El dólar se mueve entre fuerzas que tiran en direcciones opuestas a nivel global. En Uruguay, mientras tanto, la cotización se mantiene cerca de los $ 40, con escasos movimientos diarios y una suba moderada en lo que va del año.

Las decisiones sobre las tasas de interés en Estados Unidos y la evolución del real brasileño son dos de las principales señales externas que pueden incidir sobre el mercado cambiario local.

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Uno de los principales focos de atención está en Estados Unidos, donde la Reserva Federal (Fed) volvió a subir las tasas de interés en setiembre, en un contexto de inflación persistente. El aumento puede hacer más atractivos los activos en dólares y favorecer a la moneda estadounidense.

Sin embargo, hay otros factores que pueden jugar en sentido contrario. Los temores a una desaceleración de la economía estadounidense frente a otros mercados, el elevado endeudamiento fiscal y la diversificación gradual de las reservas hacia otras monedas y activos, como el oro, pueden debilitar al dólar.

A esto se suma su papel tradicional como activo de refugio en momentos de tensión geopolítica, que puede sostener la demanda cuando aumenta la incertidumbre internacional.

En definitiva, el rumbo dependerá de cuál de estas fuerzas termine predominando. Si las tasas siguen subiendo y los rendimientos en dólares aumentan, la moneda podría fortalecerse y presionar al alza los tipos de cambio. En cambio, si ganan peso los factores que favorecen su debilitamiento, el efecto podría ser el contrario.

Además de Estados Unidos, Brasil ocupa un lugar central en la evolución del mercado cambiario uruguayo. El real es la moneda regional que presenta una mayor correlación con el peso uruguayo, por lo que sus movimientos son una referencia importante para entender lo que sucede a nivel local.

En ese contexto, el fortalecimiento reciente del real y las expectativas del mercado ante una eventual victoria de Flávio Bolsonaro en las elecciones presidenciales brasileñas del próximo domingo han alimentado las perspectivas de una mayor apreciación de la moneda brasileña. Si esa tendencia se mantiene, podría favorecer al peso uruguayo al reducir el riesgo de que se vea arrastrado por una depreciación del real.

Sin embargo, ese efecto no está garantizado. La evolución de Brasil debe analizarse junto con lo que ocurra en los mercados internacionales, en particular con las decisiones de la Fed y el comportamiento de las tasas de interés en Estados Unidos.

Así, el mercado cambiario uruguayo queda expuesto a señales que pueden operar en sentidos opuestos: un real más fuerte podría moderar las presiones sobre el peso, mientras que un endurecimiento de las condiciones financieras internacionales podría impulsar al dólar.

Las expectativas relevadas por el Banco Central del Uruguay (BCU) en su encuesta de octubre apuntan a una suba moderada de la cotización. La mediana de las proyecciones ubica al dólar en $ 40,50 al cierre de 2026 y en $ 41,39 al término de 2027. Para los próximos seis meses, la referencia es de $ 40,60.

Se trata de proyecciones sujetas a cambios según la evolución de los factores externos. Las decisiones sobre las tasas en Estados Unidos, el papel del dólar como activo de refugio y la situación cambiaria de Brasil estarán entre las variables a seguir.

Solaria y el dólar: ¿qué puede pasar ante una gran inversión?

El acuerdo anunciado por el gobierno con la empresa española Solaria, por una inversión de US$ 5.700 millones para desarrollar un parque tecnológico de centros de datos y generación solar, plantea una pregunta para el mercado cambiario: ¿puede una inversión de esta magnitud hacer bajar el dólar?

Si el proyecto se concreta, el ingreso de divisas podría aumentar la oferta de dólares y presionar su cotización a la baja. Incluso el anuncio puede influir en las expectativas del mercado antes de que lleguen los fondos. Sin embargo, el efecto dependerá de cómo avance la iniciativa y de los demás factores que inciden sobre el tipo de cambio.

Un antecedente es la confirmación de la segunda planta de celulosa de UPM, en julio de 2019, con una inversión anunciada de unos US$ 2.700 millones. Tras el anuncio, el dólar cayó $ 1, aunque más adelante volvió a subir en un contexto de crecimiento económico débil, incertidumbre electoral y riesgos vinculados al grado inversor de Uruguay.

El caso muestra que una inversión de gran porte puede influir en las expectativas cambiarias, pero no determina por sí sola el rumbo del dólar.

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