La contraseña de sábado al mediodía es poné a Jorgito. ¿Quién la dice? No importa. ¿Quién hace caso y prende la televisión? No importa: esa persona cumple y pone a Jorgito. Da igual cuál de sus versiones aparezca en pantalla, cómo se llame el programa en cuestión, cuál de sus épocas es esta época de su vida.

Importa él.

más Noticias

Nos importa él.

En este caso, la pantalla emite las imágenes de un cumpleaños de quince. Jorge baila con la quinceañera y luego se queda al margen, pero la cámara pocas veces lo abandona. De ahí pasa a una entrevista en piso a un empresario local que vende bicicletas y electrodomésticos. De ahí a las publicidades. Y de ahí a otra fiesta, ahora en el Club Social Sanducero. Y más publicidades. Y después vuelve a piso y Jorge muestra sus anillos rocosos. Su ropa. Hoy su traje no brilla, pero a veces sí. Y a veces él brilla también. La piel, el pelo. Aurático. Y en algún momento del programa lo dirá: subyugante. Esa es su palabra. Otra contraseña para sus fieles. En la mesa daremos vuelta carnero, repetiremos: subyugante. Funciona así, como un eco catódico e involuntario. Y entonces pasan más publicidades. Y del otro lado comemos comida de sábado al mediodía. ¿Qué año es? Algún momento de los primeros 2000. 2005, 2006, 2007. Como sea, Jorge, como Borges, come en casa. Acompaña. Terminamos de comer. Otro sábado en Paysandú. Otro sábado con él.

Y así, él permanece. Algunas cosas cambian rápido, otras muy lento.

Alguien dirá, siempre, poné a Jorgito. Y será sábado.

Sábado en Paysandú.

***

13 de julio de 2026: la influencer uruguaya Vale Sulca publica un video en Instagram y Tiktok.

Escribe: Tenía esta joyita de la mirtha uruguaya sin subir.

Vale Sulca se le arrima en algún rincón de la última Semana de la Cerveza en Paysandú. Ella no lo conoce, no tiene idea quién es, lo confunde con uno más de los personajes estrafalarios que se pueden encontrar en su feed de Instagram, en los rincones del país extendido, pero no, se equivoca, porque Jorge no es uno más, es Jorge Armentano, y Jorge Armentano en Paysandú no es uno más. Él se encarga de hacérselo entender en menos de cinco minutos: Ciudadano ilustre de Paysandú, 50 años de trabajo en el Hospital, 30 años de televisión. ¿Algo más?

¿Sos conductor de televisión? ¿Tenés un programa?, pregunta ella.

Como Mirtha Legrand, con almuerzo y todo, responde él.

Después repasan su look. El traje borravino y el peinado. Jorge se compara con Raphael. Con Harrison Ford. Con George Harrison. Con todos a la vez.

¿Ese pelo es tuyo?

No. Es una peluca. Tengo 40.

¿40 broches?

40 pelucas. Y la ropa la traigo de Buenos Aires. Acá no hay con lentejuelas.

El video tiene casi un millón y medio de reproducciones. En los comentarios del posteo se repiten dos cosas: sorpresa por el hallazgo y un orgullo catastral que viene directamente de las entrañas del litoral.

***

El video pasa a ser masivamente viral. Y la viralidad encontró a Jorge Armentano con 82 años y ganas de seguir de largo hasta los 100. De hecho, al contrario de las divas televisivas en las que le gusta verse reflejado, él no se saca años de encima, se los suma: prefiere decir que tiene 92.

Esa especie de humor blando no cambia con esta nueva normalidad, pero desde que el mundo lo descubrió sí hubo cosas que se modificaron. La noche de Jorge, por ejemplo, el programa que conduce los sábados a las 21 en el Canal 4 de Paysandú, se adaptó a su nueva imagen. Ahora hay un segmento ocasional que repasa su trillo por el mundo de los memes, los stickers de Whatsapp, sus apariciones en programas como Intrusos o los saludos que le mandan personalidades como Dani Umpi o Martín Cirio. Es curioso que, en un mundo que deglute con velocidad los entusiasmos, en torno a Jorge la cosa siga. Pero la atención particular del universo queer no es una casualidad.

“Se está volviendo una especie de ídolo gay onda Paco Jamandreu", dice, por ejemplo, el escritor uruguayo José Arenas, que ha seguido el fenómeno de Jorge con atención. "Es increíble, es intrigante e impresionante el magnetismo que tiene con su bizarra elegancia”.

Pero la ola no es uniforme, porque el 17 de agosto Jorge se cansó y avisó: paren un poco. Es así que un sábado mira a la cámara y editorializa.

Yo les quiero decir algo, y esto se los digo en confianza. He recibido mensajes de todo tipo, referente a que quieren hablar conmigo, estar conmigo, hacerme una nota, lo que sea. Yo les quiero decir algo en broma, una broma seria: yo soy Mirtha Legrand, supónganse. Entonces, tienen que hablar con mis representantes. El otro día me llegó un llamado para ir a Argentina. ¿Qué, voy a salir en bote a hacer la entrevista? No, eso hay que programarlo. Hablen con mi productor. Porque esto como que ya llegó a más extremos de lo que nosotros pensamos. Si cuatro o cinco me llaman por día, me parece que es mucho.

Lo dijo un poco en broma y un poco en serio.

***

La casa en la que nació es en la que vive ahora y en la que vivió toda su vida. En una esquina de la ciudad, a tres cuadras de la Plaza Artigas, el barrio se transformó y los terrenos baldíos se fueron sembrando de cemento, pero él sigue estando detrás de la misma puerta de chapa amarilla de siempre. Hace 82 años.

Un jueves de setiembre abre esa puerta mientras un falso mormazo de principios de primavera se repliega en la capital sanducera. Traje azul oscuro de terciopelo, camisa blanca impoluta, corbata turquesa. El tour por su hogar es breve, se limita a los altares que reposan bajo la luz fría de una araña de dos brazos. El catálogo incluye una placa dedicada por sus compañeros del hospital. Una foto suya junto a Susana Giménez. Una réplica de la estrella que forma parte del nuevo paseo de los ilustres en el shopping sanducero. Un pin de la Teletón. Velas, estampitas de San Expedito, un reconocimiento de la Junta Departamental, retratos: muchos retratos suyos. También hay cosas que no están a la vista pero que promete mostrar: recortes de diarios que evidencian su carrera, la colección de trajes, una bata de seda que le trajeron de China y que no usa porque le parece un desperdicio andar con ella de entre casa.

—Me parece ridículo usarla acá. La tengo guardada como un tesoro. Y tengo otras también, pero esa es muy linda porque tiene el dragón dorado atrás, ahora te la muestro.

La bata juega un rol más importante de lo que parece en esta historia porque quienes se la regalaron fueron los primeros en avisarle que, en algún momento del 2026, Jorge había roto las fronteras del departamento, del país, y había llegado a la televisión argentina.

—Estaba yo acá en mi casa, era la 1 y media de la tarde, y suena el teléfono. Me dicen: "Poné América, poné América, poné América". Yo puse América y ahí estaba yo.

—¿Y qué pensaste?

—Yo pensé “qué impresionante, estoy en América". Fue una sorpresa, realmente. Pero también Martín Cirio ya había hecho algo antes de eso, me había descubierto, como quien dice. Porque ya me había viralizado y todo lo demás. A él le encantó, estaba enloquecido.

Si uno teclea en Google la fórmula Martín Cirio + Jorge Armentano, y obvia la respuesta de la Inteligencia Artificial, pronto se encontrará con reacciones del streamer argentino a videos donde, por ejemplo, se puede ver bailando a Jorge al estilo flamenco en la entrega de la Miss Teenager en el teatro Florencio Sánchez de Paysandú. Porque si a Jorge lo invitás, él está. Y si le pedís que baile, él va a bailar.

—¿Te era familiar el término "viralidad"?

—Sí, yo siempre lo tuve en mente, pero nunca pensé que...

—Nunca te imaginaste que te ibas a volver viral.

—¡No! Tengo un ahijado que es actor, está trabajando en el Colón. Trabaja en lugares grandes con muchos artistas. Y los amigos le dicen: "Ahora tu padrino te ganó porque es mucho más famoso que vos". Porque él actúa con muchos artistas, hizo en Telefe una tira de esas que dan todos los días. Actuó con una muchacha muy conocida, no me acuerdo el nombre ahora, pero muy conocida, venezolana. Él hacía de secretario de ella en la novela. Ahora hizo una obra nueva en el Colón, hace poquitos días que empezó y está actuando.

—Hace un rato decías que la situación era “demasiado”. ¿Qué te genera este ruido? Porque acá en Paysandú te conocen hace muchísimos años y entiendo que estás un poco acostumbrado. Pero ahora cambió.

—Cambió, lógicamente.

—¿Y te cansa?

—La verdad que no me cansa para nada. Porque pienso que además todo esto de hacerme famoso empezó con la parte del hospital.

La parte del hospital implica ir hacia atrás. Bastante hacia atrás.

***

El padre de Jorge abandonó a su madre con tres meses de embarazo. Dice que se fue a Montevideo, y que él tomó una decisión cuando creció y lo supo: no hacerlo parte de su vida. Por eso, su apellido es el de su madre, y su vida fue ella y la familia materna. Con ellos se crio. En la casa de la puerta amarilla.

Paysandú en 1960, cuando Jorge tenía 16 años, era bastante distinto a como es hoy. Y las sensibilidades también. Él siempre tuvo las cosas claras, por ende, lo dice sin tapujos: durante buena parte de su juventud estuvo “prohibido”. Esa es la palabra que elige.

—Te lo explico clarito. Cuando yo tenía 16 años, fui bien explícito y sincero. Yo siempre dije que ser auténtico me sirvió. Una vez vinieron los Midachi a mi programa y Miguel del Sel me dijo algo que me quedó grabado: "Realmente te felicito, porque haber sido como sos, en los años 60, solamente vos pudiste hacerlo". Porque era de terror. Estaba prohibido realmente.

—¿Te referís a tu orientación sexual?

—Sí. Y en el interior siempre es más difícil. Yo sabía que tenía que imponerme y lograr que la gente se diera cuenta que detrás de una persona así, yo era lo que era. Porque no te olvides de que siempre hay chusmerío. Y más en ese tiempo. Cuando yo entré al hospital, tenía 18 años. Era un gurí.

—¿Sentis que mostrarte de forma auténtica pudo haber ayudado a otras personas que también estaban en la misma situación que vos?

—Pienso que ayudó a mucha gente que estaba con duda. Pero a mí lo que me ayudó fue esta casa donde nací. Me ayudó mi familia. Yo tuve una familia muy especial en comparación con otros. Yo tenía amigos a los que su familia los trataba muy mal y los hermanos los destrataban totalmente. En cambio, mi mamá era adorable, mi tía adorable. Pero la que comandaba todo era mi abuela. Y ella me dio todo, todo, todo. Yo digo siempre que viví como un rico sin ser rico. Me tejían un pullover cada diez días.

En un momento de la conversación, un hombre cruza de uno de los dormitorios que se conectan con el living y entra en la cocina. Se escucha una jarra de agua caliente burbujear.

—Él es Walter, mi compañero.

—¿Hace cuánto están juntos?

—Hace 63 años.

***

Jorge entró a trabajar en el laboratorio del Hospital Escuela del Litoral a los 18 años. Estuvo más de 50 años hasta que se tuvo que jubilar por cumplir 70. Uno de los primeros chispazos de fama está vinculado a su “mano” bien entrenada para vacunar o sacar sangre. Y uno de sus mejores recuerdos tiene que ver con un niño de dos años al que le salvó la vida justamente aplicando un aguja de 20 cm en una zona de la espalda particularmente delicada. En Paysandú lo recuerdan por eso, por sus clases de francés y por sus clases de Biología en el Liceo n°1. Pero sobre todo por la tele, siempre la tele.

Lo primero que hizo en ella fueron publicidades. Y las publicidades de Jorge siempre fueron memorables, antes y después: es fácil recordar aquella en la que visita una carnicería y se deslumbra por los cortes en vidriera, o esa en la que se lo ve llegando a un hotel de alta rotatividad con una mujer, desparramándose en una cama de dos plazas con una bata de terciopelo rojo, disfrutando con su acompañante un buen baño de burbujas en el jacuzzi.

Después vinieron, a fines de los 90, lecturas de poesía en el Día de la Madre o el Día de la Primavera. Y en el 2000 le llegó la oferta: un programa de televisión propio los sábados al mediodía. Sueño cumplido.

—Me dieron 15 días para pensar un nombre. Estuve todo el plazo dándole vueltas, porque todos me parecían que no, que ya existían. Pensé en La vida es bella, en Viva la vida y en algún momento pensé: "Si estamos en una fiesta, todo el mundo puede decir: Hay que vivir la vida". Me gustó. Vivir la vida. Y sirvió. Y estuvimos 20 años.

Después de sus primeras temporadas, Vivir la vida pasó de Canal 4 a Canal 3 de Paysandú y se convirtió en Vive la vida. La pandemia cerró ese ciclo, y a la vuelta de la normalidad el conductor se pasó al horario nocturno con La noche de Jorge, donde todavía sigue.

—Vos sabías antes de llegar a ella que había algo en la televisión que te estaba esperando.

—Pienso que sí. Y cuando en El Telégrafo me hicieron una nota y pusieron Jorge Armentano, el hombre televisión, yo dije: sí, es así.

Walter aparece una vez más en el campo de visión de Jorge y cruzan unas palabras. El conductor se lo queda mirando. Después baja la cabeza. Piensa. Repasa su vida como animador de fiestas, otra de sus facetas. Es algo que le llegó antes de la televisión. Le llegó por el hospital, también. Fue durante una fiesta de fin de año de la Asociación de Funcionarios de la Salud. La cosa estaba aburrida y alguien le pidió que subiera al escenario a decir alguna cosa, a levantar la cuestión. Jorge terminó premiando a “la dama y el caballero de la noche” y se ganó una fama automática de revividor de fiestas. A partir de ahí fue difícil no cruzarlo en casamientos, eventos de trabajo, fiestas de fin de año o cumpleaños de 15 nunca fue raro. Se convirtió en otra fuente laboral. Y de allí vienen algunas de sus señas de identidad, como desparramar perfume sobre los invitados, o la propia aparición de ese leit motiv que se perpetúa: SUB-YU-GAN-TE.

—Walter me ha entendido siempre, y me ha soportado mucho. Hubo momentos en los cuales yo volvía viernes, sábado y domingo a las 7 y media de la mañana de las fiestas. Hoy no voy a ser tan idiota de querer hacer lo que hacía cuando tenía 40 o 50 años. No se puede porque la salud te dice que no.

***

A Jorge nunca lo agarraron mal vestido. Mal aprontado. Nunca llegó al hospital, al Liceo, a la televisión o a una fiesta desarreglado. Y si tenía la oportunidad, le gustaba deslumbrar. Ser el centro de las miradas. En buena medida, eso atrajo los ojos del mundo a él. ¿Quién es este hombre que se viste así, que se peina así, que evidentemente tiene un amor por el autocuidado que excede a lo que, en el más bien desarreglado universo de la televisión del interior, destaca por encima de los demás? En su video viral junto a Vale Sulca, la segunda parte del clip lo encuentra todavía más brillante: un traje de lentejuelas amarillo, una peluca más rubia, a tono con la ocasión.

—¿Qué tanto te importa el estilo?

—Siempre me preocupé. Es decir, si yo me pongo, por ejemplo, un traje violeta, no me pondría nunca un anillo amarillo.

—¿Tenés muchos anillos?

—Tengo muchísimos, unos 50 anillos. Y van haciendo juego con la ropa. Hoy los anillos son de este color violáceo porque me puse violeta. Si me hubiese puesto una corbata amarilla, me pongo el topacio amarillo. O si es azul, me pongo el zafiro azul. Otra cosa: no se me ocurriría nunca salir a la calle mal vestido. Nunca se me ocurriría salir a la vereda de ojotas. Nunca, nunca. De ojotas ni a la vereda. Mirá, un día estaba en el baño, perfumándome y arreglándome. Entonces mi compañero me dice: "¿A dónde vas a salir?". "No, no, vi que hay una bolsa de basura en la cocina y la voy a tirar". "¿Te estás perfumando para ir a tirar la basura en la volqueta de enfrente?". Y sí, pero yo estaba seguro de que me iba a quedar charlando con alguna de las vecinas y en vez de oler a pescado o a basura iban a oler mi perfume.

—O sea que nunca te van a agarrar mal vestido. O con olor.

—Nunca. Siempre bien vestido.

—Y el pelo cuidado.

—Siempre me cuidé el pelo. Tuve la suerte de encontrar peluqueros en Buenos Aires que me hicieron prótesis, acá en Paysandú también, me ayudaron siempre en la parte estética. Porque no podés pensar que si tenés mi edad podés verte de 40. Los años son los años, pero dentro de lo posible, con buenas cremas.

***

Ya es de noche en Paysandú. El jueves termina. La entrevista también. Jorge abre la puerta amarilla, el perfume que se puso sigue flotando a su alrededor. Flota como él, en esta ciudad de la que no se fue, no se va y que sigue siendo el lugar en el que más le importa ser viral.

—Yo en Paysandú hice todo, y lo sigo haciendo. Tengo mucha gente que me quiere, que me apoya, que me sigue, chiquilines de 14 o 16 años que miran el programa. En fin, viste que yo me siento bien en Paysandú. Nunca pensé tampoco en trascender fronteras. Al final es eso, sucedieron cosas.

Temas:

Jorge Armentano Paysandú Televisión interior

Seguí leyendo