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Christine Lagarde tiene mucho en juego.

La guerra en Irán se prolonga y los números de inflación de la zona euro siguen aumentando por la incidencia de los precios energéticos.

La presidenta del Banco Central Europeo (BCE) está decidida a volver a subir las tasas este jueves. Será la primera vez en casi tres años.

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Pero no queda tan claro para los economistas que éste sea el momento de actuar. Algunos la consideran una jugada prematura.

Es que Lagarde tiene algo que probar.

Aunque la magnitud del shock no es comparable, en la invasión rusa de Ucrania en 2022 llegó tarde. Y fue muy criticada por la lentitud de sus reflejos monetarios.

Esperó demasiado antes de comenzar a subir las tasas, con una inflación que llegó a un récord de 10,6%. Aunque, de todos modos, le siguió un ciclo de endurecimiento monetario de 10 alzas consecutivas que finalmente doblegó a los precios.

Pero ese “síndrome Ucrania” hoy pesa sobre su reputación.

El peligro es que en su diagnóstico no quede bien calibrada la capacidad de la deshilachada economía europea de resistir una nueva política restrictiva.

Le pasó a Jean-Claude Trichet en 2011 cuando subió las tasas en plena crisis de deuda soberana. Y todo empezó a crujir.

La inflación de la eurozona ya se escapó al 3,2%

El BCE venía en modo pausa, cómodamente instalado en su nivel objetivo para la tasa de referencia del 2%, con la inflación del bloque en la vecindad de ese nivel.

Pero con el inicio de la guerra en Medio Oriente fue recalentándose.

En mayo subió hasta el 3,2%, según los datos publicados por Eurostat. De esa manera ya van cuatro meses al alza, con un aumento acumulado de 1,5 puntos porcentuales.

Ahora el riesgo son los llamados “efectos de segunda ronda”. El nivel de transmisión del incremento de los precios en la energía a otros productos, un proceso que ya empieza a constatarse.

endurecimiento inflación

La energía se encareció un 10,9% en mayo con respecto al mismo mes de 2025.

La inflación subyacente, un indicador que excluye los componentes más volátiles como la energía o los alimentos frescos, subió tres décimas en mayo hasta el 2,5%. A su vez, el índice de los servicios ha pasado del 3% al 3,5%.

A nivel países, el IPC armonizado (que permite comparar los datos de los miembros de la zona euro) muestra que en algunas grandes economías la inflación se mantiene por debajo del 3% como Alemania (2,7%) y Francia (2,8%), mientras que en España, por ejemplo, se aceleró al 3,6%.

El error de Trichet en la crisis de deuda quedó en el manual

El argumento de Lagarde para comenzar con una suba de 25 puntos básicos (p.b.) esta semana es precisamente contener la transmisión de los precios de la energía y evitar que derive en un repunte inflacionario generalizado.

Quienes creen que es arriesgado avanzar ahora señalan que todavía no hay pruebas sólidas de efectos de segunda ronda y que por el momento, tampoco se ven indicios de presiones alcistas excesivas sobre indicadores como los salarios.

Por otro lado, la suba de tasas es una señal de alerta para el mercado, que la interpreta como la primera de una serie. De hecho, los inversores ya descuentan dos subas más este año.

Al aumentar el costo del dinero, el BCE corre el riesgo de des-anclar las expectativas de inflación.

Pero el equilibrio más artesanal siempre tiene que ver con el límite que impone la economía.

Y no sería la primera vez que un banquero central tiene que revertir su política al reconocer que el nivel de actividad era más endeble de lo estimado.

endurecimiento

Por lo general se suele hacer alusión en estos casos al 2008 cuando el BCE venía de subir las tasas en julio y se vio obligado a empezar a bajarlas sólo unos meses después con el colapso de Lehman Brothers.

Pero el ejemplo de manual es el de la crisis de deuda soberana de 2012.

Un año antes, Jean-Claude Trichet aumentó los costos de endeudamiento dos veces, sólo para que Mario Draghi los recortara hacia finales de año tras asumir el cargo.

Trichet estaba preocupado por el alza en los precios de las materias primas y la energía. Pero erró en su diagnóstico. Subestimó lo precaria que era la situación de la región. Y terminó agravando la crisis de deuda.

Es la trampa que debe evitar Lagarde, con un ajuste monetario que imponga una carga demasiado pesada a una economía con pocas baterías.

La propia debilidad económica disipará la presión inflacionaria

Por supuesto, Lagarde no es Trichet. No tiene por qué repetirse.

Pero lo cierto es que el crecimiento se está desacelerando, sobre todo en Francia. La actividad empresaria se está contrayendo al ritmo más rápido desde 2024.

Así lo mostró el indicador PMI (por sus siglas en inglés) que elabora S&P Global y que en mayo volvió a permanecer bajo el umbral de los 50, que marca la frontera entre crecimiento y contracción.

endurecimiento dos

A su vez, en S&P Global aseguran que según sus datos la inflación del bloque se acercará rápidamente al 4% en los próximos meses.

Sin embargo, debido a la propia debilidad económica, las presiones inflacionarias deberían disiparse y no ser un problema a largo plazo, apuntan muchos economistas.

De ahí que descarten un ciclo prolongado de subas e incluso consideren que ésta pueda terminar siendo una suba aislada, puntual. Existe acá una clara discrepancia con las proyecciones del mercado

Tampoco faltan quienes desdramatizan el escenario de tener que revertir un par de subas.

En Morgan Stanley, por caso, anticipan dos incrementos este año que serán seguidos por dos bajas el que viene. No creen que deba considerarse un error de política monetaria.

Lagarde no la tiene fácil.

A menos de un año de su retiro anticipado, con la satisfacción de la misión cumplida y la tasa en el dorado 2%, la guerra de Irán la pone de vuelta en la trinchera monetaria.

Debe pensar en Donald Trump seguido.

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