La mañana de este viernes tiene algo diferente en el aire. No es la humedad densa que lo cubre todo, sino más bien una pregunta en la boca de un vecino. En el barrio se empieza a correr el rumor: en la plaza Delmira Agustini va a tocar No Te Va Gustar.
“¡Vení, que está Emiliano!”, le grita una vecina a otra desde la mitad de la calle mientras agita los brazos sobre su cabeza, como intentando disipar la niebla gris que la rodea. Emiliano Brancciari firma autógrafos y aparece en las selfies de los vecinos que se acercan a esa escalera del centro cultural.
Una mujer aparece entre la gente con una firma en su antebrazo izquierdo que se transformará en un tatuaje. Un grupo de liceales se amontonan entre los juegos de la plaza del barrio y acuerdan ir a verlos al Velódromo, mientras dos señoras de bastón buscan una silla donde sentarse y un padre mece a una pequeña niña sobre sus hombros. El barrio está en la plaza. Niños, adolescentes y adultos esperan que ahí, en la puerta de sus casas, toque una de las bandas de rock más importantes del país.
El único sol en vista es el de la portada de Solo de noche, el primer álbum de No Te Va Gustar, que un hombre sostiene sobre su pecho.
Pasaron casi 32 años desde que Brancciari subió junto a Mateo Moreno y Pablo “Chamaco” Abdala en el techo de esa biblioteca barrial para estrenarse como una incipiente banda estudiantil. “Armamos la banda para tocar ese día. Era un espectáculo que organizaba el gremio del liceo para recaudar fondos para esta biblioteca. No sé si se recaudaron muchos fondos, pero estuvo bueno. Una tarde-noche muy fría también, se jugaba otro mundial”, contó el vocalista durante el homenaje.
La noche del 25 de junio de 1994 –la misma que Diego Armando Maradona fue expulsado del Mundial por dopaje– sería una de las noches más frías del año. El line up del festival liceal comenzaba con una performance experimental del grupo de teatro del Liceo 10, a la que le seguía No Te Va Gustar antes de Cerrado por Duelo y los Amables Donantes.
Una noche intensa de vino cortado y rock and roll en medio de una adolescencia curtiendo la música y el barrio. Una noche, no lo sabrían entonces, determinante. “Hacía un frío bárbaro. No nos conocía nadie, salvo los amigos del liceo. Era el primer show. Nos faltó el baterista y yo le pedí a Pablo, por favor, que tocara porque no había venido el batero y ahí empezó. Nos formamos para tocar ese día nada más y después seguimos, hasta ahora", recordó Brancciari en rueda de prensa luego del evento.
La banda tenía entonces la siguiente formación de estudiantes del Liceo 10: "El Fercho" en el bajo, Jorge Larrosa en guitarra y armónica, y Darío Prieto en lo que denominan “tareas varias”. Emiliano recurrió entonces a "El Chamaco" para la batería, pero le dijo que no. Que ya tenía su banda. Pero cuando "El Loche" no apareció esa noche lograron convencerlo al lado de la escalera del escenario para que aceptara tocar con ellos un repertorio de versiones que incluyó Heroina de Sumo, Good Golly Miss Molly de Little Richard, Come Together de los Beatles, Foxy Lady de Jimmy Hendrix y Aladelta de Divididos.
“La ilusión general, de verdad, era estar juntos. Esa era la ilusión, mantenernos juntos ante todas las incertidumbres que había hacia adelante”, dijo Abdala a la prensa.
Esta mañana, No Te Va Gustar volvió a sonar en esa porción de ciudad en el límite contestado entre Buceo y Malvín. Ahora, más de tres décadas después y a impulso de Marcelo Seferino, las autoridades de la Intendencia de Montevideo en coordinación con el Centro Cultural Delmira Agustini, el Concejo Vecinal Nº 7 y el Municipio E descubrieron una placa en homenaje a la banda uruguaya que se convirtió en uno de los proyectos artísticos más grandes del país.
Seferino, amigo de la banda y concejal vecinal, murió hace unos meses y el homenaje de esta mañana también se extendió en un emotivo recuerdo para un vecino "inolvidable". Y esa emoción por partida doble era palpable entre la gente que seguía llegando a la plaza.
“Bueno, vamos a tocar algo”, dijo Brancciari para dar inicio a una rareza. Un pequeño concierto, íntimo y cercano, con una banda de dimensiones de estadio. Un encuentro vecinal, comunitario, en el que tres décadas de trayectoria regresaron momentáneamente al inicio. Detrás de ellos apenas se adivinan las palabras de Delmira Agustini en un mural que encuadra la banda en su regreso: Si la vida es amor, ¡bendita sea! ¡Quiero más vida para amar! (Explosión, 1907).
Esta vez no hicieron versiones, interpretaron parte del repertorio que convirtió a No Te Va Gustar en una banda de relevancia internacional: Verte reír, A las nueve, Clara –con la participación del Chamaco en la batería–, Tan lejos y el cierre con Cielo de un solo color. En pleno clima mundialista, algunas personas terminaron agitando remeras de Uruguay y banderas que llegaron hasta el escenario.
“Fue una alegría enorme estar tocando en el barrio, en nuestra casa”, dijo Brancciari antes de cerrar el pequeño show sobre el mismo suelo en el que tocó por primera vez con No era cierto. Y el barrio cantando “volvé a tu casa cuando quieras”.
“Es una felicidad enorme recibir un reconocimiento así, donde todo nació. Así que estamos muy felices”, valoró Brancciari a la prensa luego del show. “Son muchos recuerdos, sobre todo esto es una iniciativa que hizo un amigo nuestro de aquella época que se llama Marcelo Seferino, la persona a quien queremos y quisimos mucho, que se murió hace un tiempo ya, entonces es una cosa doblemente emocionante", agregó Abdala.
Además de la felicidad, Emiliano Brancciari destacó el "orgullo" que representó regresar a ese lugar como banda. “Orgullo de seguir juntos, de que eso que empezó jugando siga siendo lo que nos lleva adelante como familia, como grupo unido que somos y con el amor del público, eso es maravilloso”.
Ya en el final, la banda volvió a agradecer al barrio que la vio nacer. La gente empezó a dispersarse y la calma de la vecindad retomó su cause natural. Pero algo ya había pasado, un evento que lo había alterado todo: se había recuperado una porción de historia de la música contemporánea. El rescate de la memoria colectiva de un barrio de Montevideo.
*La historia completa del primer show de No Te Va Gustar la podés leer en esta nota.