ser su zona segura de entrenamiento", explicó. Esta flexibilidad es clave para adaptar las capacitaciones a distintos tipos de organizaciones, desde oficinas administrativas hasta plantas industriales.
Además del entrenamiento en seguridad, los simuladores pueden configurarse para reproducir procesos operativos específicos. Por ejemplo, el funcionamiento de una línea de producción, el uso de autoelevadores o la manipulación de sustancias químicas. "Podemos recrear la maquinaria exacta que tiene una fábrica, los movimientos de los operarios, los controles y los riesgos asociados", detalló. Esto permite entrenar a nuevos trabajadores sin detener la operación real.
Moso destacó que estos simuladores también cumplen una función estratégica: conservar el conocimiento técnico de trabajadores con larga trayectoria. "Si una persona con 30 años de experiencia se va, el simulador permite que ese saber no se pierda. Se lo puede trasladar a alguien que recién entra, de forma práctica y detallada".
Aunque también se está explorando el uso de realidad aumentada, su implementación aún es limitada en Uruguay. Por el momento, la prioridad está en expandir el uso de la realidad virtual como herramienta de formación y prevención. “La idea es lograr que los procedimientos se aprendan haciendo, con error, con corrección, y sin poner en juego la seguridad de nadie”, concluyó Moso.