18 de julio de 2023 3:48 hs

Nadie habla de una catastrófica ola polar en la economía global.

Pero tampoco de esos aterrizajes que arrancan pueriles aplausos espontáneos.

A medida que se dilata esta política monetaria hiper-restrictiva pero no tan efectiva, cada vez son más los que manejan un escenario global de recesión.

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Por ponerlo en la jerga de los economistas, ni un aterrizaje brusco ni uno suave pero sí,digamos, uno movido.

Y quien gobierne en España deberá hacer frente a ese mundo que pondrá el freno de un modo más duro de lo previsto (y hacer lo posible, claro, para eludirlo).

El mercado aún confía demasiado en las decisiones de los bancos centrales”.  No lo dice cualquiera. Es el director de inversiones de un monstruo bursátil, la mayor administradora de fondos de bonos del mundo (Pimco). 

“Los mercados son demasiado optimistas sobre la capacidad de los bancos centrales para esquivar una recesión mientras luchan contra la inflación”, agrega. “Ellos -advierte- se están preparando para un aterrizaje más duro que los demás inversores”.

Si de gurúes se trata, Nouriel Roubini, conocido por haber advertido sobre la gestación del descalabro hipotecario en EE.UU. En 2008, y de la hecatombe financiera que siguió, hoy cree que se podrá evitar un aterrizaje forzoso (en el que alcanzar la meta de inflación del 2% implique una recesión profunda).

“Si bien un huracán severo para la economía global parece menos probable que hace unos meses, todavía es factible que nos topemos con una tormenta tropical que podría causar un daño económico y financiero significativo”, opina.

Mientras tanto, aún cuando muchos analistas siguen creyendo que las probabilidades en realidad se están reduciendo (acá todo es cuestión del escenario en el que se ponen las fichas), hay argumentos “técnicos” difíciles de soslayar.

Argumentos que hasta ahora nunca han fallado y que predicen una recesión en EE.UU. (que no tardaría en arrastrar al resto).

El oráculo de las recesiones 

Los analistas financieros hablan de la “curva invertida": algo tan sencillo como que, a contramano de la lógica, los bonos del Tesoro estadounidense a dos años rindan más que los de horizonte a 10 años.

Cuanto más larga la vida de un bono, más debería pagar porque implica asumir un mayor riesgo. Este fenómeno de “curva invertida" (la curva no sube sino que baja) se constató siempre que hubo recesión en las últimas cinco décadas.

La inversión de la curva se dio ya en abril del año pasado pero viene acentuándose.

"Cuando la curva se invierte hasta este punto durante tanto tiempo, siempre hay una recesión", dicen en el mercado, según el manual. Pero hoy nada sigue las reglas. Hay que decir que EE.UU. no mostró hasta ahora una ralentización significativa de los datos económicos. Goldman Sachs, por ejemplo, redujo al 25% la probabilidad de que se produjera una recesión en los próximos 12 meses.

Otros se apegan a la terquedad de las estadísticas: Bank of America recuerda que siempre que el costo de los bonos a dos años de EE.UU. ha tocado techo en un ciclo de subas de tasas (algo que podría estar sucediendo ahora), con un rendimiento de 4,8%, luego ha habido una crisis financiera grave o leve, sea la de 2008, la de Asia en 1997 o la del peso mexicano en 1995.

Un dato que puede ser la llave: los costos a corto plazo están tardando en subir para los grandes bancos. Las tasas de interés de los depósitos de muchas grandes entidades siguen cercanas a cero (herencia de la era del dinero gratis), aunque la Fed les paga por colocaciones a un día por encima del 5%. “Esta es la recesión que todo el mundo ha predicho pero que se niega a aparecer hasta ahora", opinan algunos que saben.

La ralentización y la frágil robustez española

Hace justo un año, Christine Lagarde, la jefa del Banco Central Europeo, iniciaba este ciclo de endurecimiento monetario, con la primera suba del organismo en 11 años, ante una inflación del 8,6%. 

Jerome Powell, su par estadounidense, ya le llevaba ventaja.

El banquero de la Fed, que después de 10 aumentos consecutivos se dio el tiempo de una pausa en junio, suma casi un año y medio en la cruzada (largó en marzo de 2022 también con una inflación de casi 9%). 

En el caso de EE.UU., el PIB del primer trimestre de 2023 fue del 2%, según la tercera revisión del dato (partieron de 1,1%).

La cifra supone igual una ralentización frente al cuarto trimestre de 2022, cuando se registró una expansión del 2,6%. Powell estima que este año crecerán 1%, con una “recesión leve” hacia fin de año y una “recuperación moderada” de 1,1% para 2024.

La zona euro ya está en recesión. El área monetaria encadenó dos trimestres de contracción económica y, por tanto, se encuentra en lo que se denomina una recesión técnica -en el último trimestre de 2022 y el primero de 2023-.

En ambos períodos, la caída de actividad respecto del trimestre anterior fue del 0,1%.

El Banco Central Europeo confía en que la zona euro crecerá 0,9% este año pero ya logrará un 1,5% para el siguiente. 

En el caso de España, los números muestran una pujanza -maná electoral- que es engañosa sin la historia completa.

La economía creció un 0,6% en el primer trimestre de 2023, cuando países como Alemania se contrajeron 0,3%, mientras que otros como Irlanda vieron caer su PIB 4,6%.  

Ese 0,6%, alimentado sobre todo por el buen ritmo de las exportaciones, hizo posible que España recuperara el PIB prepandemia ya en el primer trimestre y no en el segundo, como se esperaba, aunque lo haya hecho raspando (el volumen de la economía sólo es superior en un 0,06% al de 2019). 

España fue el último país de la zona euro en conseguir recuperarse del shock pandémico y entre los 27 de la Unión Europa sólo demoró más la República Checa.

Para España fue el peor golpe después de la Guerra Civil con una contracción de 11% anual.

De ahí que, según el Banco de España, aunque ahora haya recuperado la actividad prepandemia no cerrará hasta 2026 la brecha que se abrió con el resto de la Unión Europea.

Y esto es porque el PIB del bloque comunitario está ya dos puntos por encima de los niveles pre Covid.

En materia de previsiones, la mayoría de los organismos incluso hizo pequeños retoques al alza. La OCDE mejoró su previsión de crecimiento para 2023 y calcula que crecerá un 2,1%, lo que supone duplicar la media de los países europeos.

El Banco de España estima que el PIB crecerá a una tasa del 2,3% este año, dos décimas por encima de lo que vaticina el Gobierno (2,1%).

Con ánimo menos festivo, no faltan quienes recuerdan que se venía de una expansión de 5,5% en los dos últimos años.

Y sin ir más lejos el propio banco central que mejora los pronósticos añade enseguida que varios riesgos en el horizonte ganaron peso recientemente. La principal fuente de incertidumbre -especifica- es el grado, la velocidad y la intensidad con la cual el endurecimiento de la política monetaria acabará afectando la actividad en términos de retroceso en el consumo. 

Nueva cepa de inflación ultra resiliente 

Los bancos centrales subieron las tasas al ritmo más rápido desde la década de 1990 pero la agresividad de sus políticas está lejos de haber controlado a la inflación más aguda de la última generación.

De hecho, ni EE.UU. ni Europa esperan alcanzar su meta del 2% antes de principios de 2025.

Hoy la inflación subyacente, que se utiliza como indicador porque excluye los volátiles precios de los alimentos y la energía, viene rondando el 5% en EE.UU. y la eurozona en los últimos meses, mientras que en Reino Unido alcanzó el 7,1% anual a mayo.

¿Qué hace hoy a la inflación tan persistente? Por empezar, muchos creen que los banqueros centrales no vieron lo que enfrentaban, cortos de reflejos quizás tras una década ultralaxa e hiperlíquida de tasas cero.

Simplemente no creyeron que la inflación duraría. Debieron empezar antes.

A su vez, la política monetaria siempre actúa con rezago, ya que el impacto de un solo incremento tarda unos 18 meses en repercutir plenamente en los patrones de gasto y los precios. Por eso recién se está alcanzando el nivel en el que se limita activamente la economía.

Pero algunos banqueros centrales y economistas creen que los retrasos pueden ser aún mayores -y el efecto del ajuste menos potente- esta vez.

Pese al encarecimiento del crédito, apuntan, el crecimiento se ha mostrado sorprendentemente resistente, sobre todo en el sector servicios, que constituye el grueso de la producción económica en la mayoría de las economías. 

El cambio a largo plazo del sector manufacturero hacia los servicios, que requieren menos capital, también podría significar una transmisión más lenta de una política monetaria más restrictiva.

Hay otros cambios estructurales. En varios países ha aumentado la proporción de hogares que son propietarios o alquilan, mientras que las hipotecas a tasa fijo son más populares que las variables, vulnerables a la escalada de tasas.

Finalmente, como coletazo de la pandemia, la escasez de mano de obra sigue siendo generalizada, especialmente en el sector servicios, lo que impulsa el crecimiento de los salarios y, a su vez, la inflación.

Lagarde lo ha dicho: “Están acumulando mano de obra".

Alguna vez, los banqueros centrales tuvieron que salvar al mundo. Fueron superhéroes. El sistema financiero global había colapsado. No parece que tendremos nada de eso esta vuelta.

  

 

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