Vladimir Putin pensaba tomar Kiev en tres días.
Pero en la guerra, como en la vida, los planes a veces sólo enseñan humildad. Cuatro años después, los ucranianos todavía resisten.
Las guerras no sólo son sobre poderío militar. Siempre son, también, guerras económicas. Un repaso detallado sobre cómo afectaron a Ucrania y Rusia estos cuatro años de deterioro, resistencia y masacre.
Pero en la guerra, como en la vida, los planes a veces sólo enseñan humildad. Cuatro años después, los ucranianos todavía resisten.
Y Rusia ya lleva más tiempo enfrentando a las exhaustas fuerzas de Volodimir Zelenski de lo que peleó contra Alemania en la II Guerra Mundial.
Sus propias filas están sufriendo unas 25.000 muertes por mes, una tasa que -según la OTAN- está cerca de las bajas de toda la década que duró el conflicto con Afganistán.
Pero la guerra es siempre también económica.
El poderío militar es decisivo. Tanto como los recursos para financiar un enfrentamiento que se prolonga en el tiempo.
Un enfrentamiento daña la infraestructura crítica e interrumpe flujos de ingresos vitales, y genera creciente pobreza en una población sometida a una tragedia indecible.
¿Cómo soportó la economía de ambos países estos años de shock y desgaste?
El año de la invasión fue catastrófico para la economía ucraniana.
El PBI se contrajo un brutal 30% en 2022. Pero dos años después, estaba a 78% de su nivel de la pre-guerra.
En 2023, la economía rebotó un 5,5% y al año siguiente un 3%. En 2025, más allá de la desaceleración, el crecimiento fue de 2,2%.
Los ataques de misiles rusos afectaron por primera vez la producción de gas doméstica y las condiciones climáticas extremas redujeron las cosechas (soja y girasoles).
Sin embargo, el FMI pronostica una pujante expansión del 4,5% para el 2026. La ayuda internacional es un salvavidas que explica también esta resiliencia (ver más adelante).
Pero con la guerra no sólo se frena el crecimiento. También se dispara la inflación.
Y la invasión rusa ya encontró a Ucrania con precios que subían al 10% interanual.
Para octubre, la inflación se había disparado a casi el 27% interanual, es decir, en relación a un año atrás. Pero para diciembre de 2025, el incremento de los precios se había enfriado al 8% interanual.
El banco central -que dejó de imprimir masivamente dinero- debió llevar además la tasa de interés al 25% para aplacar la inflación. A fines de enero de este año ya la había recortado hasta 15%.
Ucrania enfrenta además una escalada en la virulencia de los ataques a su infraestructura energética desde fines del año pasado.
De hecho, hasta ahora, el país era capaz de reparar el daño causado y hasta seguir exportando electricidad. Pero desde noviembre ya no puede hacerlo.
En enero, sólo importó. Sus principales proveedores son Hungría y Rumania. Pero los precios son precios de mercado.
Un aspecto fundamental de la economía ucraniana es su dependencia de las constantes inyecciones de asistencia financiera de sus aliados.
Desde el comienzo de la invasión, todos los ingresos del Estado fueron destinados a financiar gastos de defensa, lo que supone alrededor de la mitad del presupuesto.
Los desembolsos necesarios para cubrir las necesidades de la población civil son financiados con ayuda extranjera. En 2025 representaron unos u$s 50.000 millones.
El año pasado, Ucrania cubrió el 56% de su presupuesto de Ucrania con estas inyecciones del exterior, por debajo del 73% del 2024.
La principal fuente de esa ayuda fue el mecanismo por el que se transfieren los intereses que generan los activos congelados rusos.
En el 2026, Ucrania recibirá un baño de oxígeno vía el crédito por 90.000 millones de euros (u$s 105.000 millones) que la Unión Europea (UE) acordó otorgarle al país en dos años.
Desde 2022, el bloque contribuyó con 193.000 millones de euros (u$s 225.000 millones) para apoyar tanto militar, financiera como humanitariamente a Ucrania, según información de la propia UE.
Más que ningún otro aliado.
Ucrania acaba de dirimir los últimos detalles de un préstamo del FMI por cuatro años por u$s 8.000 millones, una condición para liberar el crédito de la UE que permitirá mantener a flote la economía.
Un último dato interesante sobre la economía ucraniana es que ningún banco “huyó” con la invasión.
Por un lado, se calcula que 90% de las compañías sigue siendo totalmente operativa, según una encuesta de la Cámara de Comercio Americana y el Citi.
Por otro lado, desde el inicio mismo de la guerra, los bancos y sus clientes están preparándose para las oportunidades que surjan de la reconstrucción. Se dice que Ucrania podría requerir inversiones por u$s 1 billón.
Es difícil ponerle un número a la necesidad de una economía en guerra que necesita volver a ponerse de pie.
La economía rusa viene, de hecho, aún más castigada que la ucraniana.
Si nos guiamos por los datos de crecimiento, en 2023 y 2024 hubo una vigorosa expansión del PBI del 4,1% y el 4,3%, respectivamente. Sostenida por el monumental Estado ruso, se apoyó no sólo en el gasto militar sino también en la ayuda social.
Pero ya el año pasado, la economía de guerra de Putin dio señales de estar extenuada. Se frenó al punto de avanzar apenas 0,6%.
También la inflación se disparó en un principio, aunque en menor escala que en Ucrania. Después de un máximo de 9,5% en 2024, lograron moderar el aumento de precios a 5,6% el año pasado.
La agencia estatal de estadísticas Rosstat estima que la inflación anual confluirá al target de 4% recién en 2027.
No ayudó la persistente fortaleza del rublo, que fue la moneda que más se apreció en el mundo en 2025, con un salto del 45% pese a la debilidad de los precios del petróleo y sanciones que se apilaban.
Claro que ese proceso de desinflación tuvo su precio, al igual que para los ucranianos. Los rusos convivieron por dos años con una tasa del 20%, que recién en diciembre bajó al 16%.
Pero Rusia tiene un serio problema de capital.
Aislada por las sanciones, casi no recibe flujos de inversión extranjera y no puede acceder a los mercados externos.
Para conseguir dinero Putin recurrió a impuestos corporativos que exprimen a las compañías, si bien en enero acaba de sumar un aumento del IVA (además de otras cargas más específicas).
Y en un intento ya algo desesperado últimamente intentó vender algunos de los activos de los que se adueñó en la ola de expropiaciones que marcaron esta guerra.
En un principio fueron las compañías extranjeras que abandonaron Rusia cuando comenzó el conflicto (como el caso de la francesa Danone) y luego, cuando la guerra presionaba las arcas, las propias empresas rusas (como el aeropuerto Domodedovo).
Se calcula que desde el inicio de la invasión más de 500 firmas fueron expropiadas, la mayoría de ellas rusas.
Sin embargo, los esfuerzos por vender unos u$s 35.000 millones producto de estas intervenciones no resultaron una buena fuente de ingresos para el Kremlin.
El año pasado, todo el déficit ruso debió ser financiado con bonos públicos que fueron compulsivamente vendidos a los bancos del país.
Con ingresos cada vez más escuetos, Rusia acudió al apoyo estratégico de China.
China es el principal socio comercial ruso desde 2014 pero su relevancia saltó del 11,3% del total del intercambio externo a casi el 35%.
A su vez, Rusia depende en gran media de China para sus exportaciones de petróleo. Los chinos hoy compran alrededor del 75% del crudo, comparado a un promedio pre-2022 del 60%.
Pero más allá de las sanciones al comercio petrolero, los ucranianos están infringiendo una herida que podría ser fatal para la economía de Putin.
Según Bloomberg, los ataques ya tuvieron como objetivo a más de la mitad de las refinerías y ya le costaron a Rusia un 10% de su capacidad de refinamiento de crudo.
Muchas debieron suspender operaciones parcial o completamente, mientras que la escasez de mano de obra impide que el daño sea reparado.
Sólo en diciembre de 2025, Ucrania bombardeó al menos 24 activos o infraestructuras petroleras rusas, un nuevo récord. Y ahora empezó a perseguir también a la "flota fantasma" que exporta eludiendo las sanciones.
Los ingresos por el crudo y el gas se desplomaron a mínimos de cinco años.
Y el fondo soberano -el colchón de emergencia financiado con riqueza petrolera- está sangrando.
Ya se redujo de más de u$s 130.000 millones antes de la guerra a unos u$s 50.000 millones, según el último dato del Ministerio de Finanzas de principios de 2025.
Aunque Putin no parece interesado en avanzar en el proceso de paz, o lo sabotea cada vez que dice estar dispuesto a una tregua, su economía de guerra dice otra cosa.
Kiev no pudo caer en tres días. Pasaron cuatro años. Para qué seguir “ganando tiempo”.