ver más

"Mami, ¿querés más al celular que a mí?".

Con esa pregunta, que una niña le hizo a su madre y que un colega le transmitió a uno de los autores, arranca un estudio sobre adolescentes estadounidenses que sumó la distracción de los padres con el celular a la lista de factores de riesgo para el vínculo afectivo entre cuidadores e hijos.

más Noticias

Cuanto más perciben los chicos que sus padres priorizan el teléfono, mayor es su apego inseguro, según la investigación publicada en la revista Frontiers in Psychology este mes.

En el estudio los padres usan frases como: “Mi cuidador no me presta suficiente atención por culpa de su dispositivo”. “Me ignora cuando está usando el celular”. “Cuando asiste a algo importante para mí, parece distraído por el teléfono”. “Pasa demasiado tiempo en el celular”. “Cuando necesito su atención y no deja el dispositivo, me siento poco importante”. “Está usando el celular cuando debería estar pasando tiempo conmigo”. “Tenemos conflictos por su uso del celular”.

El dato se suma a otra evidencia por este tema. Una encuesta de Pew Research Center de 2020 mostró que el 68% de los padres admitió estar "al menos a veces" distraído por el teléfono cuando estaba con sus hijos. Del otro lado, una encuesta de Pew de 2024 reveló que el 46% de los adolescentes percibe que un padre "al menos a veces se distrae con su teléfono" durante una conversación.

Qué encontró el estudio

El trabajo, liderado por Don Grant y un equipo de Newport Healthcare, parte de un fenómeno que ya tiene nombre: el "phubbing", un cruce entre las palabras inglesas phone (teléfono) y snubbing (desairar), que describe el acto de ignorar a alguien por estar pendiente del dispositivo. Hay otro término asociado, el "technoference", que combina tecnología e interferencia.

Los autores son contundentes al describir lo que pasa cuando ese comportamiento ocurre entre padres e hijos. Citando una investigación previa, lo definen como una "nueva forma de negligencia social durante las interacciones entre padres e hijos", que deja a los adolescentes sintiéndose rechazados por sus padres y alienados de sus pares.

El estudio recupera además un concepto previo, el de "presencia ausente" (absent presence), que describe a alguien que está físicamente en un lugar pero mentalmente ausente por estar capturado por un dispositivo.

Para medir el fenómeno, los investigadores validaron una escala llamada DAIS, sigla en inglés de Escala de Interferencia del Dispositivo en el Apego, en una muestra de 600 adolescentes de entre 12 y 17 años. De ellos, 450 reportaron como cuidador principal a una figura materna y 125 a una figura paterna.

El instrumento evalúa cómo perciben los chicos la disponibilidad de atención de su cuidador. Algunos de sus ítems les piden valorar si "el uso del dispositivo afecta negativamente nuestra relación", si el cuidador "me ignora cuando está en su dispositivo" o si, durante un evento importante para ellos, "parece desatento por el uso del dispositivo".

¿El resultado? Mayores puntajes en la escala se asociaron con más apego inseguro, tanto ansioso como evitativo, hacia figuras maternas y paternas. La asociación se mantuvo en todos los modelos estadísticos, controlando por edad y género.

Un detalle relevante: en un estudio anterior del mismo equipo, el vínculo solo aparecía con las madres. Esta vez, con una muestra más grande, también surgió con los padres. Los autores plantean dos lecturas posibles: que antes faltaban datos para detectarlo, o que existe una diferencia entre poblaciones clínicas y generales.

Por qué importa como factor de riesgo

La teoría del apego, formulada por John Bowlby en 1969, sostiene que los chicos atendidos de forma sensible y consistente desarrollan un apego seguro y aprenden que son importantes y que sus necesidades serán satisfechas. El apego inseguro, en cambio, se asocia con depresión, ansiedad, estrés postraumático, baja autoestima y dificultades para resolver conflictos y construir relaciones sanas.

Hasta ahora, los factores de riesgo conocidos para el apego eran la crianza inconsistente o no disponible, las dificultades de salud física o mental de los padres, las conductas adictivas, las rupturas dentro del sistema familiar, el abandono o el abuso.

El aporte del estudio es ubicar la distracción digital en esa misma lista, con una diferencia central: a diferencia de las otras, está enteramente bajo el control voluntario del cuidador. Los autores remarcan que se trata de una interrupción "intermitente, socialmente normalizada e incrustada" en interacciones cotidianas que de otro modo serían normales.

Por eso advierten que "incluso disrupciones breves pero repetidas en la respuesta del cuidador pueden adquirir significación relacional" para un adolescente. Y agregan que, dada la alta prevalencia del uso de dispositivos entre adultos, "incluso asociaciones modestas a nivel individual pueden tener implicancias más amplias a nivel poblacional".

El propio equipo aclara los límites de su trabajo. El estudio es correlacional y transversal: no permite afirmar que la distracción cause el apego inseguro. También señalan la posibilidad inversa, que los adolescentes con vínculos más frágiles sean más sensibles a percibir a sus padres como ausentes. Y aclaran que el DAIS es una herramienta nueva, cuya validez requiere más investigación antes de aplicarla con fines clínicos.

Temas:

celular adolescentes padres

Seguí leyendo