Casi todas las fiestas celebran a la comida, o con la comida, y luego está la Tomatina, que la festeja arrojándola a la cara del vecino. El último miércoles de agosto, este año el 26, la localidad valenciana de Buñol, de apenas nueve mil habitantes, se convierte en el escenario de la batalla vegetal más famosa del planeta.

Durante exactamente una hora, más de veinte mil personas se lanzan más de 120.000 kilos de tomate maduro hasta convertir las calles en una laguna roja. Visto desde fuera, es una insensatez maravillosa. Visto desde dentro, una catarsis colectiva que el propio pueblo define, casi en broma, como una "tomaterapia".

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De cómo una pelea callejera se convirtió en una Fiesta de Interés Turístico Internacional

El origen, como casi todo lo bueno, fue un accidente. Cuentan que en 1945, durante un desfile de gigantes y cabezudos en la plaza del pueblo, un joven cayó al suelo y, enfurecido, empezó a repartir golpes; cerca había un puesto de verduras y la cosa escaló y acabó en una batalla de tomates hasta que llegó la ley.

Al año siguiente, como a muchos les había parecido divertido, lo repitieron por gusto, llevando los tomates de casa. La policía lo prohibió varias veces y el pueblo entonces respondió con un "entierro del tomate", féretro y marcha fúnebre incluidos, hasta que en los años cincuenta se rindió ante la evidencia.

La fiesta saltó a la fama a nivel nacional en 1983, cuando un reportaje del programa "Informe Semanal" la mostró a toda España. Era lo que faltaba, a partir de ahí no dejó de crecer.

Lo que empezó como "travesura" hoy está declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional (2002) y atrae a participantes de más de noventa países. Desde 2013 hay aforo limitado y entrada obligatoria, precisamente para que la locura no se desborde más de lo que ya se desborda.

La batalla arranca con un pistoletazo que anuncia de salida para el desfile de los camiones cargados de tomate y con el "palo jabón", un mástil de madera engrasado, con un jamón en lo alto. Quien logra subir y desatar el premio se lo queda. Termina con un segundo cohete, tras el cual se detienen los ¨lanzamientos¨ y se da paso a los bomberos que baldean las calles para que el pueblo vuelva, mansamente, a ser un pueblo normal.

El tomate: Un dato que nadie te dice y por que fue considerado un veneno mortal

No es para escandalizarse, pero la cosa es así y suma una ironía perfecta para una fiesta tan alocada: los tomates que Buñol arroja al aire no son valencianos. La mayoría llegan en camiones desde Extremadura, y son variedades de bajo valor comercial, demasiado maduras para venderse pero ideales para reventar contra la humanidad de los vecinos sin hacer daño. Seis camiones los reparten por las calles como quien distribuye munición esencial. Es decir, España dedica un día entero a desperdiciar, con alegría y munición foránea, el fruto que el resto del año trata como un tesoro.

Es importante no olvidar lo que es un tomate, más allá del proyectil, y su peculiar historia.

Llegó a Europa desde América en el siglo XVI y entró precisamente por España, que durante décadas lo miró con recelo y lo cultivó sólo como planta ornamental, convencida de que aquella cosa roja, era pariente de plantas tóxicas y podría ser venenosa.

Cuentan que la aristocracia disfrutaba de sus banquetes sobre vajilla de peltre rica en plomo. Era el menaje que usaban las clases altas europeas. El tomate es una fruta muy ácida y al cortarlo en el plato, ese ácido liberaba poco a poco el plomo del metal (un proceso químico llamado lixiviación). El plomo se mezclaba con el jugo del tomate y los comensales se contaminaban poco a poco y en algunos casos morían tiempo después por saturnismo (envenenamiento por plomo).

Los médicos examinaban el cuerpo de la víctima, veían su rostro pálido y al consultar por su alimentación, en muchos casos aparecían los tomates y sentenciaban: “Ha sido la manzana venenosa”.

Nadie sospechó del plomo invisible que se había desprendido del metal. Durante un siglo más, los huertos cultivaron el fruto prohibido solo para decorar, temiendo a la joya roja.

Pasaron generaciones, y mucho hambre, hasta que el sur, sobre todo Andalucía, se atrevió a llevarlo del jardín al plato. Los agricultores lo comían a diario y no les pasaba nada, claro, no usaban vajilla de peltre, sino simplemente sus cuencos de barro cocido o madera.

Después del susto, la nueva vida del tomate

Una vez recuperado del susto histórico, el tomate se convirtió en columna vertebral de nuestra dieta. Es el alma del gazpacho y del salmorejo en los días de calor; la base de todo sofrito que se precie; el protagonista del pan con tomate catalán, y el complemento que aporta jugo y frescura a las ensaladas, conservas y guisos. Desde lo más simple, un tomate partido al medio con sal y aceite, a las recetas más sofisticadas, el tomate abarca toda la escala gastronómica sin despeinarse. Pocos ingredientes han pasado de ser sospechosos y mortales a imprescindibles con tanta naturalidad.

Estamos hablando pues del mismo fruto que un pueblo entero se tira hoy por la cabeza por diversión, y que el resto del año comparte nuestra mesa y nos maravilla en todas sus formas.

Ríos rojos y un placer indescriptible

Cuando termina el tiempo de la batalla, el agua de los bomberos inventa unos fugaces e impactantes ríos rojos. En Buñol no queda espacio para la tristeza: queda gente desconocida abrazada, manchada de pies a cabeza, todos teñidos de rojo y riéndose sin saber muy bien por qué pero sabiendo que han sido partícipes de algo único.

Sin duda debe haber algo de liberador en lanzarse esos “proyectiles” sin más motivo que el de pasarlo bien juntos. Es la audacia de dejar por un rato la compostura bien guardada en casa, bajo siete llaves junto al móvil. Y esté es el verdadero sentido de una fiesta tan absurda y tan querida.

Las mejores cosas de la vida rara vez son las más serias, o las más sesudas. Y quizás se trate de eso, que de vez en cuando conviene mancharse bien, reírse a carcajadas y dejarse llevar, como si fuéramos niños. Porque esos ratos compartidos, tontos e irrepetibles, son los que de verdad recordamos cuando nos invade el invierno y los años. No lo posterguemos más, vamos a por ello!

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