La política israelí atraviesa un momento de máxima turbulencia. En una maniobra diseñada para retomar el control de la agenda política, la coalición gubernamental que lidera el primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha registrado oficialmente un proyecto de ley para disolver la Knéset (Parlamento) y convocar elecciones anticipadas. Este movimiento surge en medio de una profunda fractura interna con los sectores ultraortodoxos y se solapa con una crisis diplomática triangular que involucra a los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y a Irán.
La coalición gubernamental busca controlar el calendario electoral
El proyecto de ley fue presentado este miércoles por Ofir Katz, presidente parlamentario de la coalición y miembro del partido Likud, junto a representantes de las formaciones que sostienen al Ejecutivo. La iniciativa busca adelantarse a la oposición, que ya había registrado sus propios proyectos para disolver la Cámara.
De aprobarse la ley, las elecciones deberán celebrarse en una fecha fijada por la Comisión de la Knéset, respetando un margen de al menos 90 días desde su ratificación definitiva. Si el proceso culmina con éxito, el plazo máximo para los comicios sería de cinco meses. El objetivo de la coalición es gestionar los tiempos legislativos y evitar que la oposición marque el ritmo del fin del mandato actual.
La exención del servicio militar: el detonante de la ruptura interna
El origen de esta crisis reside en el conflicto con los partidos ultraortodoxos por la exención del servicio militar para los estudiantes de escuelas talmúdicas (yeshivás). La facción 'Déguel Hatorá' —integrada en Judaísmo Unido de la Torá y socia clave del Gobierno— anunció su respaldo a cualquier medida de disolución parlamentaria ante la falta de avances en una ley que garantice dicha exención.
Aunque Netanyahu había manifestado que no mantendría el privilegio de que los alumnos religiosos queden fuera del Ejército, el proyecto de disolución presentado cuenta con el apoyo de diputados de Shas, Judaísmo Unido de la Torá, Sionismo Religioso y Otzma Yehudit. Esta coincidencia sugiere una posible estrategia coordinada entre Netanyahu y sus socios para evitar una caída descontrolada del Gobierno.
Contradicción diplomática y advertencias de Irán
En el plano internacional, la situación se ha tensado tras el anuncio de la Oficina de Netanyahu sobre una supuesta visita secreta del mandatario a los Emiratos para reunirse con el presidente Mohamed bin Zayed Al Nahyan. Mientras Israel califica el encuentro como un "avance histórico", el Ministerio de Exteriores de EAU emitió un desmentido categórico, negando la visita y la recepción de cualquier delegación militar israelí.
Este escenario ha sido aprovechado por el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, quien lanzó una dura advertencia asegurando que "quienes se alíen con Israel para sembrar la división deberán rendir cuentas". Araqchi sostuvo que la inteligencia iraní estaba al tanto del viaje de Netanyahu "hace tiempo" y calificó de "imperdonable" la connivencia con el Estado judío en plena ofensiva conjunta de Israel y EE. UU. contra territorio iraní.
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El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi.
Cooperación militar y reportes de ataques conjuntos
Pese a los desmentidos oficiales de Abu Dabi, la cooperación en defensa parece haberse intensificado. Fuentes estadounidenses confirmaron que Israel envió una batería del sistema Cúpula de Hierro a los Emiratos para defenderse de ataques iraníes. Según el Ministerio de Defensa emiratí, el país interceptó unos 550 misiles balísticos y más de 2.000 drones lanzados por la República Islámica en represalia por agresiones previas.
Informes adicionales sugieren que los EAU y el régimen israelí podrían haber planificado un ataque contra una planta petroquímica iraní de gran importancia. Por su parte, el gobierno emiratí insiste en que sus relaciones con Israel son públicas, enmarcadas en los Acuerdos de Abraham de 2020, y pidió a los medios abstenerse de difundir información no verificada utilizada para crear "impresiones políticas".