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Durante el programa de streaming de recaudación de fondos para Unicef, dos expertos hablaron sobre crianza digital. Y uno de los temas que surgió fue el phubbing: el hábito de cortar una conversación cara a cara para responder un mensaje en el celular.

El psicólogo Juan Pablo Cibils, que hace más de 15 años acompaña a adolescentes, fue quien lo puso sobre la mesa. "Desde la psicología entendemos lo que le genera al otro", señaló. En un adulto puede pasar por una falta de respeto; en un niño, advirtió, golpea la autoestima.

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Cibils lo graficó con una escena cotidiana: "yo estoy hablando con Victoria y ella saca un celular y en mi cara comienza a responder un mensaje". Entre adultos, explicó, el que queda hablando puede leerlo como una falta de respeto. "Puedo entender que capaz es una falta de respeto y me puedo enojar", ejemplificó.

El efecto cambia, sostuvo, cuando ese gesto recae sobre un chico. Ahí "incide directamente en la percepción de sí mismos, en su autoestima". El psicólogo lo resumió así: el niño "termina pensando que lo que tenía para contar no era tan importante o tan valioso".

Un riesgo entre varios

Cibils ubicó el phubbing dentro de un panorama más amplio de consecuencias que, dijo, ve a diario: "problemas con el sueño, rendimiento académico descendido, el aislamiento social". Describió chicos que "dejan de contactarse con otros en el cara a cara por estar más metidos en la pantalla".

En la franja más severa ubicó el grooming y el ciberbullying. Pero aclaró que el riesgo es transversal: según los informes que citó, de cada diez chicos uruguayos "cuatro, casi cinco" ya vivieron alguna situación desagradable en la red.

El dato que más le preocupa, dijo, es otro: de esos chicos que pasan por algo desagradable, solo la mitad puede hablarlo con un adulto. "Hay otro porcentaje muy grande que no puede hablar con un adulto de que les pasó algo desagradable en la red", planteó.

¿Por qué no hablan? Para Cibils, muchas veces "el adulto reacciona de la peor manera", instalando más miedo del que el chico traía. Otras veces delega: "Tercerizo mi rol en otra persona y nadie termina sosteniendo a ese niño".

Victoria Blanc, oficial de comunicación de Unicef, apuntó a una idea que, según dijo, "hizo un poco de daño": la de los nativos digitales. Que los chicos manejen el celular mejor que los adultos, explicó, genera "la falsa sensación de que se manejan mejor que nosotros y que no nos necesitan. Y eso no es así".

Más que el tiempo, importa qué consumen

La pregunta que más se repite entre las familias, contó Cibils, es cuánta pantalla es demasiada. Su respuesta corre el eje: "más que ver cuánto tiempo usan", lo importante es "qué están consumiendo con ese tiempo" y si es "realmente un tiempo de calidad".

Cibils defendió lo que llamó autonomía progresiva: dejar que el chico se acerque a la tecnología de a poco, con el adulto presente "para acompañar con un límite, con supervisión, con control", y soltar cuando "dé señales de que se está moviendo de manera más saludable".

Las pantallas "están diseñadas para captar nuestra atención", "para que vos inviertas mucho tiempo atendiendo algo que capaz no es lo que querías hacer". No hace falta que el adulto domine TikTok, aclaró, pero sí saber qué consume.

Blanc sumó que los más chicos no distinguen "lo que es publicidad de lo que es un contenido". Problematizar a los influencers y "ese aspiracional de consumo", dijo, es "la mejor prevención que podemos hacer".

El cambio de fondo, según Blanc, es que el consumo "es individual y es aislado": nueve de cada diez chicos se conectan desde el celular, muchas veces "en su dormitorio". "Si no abrimos esos espacios de conversación", advirtió, es difícil que después "vengan a nosotros" cuando algo los hace sentir mal.

El ejemplo está en los adultos

Acá el phubbing vuelve al centro. Cibils planteó que "todos en casa debemos mejorar nuestro uso" e invitó a que padres y madres se pregunten "qué uso estoy haciendo en casa" y si están siendo ejemplo de un consumo "más responsable o más saludable". El gesto de mirar el celular en plena charla, recordó, también es de adultos.

Blanc insistió en la coherencia: "ellos están todo el tiempo mirando lo que hacemos, mucho más de lo que decimos". Es difícil, ejemplificó, "pedirles que no estén con el celular en la cena si vos estás chequeando los mensajes en la cena".

Unicef tiene un curso llamado Acuerdos sobre cómo pactar el uso de la tecnología con los chicos. La clave, según Blanc, es que el adulto los cumpla: "algo que es clave es que nosotros también podamos respetarlos", porque si no "ellos sienten que nosotros tampoco los estamos cumpliendo".

Cibils amplió la idea a los acuerdos entre familias: coordinar con otros padres, por ejemplo, que los chicos no lleven el dispositivo a una pijamada, y "poder defender esa idea".

Sobre cómo sostener esas charlas sin que terminen en pelea, fue directo: "no hay que tenerle miedo a marcar ese límite, porque ese límite es necesario y ese límite es cuidado". Y pidió bancar la postura: si el adulto explica que algo no se puede, tiene que "poder sostener ese no".

Blanc enmarcó todo en el posicionamiento global que Unicef difundió "hace un par de meses": la prohibición, por sí sola, "no es suficiente para protegerlos del riesgo". En algunos casos los expone a más, porque migran "a otras redes que tienen menos controles" o usan el dispositivo de un adulto "que tampoco tiene controles".

La salida, según el organismo, es una batería de políticas: alfabetización digital para las familias y pensamiento crítico "dentro de las materias obligatorias del sistema educativo". No alcanza, resumió Blanc, con depositar "en la prohibición todas las esperanzas".

Cibils coincidió: prohibir el dispositivo en la escuela hace "perder una oportunidad valiosísima de trabajar habilidades digitales". Y observó un efecto rebote: limitado en clase, el chico "cuando llegaba a la casa pasaba más horas frente a la pantalla", con "contenido de muy mala calidad".

Para Blanc, por todo esto Unicef habla de crianza digital: "es parte de la crianza". En la web, detalló, hay dos cursos online gratuitos con un acuerdo descargable que cada familia puede personalizar.

El organismo, además, está por actualizar su diagnóstico: el trabajo de campo de la nueva edición de Kids Online se hace "ahora en setiembre" y esperan tener "los nuevos datos" a fin de año.

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