La Denominación de Origen Calificada (DOC) cava acaba de congelar la ampliación de su superficie vitícola durante los próximos años. No habrá nuevas hectáreas, no se sumarán nuevos viñedos al mapa del espumante español. La decisión, confirmada por el Consejo Regulador rompe con la lógica expansiva que durante décadas dominó al sector del vino. No es una medida defensiva: por el contrario, es una toma de posición, según dicen, para mantenerse vivos. El mensaje que quieren expresar es claro: no todo crecimiento mejora un producto.
Esta DOC, tiene características que la diferencian de casi todas las demás Denominaciones de Origen Protegidas (DOP) de Europa. Es singular porque no protege un área geográfica continua y delimitada (como Rioja o Ribera del Duero), es decir: no establece una región específica, sino un método de elaboración aplicado a municipios específicos repartidos por toda España. Mientras el champagne solo puede ser de la región de Champagne, el cava es una denominación "multizona" y puede ser de varios lugares distintos. Esa área hoy alcanza unas 38 mil hectáreas, con epicentro histórico en el Penedès (Cataluña), pero con presencia en zonas de Aragón, Comunidad Valenciana, Extremadura, La Rioja y Navarra.
Congelar su expansión territorial, es admitir que el valor del cava no está en sumar territorio, sino en mantener el prestigio y revalorizar el producto y su técnica de producción.
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Ciencia, levaduras y tiempo: el verdadero ADN del cava
El cava es un proceso técnico de enorme precisión. Elaborado por método tradicional, tras la segunda fermentación en botella, las levaduras que crean las burbujas mueren y se descomponen lentamente. A este proceso natural se lo llama autólisis. Durante ese tiempo, liberan sustancias que aportan más cuerpo, burbuja más fina y aromas que recuerdan al pan tostado o al pan brioche. Cuanto más larga es la crianza, más complejo y elegante resulta el cava. No es magia, es el tiempo trabajando en silencio.
El mínimo legal de crianza es de 9 meses, pero los cava Reserva, Gran Reserva y de Paraje Calificado duplican o triplican ese tiempo, alcanzando complejidades que durante años no fueron reconocidas. Es que en el pasado, en España, el acervo cultural lo asociaba al festejo simple, al consumo popular y no reparaba en el método artesanal y metódico de su producción.
La crisis como oportunidad, de eso sí sabe el cava
Históricamente, el cava surge a finales del siglo XIX, productores catalanes mediante, durante la crisis de la filoxera, inspirados por la técnica champenoise de sus vecinos franceses. Nos referimos a lo que fue una devastadora plaga de insectos que, a partir de mediados del siglo XIX, destruyó masivamente viñedos de Francia, Portugal y España. Entre los más afectados estuvo la industria vitivinícola catalana (especialmente en el Penedès). Fue en este preciso lugar donde lograron superarla prontamente al encontrar una solución: injertar cepas europeas (que daban buen vino) sobre portainjertos de vides americanas, que eran inmunes a la plaga. Ante la escasez del producto, decidieron adaptar el método francés a las variedades locales: Macabeo, Xarel·lo y Parellada, desarrollando nuevas técnicas y consolidando la producción de espumantes bajo el método tradicional (similar al champagne).
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Champagne, prosecco y cava: Tres espumantes, tres burbujas y tres relatos para abordar la mesa
El champagne, investido con su charme francés, no se bebe: se siente y presume. Frío, vertical, afilado, es el vino del protocolo y del poder, del podio y del brindis que marca un antes y un después. Su solemnidad construye estatus y distancia: se descorcha en situaciones especiales y se paga caro.
Italia, en cambio, entendió otra cosa. Con el prosecco logró democratizar el lujo: método Charmat, frutales sin complejidad profunda, y burbuja amable. No pide silencio ni liturgia; pide hielo, aperitivo y conversación. Es rápido, expansivo, cotidiano. Para disfrutarlo hoy.
Nuestro cava quedó en el lugar más incómodo, pero tal vez, el más interesante. Tiene la complejidad técnica del champagne, pero la cercanía mediterránea del consumo diario. Acompaña toda la comida, dialoga con la gastronomía, aunque durante años se bebió “sin escucharlo”. Fue tan próximo y accesible, que se volvió invisible. El desafío hoy es romper ese silencio y devolverle voz y relato. Y vaya si hace ruido. Hoy España produce alrededor de 240 millones de botellas de cava al año, con más del 60 % destinado a la exportación. En el consumo interno, Cataluña lidera, seguida por Madrid, Comunidad Valenciana y Andalucía.
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La quietud como forma de futuro
Congelar la expansión del cava no es frenar su historia, sino ordenar su desarrollo y fortalecer su crecimiento. Es aceptar que una denominación también se construye diciendo no, protegiendo el terruño del viñedo y respetando el tiempo y paciencia de una botella.
Mientras otros espumantes buscan volumen, el cava empieza a buscar nueva trascendencia. Y en ese gesto, discreto, técnico, casi antipático, hay una madurez poco frecuente en los mercados ávidos por crecer y vender a cualquier precio.
El cava seguirá burbujeando. Pero ahora lo hará sabiendo exactamente de dónde viene, cuánto importa ese sorbo que se hizo esperar y por qué no todo brindis necesita ruido para tener prestigio.