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La crisis que atraviesa la industria europea del automóvil está redibujando el mapa industrial del continente. Mientras Alemania y otros grandes polos históricos afrontan cierres, recortes de empleo y una transición incierta hacia el vehículo eléctrico, España emerge como uno de los principales refugios industriales del sector y como el gran destino de las inversiones chinas para producir coches dentro de la Unión Europea.

El movimiento tiene una enorme dimensión estratégica. Los fabricantes chinos buscan esquivar los aranceles europeos al coche eléctrico fabricado en China y, al mismo tiempo, ganar acceso directo al mercado comunitario desde una plataforma industrial competitiva. Y el país elegido para liderar ese desembarco es España.

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MG negocia una fábrica en Galicia para esquivar los aranceles europeos

El caso más avanzado es el de SAIC Motor, propietario de la marca MG y fabricante del coche chino más vendido actualmente en España, el MG ZS de gasolina.

El grupo mantiene negociaciones con la Xunta de Galicia para instalar una nueva planta de producción en la comunidad autónoma. De confirmarse el acuerdo, Galicia reforzaría todavía más su papel como gran núcleo automovilístico español gracias a la presencia ya consolidada de Stellantis, cuya fábrica ensambló cerca de 560.000 vehículos el pasado año.

Las conversaciones entre ambas partes se intensificaron tras el viaje institucional a China realizado en abril por el presidente gallego, Alfonso Rueda, quien calificó la posible inversión como “una excelente idea”. Aunque todavía no existe una localización oficial confirmada, la Xunta ofreció a MG el megaparque industrial de Plisan, al sur de Pontevedra, mientras otras informaciones apuntan a Ferrol como posible destino final.

La operación tiene además un fuerte componente geopolítico y comercial. SAIC es uno de los fabricantes más perjudicados por los nuevos aranceles europeos al coche eléctrico chino y busca una base industrial dentro de la UE que le permita mantener competitividad en el mercado continental.

Aragón, Madrid y Valencia atraen nuevos proyectos e inversión china

El interés chino no se limita a Galicia. Otras marcas y grupos industriales aceleran negociaciones para producir en fábricas ya existentes en España, aprovechando capacidad industrial instalada y redes logísticas consolidadas.

España se distancia del deterioro industrial y los recortes en Alemania

La ofensiva industrial china coincide con un momento extremadamente delicado para el automóvil europeo. Alemania, tradicional motor automovilístico del continente, afronta profundos ajustes de plantilla. Volkswagen prevé eliminar 50.000 empleos hasta 2030 mientras acelera su transformación eléctrica.

Paradójicamente, parte de esa reconversión industrial se está apoyando precisamente en España. El grupo alemán mantiene una inversión de 10.000 millones de euros en el país para adaptar sus plantas y levantar una fábrica de baterías en Sagunto.

El contraste se amplía con otros proyectos europeos que han quedado paralizados. ACC, participada por Stellantis, Mercedes-Benz y TotalEnergies, suspendió en febrero sus planes para construir plantas de baterías en Alemania e Italia. Mientras tanto, España continúa captando proyectos industriales vinculados tanto al vehículo eléctrico como a la producción de baterías, con iniciativas anunciadas en Extremadura y Valladolid por parte de fabricantes chinos especializados.

El desafío del valor añadido y el modelo de ensamblaje en Europa

El desembarco chino genera, sin embargo, un debate creciente dentro del sector automovilístico europeo. Actualmente, gran parte de los proyectos funcionan mediante ensamblaje de vehículos con piezas importadas desde China, un modelo que permite reducir costes y acelerar la implantación industrial, pero que limita el desarrollo de una cadena de valor plenamente europea.

El único fabricante chino que ya produce en España es Chery, instalado en la antigua planta de Nissan en la Zona Franca de Barcelona junto a EV Motors. Allí ensambla vehículos de Ebro y de sus propias marcas Omoda y Jaecoo utilizando componentes procedentes de China.

Ese modelo ha despertado críticas dentro de la industria española. El presidente de Anfac y máximo directivo de Renault España, Josep Maria Recasens, advirtió recientemente de que Europa no puede limitarse a “construir cuatro chapas con ruedas y asientos con poco valor añadido”. El debate de fondo afecta directamente al futuro industrial europeo: si la llegada de fabricantes chinos servirá para reconstruir capacidad tecnológica y empleo de calidad o si convertirá al continente en un simple centro de ensamblaje dependiente de Asia.

Conclusión: España gana peso en la nueva batalla mundial del automóvil

Pese a las dudas, el movimiento industrial es ya evidente. España se ha convertido en uno de los pocos territorios europeos capaces de extraer simultáneamente inversiones en fabricación de vehículos, baterías y tecnología asociada al coche eléctrico.

La combinación de costes competitivos, infraestructura industrial consolidada, posición geográfica estratégica y acceso directo al mercado europeo está transformando al país en una pieza clave de la nueva guerra global del automóvil. En un momento en el que gran parte de Europa pierde músculo industrial, España aparece como uno de los principales beneficiados de la expansión china en el sector automovilístico.

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