"No tenemos un objetivo para el tipo de cambio". Esa es la frase con la que tanto Christine Lagarde, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), suele quitarse de encima cualquier pregunta relacionada con los movimientos del euro.
"No tenemos un objetivo para el tipo de cambio". Esa es la frase con la que tanto Christine Lagarde, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), suele quitarse de encima cualquier pregunta relacionada con los movimientos del euro.
Pero esta vez es diferente. La banquera central, aunque recalcó la no intervención del BCE sobre la moneda, disertó acerca de la importancia del mercado de divisas en la inflación, además de recalcar que tiene un ojo puesto en el tipo de cambio.
Pese a que Lagarde acabó quitando hierro a la reciente fortaleza del euro -en parte porque la moneda se ha desinflado desde los 1,2 dólares hasta la zona de los 1,18 - este cambio de estrategia deja patente que la revalorización inquieta en el seno del banco central.
El Consejo de Gobierno, tal y como reconoció Lagarde, mantuvo un debate sobre el tipo de cambio, prueba de que la divisa comunitaria se ha acercado al umbral del dolor de la institución europea hasta el punto de convertirse en un elemento a discutir en una cumbre de política monetaria.
El BCE así lo reconoce en su balance de los riesgos en el que apunta que un euro fuerte podría enfriar la inflación "más allá de las expectativas actuales".
Philip Lane, economista jefe del BCE, estima que una subida del 10% del euro reduce en 0,6 puntos la inflación, lo que alejaría el objetivo de la estabilidad de precios. Por el momento, la subida está muy lejos de esas dimensiones, por lo que el BCE no ha considerado intervenir bajando los tipos.
El problema es que, si finalmente se ve obligado a hacerlo y acaba ajustando el precio del dinero para contener la evolución de la divisa, gastará la pólvora que podría necesitar cuando la economía tenga que enfrentarse a una crisis.
ANDRÉS STUMPF
FUENTE: EXPANSIÓN-RIPE