En su texto, publicado en el diario El Mundo, el autor de la célebre saga de las aventuras del capitán Alatriste, afirmó que la Academia “ha dejado de ejercer” su función histórica y que su lema ya no se cumple: “ya no limpia, ni fija, ni da esplendor”.
escribió, y denunció que se aceptan construcciones que antes habrían sido consideradas erróneas “no tras un debate lingüístico profundo, sino por presión externa”.
“Normativa laxa y ambigua”
El escritor acusó a la institución de haberse sometido al uso político, mediático y digital del lenguaje, lo que, a su juicio, generó “una normativa cada vez más laxa, ambigua y contradictoria”.
“El hablante queda sin referencias firmes, sometido a los vaivenes de las modas”, afirmó, antes de lanzar una de sus frases más filosas: “Un tertuliano, youtuber o influencer analfabeto puede tener más influencia lingüística que un premio Cervantes”.
“Talibanes del todo vale”
Pérez-Reverte dirigió sus críticas de manera directa a la RAE presidida por Santiago Muñoz Machado, a la que acusó de haber roto el equilibrio histórico entre lingüistas y creadores.
“La voz de los académicos escritores apenas cuenta hoy en la RAE”, “La voz de los académicos escritores apenas cuenta hoy en la RAE”,
denunció, y afirmó que el sector dominante en la institución, al que calificó como “los talibanes del todo vale”, ignora las advertencias sobre el empobrecimiento del idioma.
Aunque reconoció a Muñoz Machado “importantes logros”, como la “salvación económica” de la Academia, sostuvo que durante su mandato se quebró el “vínculo histórico y el respeto mutuo” entre creación literaria y técnica lingüística.
Titulares, redes y hechos consumados
El escritor cuestionó que decisiones normativas se justifiquen en titulares periodísticos mal redactados o en usos masivos de redes sociales, incluso cuando “contradicen principios sintácticos, semánticos o estilísticos largamente asentados”.
“Miedo a parecer elitistas”
Pérez-Reverte afirmó que la RAE actúa condicionada por el temor a ser vista como una institución elitista, conservadora o excluyente y sostuvo que por eso adopta un registro “cada vez más vulgar”, adaptado al lenguaje de redes sociales, con respuestas “rápidas, ingeniosas y a menudo superficiales”.
El abandono del esplendor
Para el autor, lo más grave es la renuncia al “esplendor”. Vinculó este fenómeno al lenguaje de las redes sociales, que definió como “fragmentario, caótico, pobre en matices y proclive a la incorreción”.
“Cuando la Academia lo legitima, envía un mensaje peligroso: el cuidado, el rigor, no importan”, advirtió.
“Si todo vale porque se usa, ¿para qué esforzarse en escribir bien? ¿Por qué leer a buenos autores, estudiar o ampliar vocabulario?”, se preguntó, antes de sentenciar que “cualquier cateto audaz puede imponerse, si persevera, a Cervantes, Galdós o García Márquez”.
Lenguaje inclusivo y respuestas tibias
Entre los ejemplos que citó, mencionó el lenguaje inclusivo, la acentuación de solo y guion o el uso de mayúsculas opcionales. “La respuesta académica suele ser tibia: ‘depende’, ‘es válido’, ‘se recomienda, pero no es obligatorio’”, criticó. Sobre el lenguaje inclusivo, reconoció una “resistencia académica honorable”, pero sin la “contundencia propia de su autoridad”.
“Entre el silencio y la cautela diplomática”
Pérez-Reverte lamentó que la RAE evite intervenir con firmeza en debates públicos y deje las respuestas más duras en manos de iniciativas personales de algunos académicos, como Javier Marías.
“La Academia, en vez de sostener una posición firme y argumentada, suele situarse entre el silencio administrativo y la cautela diplomática, intentando no incomodar a nadie”, afirmó.
Política, medios y empobrecimiento
El escritor sostuvo que la RAE “parece más preocupada por no irritar al poder político que por su propia coherencia”, criticó la “invisibilidad intelectual” de muchos académicos actuales y denunció que se antepongan usos de redes sociales o textos descuidados a la obra de autores consagrados.
“En los medios se escribe peor, la Academia lo acepta y, al aceptarlo, legitima ese empeoramiento. Al legitimar, los medios se esfuerzan menos. El hablante asume que la corrección es irrelevante y reproduce usos cada vez más pobres”, resumió.
La RAE perderá la autoridad
Pérez-Reverte concluyó que la RAE perderá definitivamente su autoridad “si continúa consagrando más el ruido que el pensamiento, más el error y la vulgaridad que la excelencia”.
“Crece la impresión de que la Real Academia Española ha dejado de ejercer, incluso renuncia deliberadamente a ello, su papel normativo y cultural", cerró.
El autor ocupa el sillón “T” de la RAE desde 2003, cuando ingresó con su discurso El habla de un bravo en el siglo XVII. Desde entonces, su relación con la institución ha sido tan constante como polémica. Esta vez, volvió a dejar claro que su batalla por el idioma está lejos de terminar.