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GRACIAS. La palabra la lleva tatuada sobre la piel como una forma de pararse frente a la vida. Sandra Mihanovich, en el umbral de los 69 años, agradece “el privilegio” de vivir la vida que le ha tocado vivir. Un recorrido artístico que la ha convertido en una de las voces características de la música Argentina. Y un ícono para quienes escuchan en sus canciones todo aquello que quieren decir.

Este año tiene preparada una noche especial para festejar su cumpleaños: una celebración sinfónica de un disco legendario en la música argentina, Soy lo que soy, en el Auditorio nacional del Sodre.

Tenía muchas ganas de hacer este espectáculo. No es fácil, es un trabajo que supongo que económicamente no va a ser redituable pero vamos a poder, si Dios quiere, que todo quede como estaba. Vamos a hacer como 25 personas en el escenario, una orquesta con cuerdas, con vientos. Para mí es el sueño”.

Un sueño que pudo concretar en el Teatro Ópera en 2024, un espectáculo que fue grabado y está listo para subir a plataformas después de que el público uruguayo experimente la sorpresa de la versión orquestal de un hito musical.

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El disco, el cuarto álbum de su carrera publicado en 1984, contó entonces con los arreglos de Leo Sujatovich y Ángel Mahler. “En ese disco convivieron los dos, lo cual fue bastante llamativo porque eran estilísticamente bastante distintos pero coincidieron en decir que habían hecho los arreglos para Sandra”, dice con un cariño que se sostiene en sus palabras. Ahora, para volver a trabajar en las canciones del disco, convocó a Sujatovich para potenciar esa sonoridad y darle el marco orquestal que la envolverá en el show en vivo.

“Siento que es un regalo que Uruguay me hace a mí. Siento que Uruguay me festeja mi cumpleaños”, dice con una sonrisa, mientras Montevideo aparece detrás de ella en la ventana.

Sobre su espectáculo en el Auditorio del Sodre, los 40 años de Soy lo que soy, la necesidad del arte y el vínculo de Uruguay en su música, Sandra Mihanovich habló con El Observador.

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¿Cómo es para vos revisitar tu propia obra y, en algún punto, ponerte enfrente de aquella Sandra que eras cuando sacaste el disco en 1984?

Es hermoso. Me reconozco, me reencuentro conmigo. Me hace recordar el contexto aquel, aquello que vivía, aquello que sentía. Difícilmente hago un disco temático, pero sí me sucede que al terminar de seleccionar las canciones digo uy, mirá lo que se desprende de acá. Ese era un disco que tenía varias canciones de comedias musicales: Soy lo que soy es de La jaula de las locas. Hay canciones que de alguna forma son teatrales pero relatan situaciones. De repente Por qué de Calígula –una canción que habla de la omnipotencia de Calígula y habla del por qué no poder procrearme– puede estar relacionado con Soy lo que soy. Todas las canciones tienen que ver con todo.

Hay dos canciones en particular que tienen que ver con el contexto. En el 84 fue el año en el que recuperamos la democracia en Argentina. El proceso de salida de las dictaduras militares estaba ahí. Entonces este Soy lo que soy también abarcaba más que el tema de la sexualidad: ser una persona que no quiere que le impongan, que no quiere que le digan, que no quiere que le prohíban, que no quiere que le coarten la vida. Ahí me encontré con dos poemas muy bellos de dos escritoras uruguayas. Una de ellas era Débora Céspedes, que escribió el poema Nacer de nuevo para una amiga que había estado privada de su libertad por problemas políticos. Ese poema me encantó, Leo Sujatovich hizo el arreglo original y me dio mucha alegría cantar esa canción.

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Por otro lado, trabajando como actriz en un canal de televisión en Buenos Aires, me encuentro con Adela Grejer. No sé qué conversación tuvimos ni por qué ella me lo mostró, pero me mostró Se metieron con todo. Me pareció tan hermosa la manera de describir el horror, tan sutil, sin gritos, sin putear. Era una situación invasiva absoluta, el no respeto, el abuso, pero desde lo cotidiano, desde lo pequeño, que me pareció una belleza maravillosa. Es buenísima esa canción y me da mucho orgullo haberla cantado, porque siento que las palabras tienen música y entonces encontrarle la música a las palabras me parece algo hermoso.

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A mí siempre me gustó cantarle al amor tratando de que fuera un encare original. No por la sexualidad, sino porque quería salirme del lugar trillado. Encontré muchas canciones a lo largo de mi vida, tengo 22 discos grabados y soy fundamentalmente intérprete, con lo cual pude abordar muchos autores maravillosos, muchos de ellos a los cuales les pude estrenar las canciones. A veces dicen ah, ese tema es de Sandra. Mil veces lloro es de Sandra Mianovich; no, es de Alejandro Lerner. Es la vida que me alcanza es de Sandra Mianovich; no, es de Celeste Carballo. Puerto Pollensa es de Sandra; no, es de Marilina Ross. He podido armar un repertorio que me permitió una identidad como cantante, como intérprete, y que me ha permitido decir todo lo que he querido decir a lo largo de mi vida.

En la salida de este disco nos situábamos en la Argentina de 1984. ¿Cómo fue para vos sacar este disco en ese contexto? ¿Sentías algún tipo de presión desde la industria?

La industria siempre me acompañó y me respetó. Mi productor era Ricardo Kleinman, era un hombre que era un gran melómano. Para él el juego de poner una canción, darla a conocer y ver lo que pasaba era maravilloso. Era un productor que no venía al estudio de grabación y musicalmente te dejaba hacer lo que vos querías. A lo largo de toda mi vida tengo que decir que nunca canté nada que no quisiera cantar, eso es una suerte bárbara. Fui siempre muy respetada, me sugirieron cosas y las contemplé, las elegí o no. Y la verdad es que esa libertad fue muy amorosa y muy linda porque me sentí acompañada. Hacía un poco lo que quería, pero tenía una red de contención.

Soy lo que soy fue mi anteúltimo disco de Microfón, la compañía discográfica con la que saqué cuatro discos y me da mucho orgullo decir que dos de ellos los reeditaron en vinilo. Después pasé a RCA, que fue como el pase de los futbolistas; un pase a una compañía multinacional. Pero Microfón era una compañía argentina que le daba mucha bola a la música nacional de todos los géneros, entonces cuando salió estaba respaldada y muy rápidamente la gente se adhirió. Siento que era una cuestión cultural. Era un momento en el que todos queríamos decir algo. Veníamos de la dictadura, de lo cerrado: No podés leer esto, no podés decir esto, no podés nombrar a tal, no podés ir a tal lado. No podés. Entonces de pronto esta canción proponía exactamente lo contrario.

Una canción que encontraste en una discoteca de Río de Janeiro.

Discoteca gay, Río de Janeiro, drag queen haciendo la mímica de Gloria Gaynor. Si no la primera era la segunda vez que iba a una discoteca gay en mi vida, no era algo habitual ni recurrente para mí. Justamente Ricardo Kleinman tenía un departamento precioso en Río, entonces nos invitó y fuimos.

También es una canción que te ha unido a otras generaciones de artistas. La cantaste, por ejemplo, junto a Lali en el Estadio de Vélez frente a 50 mil personas.

Una de las preguntas típicas es ¿con quién de los artistas nuevos te gustaría cantar? ¿Qué opinás? Yo dije que una de las artistas que haría honor a Soy lo que soy es Lali, que me parece que tiene mucha personalidad, mucha polenta, y se la re banca. En noviembre o en octubre del año pasado me llamó para decirme que iba a cantar en Vélez y si quería cantar con ella. Nunca había cantado en una cancha de fútbol. Nosotros no somos la generación de cantar en estadio de fútbol, venimos de otro palo, de otro lugar. Y fue una experiencia divina. El cariño, el respeto, la profesionalidad de todo el equipo de Lali, fue hermosa. Y los que están alrededor son la imagen y semejanza del líder. Músicos talentosos, toda la parafernalia de drag queens y de gente de todos los colores, tamaños y formas. Fue una celebración hermosa. Yo la disfruté mucho. Me escribían y me decían “estaba mi nena y yo le dije, ¿viste, viste? Esa es Sandra, que yo escuchaba cuando era joven”. Mortal. Le digo a Lali: "Tenés que explicarles quién soy, porque no van a saber". "Vos quedate tranquila, van a saber". Fue una linda sorpresa.

Hablamos por un lado del difícil contexto en el que salió el disco. También sobre esta artista que se la banca en un contexto con otras dificultades, totalmente diferentes, pero que también es bastante complejo para algunos artistas. ¿Cómo es para vos cantar ahora?

La música siempre es un lugar de felicidad y siempre es un lugar de encuentro, de expresar mis sentimientos y muchas veces es de resistencia también. Más allá de todas las cuestiones políticas e ideológicas en las que no me quiero meter, hay un cierto concepto presente donde se entiende que la música es un gasto, entonces hay que recortar gastos. Estamos viviendo en un contexto mundial muy loco y muy feo, muy desagradable. Y yo creo que lo nuestro es seguir en la misma: seguir haciendo lo que hacemos, ocupar los lugares, no aislarnos, encontrarnos con el otro. Creo que todo eso es muy válido, positivo. La cultura no podrán jamás sacarla, es nuestra expresión. Todo lo que es cortar, cercenar, podar, prohibir, lo podés hacer un ratito. A una canilla de agua le ponés un tapón y al ratito va a seguir saliendo el agua, no hay tapón que valga. El arte, además, es muy sanador, es muy importante. Y además es una industria, es un generador de laburo. Entiendo que hay prioridades, entiendo que seguramente la educación y la salud están en primer lugar, pero también la educación y la salud pasan por el arte. El arte como expresión de vida, expresión de identidad.

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¿Cómo te llevas con la categoría de ícono?

Asumo mi responsabilidad, porque he hecho todo desde mis necesidades personales. Ocupo mi lugar y trato de entender cuál es el lugar que me corresponde. Entonces, de repente, hay mucha gente que me dice “vos no venís a las marchas, no estás en el colectivo”. Digo, "bueno, porque yo no soy militante gay". Yo canto mis canciones. Mi militancia no es ir a una marcha, porque cada uno tiene un lugar donde quiere estar y donde puede estar. Yo no me asumo tanto como ícono, pero sí me siento canal. Siento que por la vida que me ha tocado vivir y por la que he tenido el privilegio de vivir y que vivo, me ha tocado estar en un lugar de ser canal y de conectar. De conectar cosas con cosas, partes con partes. Y eso me hace muy feliz. Me encanta.

Sonsoles Rey acaba de publicar De nuevo sale el sol, un libro sobre una historia se entrelaza muy de cerca con la tuya. ¿Cómo fue para vos también atravesar esa situación? ¿Qué aprendizajes has tenido de esa decisión de donar una parte de ti para que otra persona continúe?

Eso fue una oportunidad extraordinaria, una oportunidad maravillosa que tomé y que fue una suerte de milagro, una suerte de alineación de energías, de planetas donde tuvimos la compatibilidad necesaria, la salud suficiente y me cambió un poco la mirada de la vida. Sentí que me despertaba diciendo gracias y que todo lo que pasaba había que agradecerlo. Yo me lo escribí (ndr. toca el tatuaje en su brazo) y es como si eso hubiera potenciado toda mi vida. Esa sí es una militancia que adopté: la militancia de la donación de órganos, porque me parece que es algo maravilloso pensar que podemos dar vida cuando ya no tenemos vida, colaborar para que alguien tenga mejor calidad de vida o continúe con su vida. Es una trascendencia extraordinaria. Todas esas cosas se han ido sumando. El hecho de que yo fuera alguien conocido hizo que tuviéramos como una especie de campaña natural de marketing muy fuerte. Es una chica con mucha fuerza, es muy inteligente, que la vida la cacheteó un montón y que ella con los cachetazos aprendió un montón de cosas. Es otra cosa para agradecer.

¿Tu vínculo con Uruguay empieza, de alguna forma, con una canción de Eduardo Mateo?

Horacio Molina, cantor, guitarrista, músico extraordinario, que estaba en ese momento en pareja con Vera Sienra, me enseñó Y hoy te vi. Fue una de las primeras canciones que canté porque yo todavía no era cantante profesional, había terminado la escuela secundaria, vinieron a mi casa a filmar una película –Sola, de Raúl de la Torre, con Graciela Borges, Marta Bianchi. Entonces, la Borges conocía a mi familia y sabía que yo cantaba. Decía, ay, amorosa, me podés cantar una canción, porque tenía que hacer una escena en el living de mi casa, que usaban de escenografía. Yo me senté a un costadito, y se me ocurrió cantar Y hoy te vi, porque me parecía que era adecuada para el clima que ella quería tener. Canté la canción 18 millones de veces. La eligieron para que fuera el leitmotiv de la película y esto sucedió antes que yo empezara a cantar. Cuando grabé mi segundo disco, que fue Pollensa, tenía esta canción que es una joya, es una belleza absoluta. Me acompaña hasta el día de hoy.

¿Qué le dirías ahora a esa muchacha que está en la tapa del disco?

Está bueno, quedate tranquila. No te la creas, porque en esa época me parece que estabas un poco agrandadita. Ojo con el agrande, Sandrita, no te hagas la viva; que te van a pasar muchas cosas lindas, pero tenés que caminar tranquila. Sin prisa, pero sin pausa.

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Sandra Mihanovich Soy lo que soy

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