Es el más caro de la historia. Al menos durante la previa del torneo, cuando las entradas salieron a la venta. Aún así, algunos futboleros de alma, de ésos que ahorran cuatro años para seguir a su selección, respiraron hondo y viajaron igual.
Vibrar con ese espectáculo incomparable que es la final del Mundial llegó a costar u$s 12.300 el 22 de junio, su precio máximo, según TicketData.com, un sitio que releva precios y disponibilidad de entradas.
Y hablamos del ticket más barato para ver, desde allá a lo lejos, en lo más alto del MetLife Stadium de New Jersey, el partido más emocionante del campeonato el 19 de julio.
Pero la semana pasada, algo pasó. El precio de las entradas empezó a desplomarse, tanto en el sitio oficial de la FIFA como en las plataformas de reventa.
Para quienes compraron en junio, mejor no ponerse a hacer cálculos.
Más allá del pico de u$s 12.300 que tocó el “get-in ticket”, la entrada más barata para la final costaba u$s 9.387 el 4 de julio, hace apenas siete días. Hoy se ofrecen a u$s 6.865, un 44% más bajas respecto del precio máximo y un 27% menos que hace una semana.
En el otro extremo, por supuesto, los que buscan estar casi sobre la cancha, hay entradas hasta por u$s 33.000.
Ofertas imperdibles pero a último minuto
Claro que estamos hablando de “last-minute tickets”. La demanda que puede responder a estas oportunidades es limitada. Se concentra más bien en público doméstico y unos pocos fanáticos extranjeros con la capacidad de tomar un vuelo de último momento.
Pero hoy también las semifinales están mucho más cerca.
Argentina festeja el primer gol contra Suiza en su camino hacia la semifinal.
Cuando el encuentro en Dallas todavía no estaba definido y sólo se sabía que Francia enfrentaría a España o Bélgica, el ticket podía conseguirse el viernes a u$s 1.742 contra u$s 3.766 una semana atrás (-54%).
Cuando España pasó de ronda y llegó la definición del duelo con Francia, el valor de la entrada se hundió todavía un poco más. El sábado costaba u$s 1.480 (-60%). El 23 de junio, cuando tocó su máximo valor, se pedían u$s 4.521. Esto supone un ahorro del 70% para el que pueda salir sin pensarlo demasiado a Dallas.
En el caso de Noruega-Inglaterra / Argentina-Suiza, cuando aún no estaba definida la semifinal en Atlanta, el precio de la entrada ya había caído el viernes 48%, de u$s 4.400 a u$s 2.260, después de haber llegado a un máximo de casi u$s 5.000 el 22 de junio (-55%).
El sábado, después del triunfo de Inglaterra y Argentina, el costo se incrementó 33%. Recién había concluido el encuentro Argentina-Suiza y el precio para la semifinal ya era de u$s 3.000. De esa manera, en la última semana la rebaja en el precio se achicó de 48% a 32%. Los analistas lo anticipaban. Un partido como Inglaterra-Argentina puede traccionar un plus de demanda más allá de la tendencia general hacia la baja.
Por qué se desinfló el valor de las entradas
Como suele ocurrir, se superponen varios factores.
La FIFA, por ejemplo, ayudó a desinflar los precios al poner a la venta el viernes 1.200 entradas a u$s 7.380, unos u$s 1.500 por debajo del valor de reventa. Sí, todavía hay disponibilidad para ver la final. Aunque hay que ponderar ese remanente con la capacidad del MetLife Stadium de 80.663.
De todos modos, la caída ya había comenzado antes y había sido brutal desde los cuartos de final, con recortes de hasta 65% para ver esos juegos. Fue el caso de España-Bélgica el viernes en Los Ángeles, con el ticket más accesible en apenas u$s 1.100.
España festeja su victoria frente a Bélgica y su lugar en las semifinales.
Para asistir el sábado al partido de Noruega-Inglaterra en Miami, el viernes había que pagar u$s 1.975, un 47% menos que el 4 de julio. En Kansas, también el sábado, la entrada para Argentina-Suiza costaba la mitad. Apenas u$s 1.186 contra u$s 2,470.
Sin embargo, hay cierto consenso en que el detonante más evidente fue la eliminación de los tres países anfitriones que, claramente, los que estaban sosteniendo la demanda (y el nivel vertiginoso de los precios). Los “big-ticket teams”, le dicen en el mercado
Los precios que se habían fijado para los partidos de las rondas eliminatorias asumían el “mejor escenario”: que Estados Unidos, Canadá y México (o al menos alguno de los tres) llegarían a esa instancia. Pero en la medida en que todos se quedaron con las ganas, esos precios tuvieron que acomodarse a otra realidad.
Eso no quita que también influyó la forma en que opera el nuevo modelo de la FIFA para la venta de entradas conocido como “dynamic pricing” o precios dinámicos.
Los “precios dinámicos” de la FIFA y los especuladores
El sistema utiliza un algoritmo que se basa en la oferta y la demanda. Así, los precios fluctúan en función de esas variables en tiempo real. Es el modelo que emplean desde las aerolíneas hasta los hoteles.
La FIFA decidió este año hacerse cargo de la venta de entradas en lugar de delegarla a los organizadores y además, habilitó una plataforma oficial de reventa, por la que obtiene una comisión del 15% tanto del comprador como del vendedor.
Al vencer a Marruecos, Francia fue la primera en asegurar su lugar entre los cuatros semifinalistas.
Las entradas para el Mundial cuestan más del doble que las de Catar 2022, tras ajustar los precios por inflación, según un análisis de The Economist, y aproximadamente cuatro veces más que cuando EE.UU. albergó el torneo por última vez en 1994.
Pero un país como Estados Unidos tiene un mercado secundario de reventa de entradas sumamente desarrollado con brokers y especuladores interviniendo activamente en la fijación de precios.
Muchos analistas entienden que el brusco descenso de precios también es atribuible al hecho de que quienes apostaron a la demanda explosiva y compraron paquetes de entradas a esos precios “aspiracionales” al comienzo del Mundial ahora necesitan vender ese inventario.
Pero los precios todavía pueden subir. No todos los partidos cotizan igual. Dependerá de quiénes se enfrenten en la final. Los especialistas de TicketData.com dicen que el partido más rentable desde el punto de vista de la demanda de entradas sería Francia-Inglaterra.
Pero cuando se trata de fútbol, mejor no entrar en polémicas.