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La posibilidad de una escasez de combustible para aviación ha comenzado a generar inquietud en Europa en medio de la guerra y las presiones para que Irán desbloquee el estrecho de Ormuz, una ruta clave por la que el año pasado transitó el 43% del combustible de aviación destinado al continente.

A pesar de ello, fuentes europeas rebajan la alarma. “Estamos muy, muy lejos de ese escenario”, asegura un funcionario, que insiste en que el suministro sigue garantizado. “El combustible sigue disponible; puede haber reducciones puntuales, pero la red europea está preparada para gestionar estas tensiones locales”.

No obstante, desde las instituciones se reconoce que el contexto obliga a anticipar escenarios: “No se puede ignorar el problema y conviene analizar posibles escenarios”.

Autonomía limitada: cuánto durarían los vuelos sin nuevos suministros

Uno de los principales desafíos es la falta de una estimación precisa y actualizada del combustible disponible en Europa, ya que no incluye cargamentos en tránsito ni reservas estratégicas nacionales.

Aun así, algunas proyecciones apuntan a que, en el peor de los casos -si se interrumpiera completamente la llegada de crudo-, la operativa aérea podría mantenerse “hasta septiembre u octubre”. Con todo, las mismas fuentes consideran más probable una resolución previa de la crisis.

El verdadero problema: quién decide qué vuelos se mantienen

Responsables del sector aeronáutico coinciden en que una eventual crisis no sería tanto técnica como de gobernanza. “No se trataría de cancelar algunos vuelos, sino de decidir quién puede volar”, explican.

Actualmente, ninguna autoridad europea cuenta con un mandato claro para gestionar una crisis de combustible de esta magnitud, lo que añade incertidumbre a la toma de decisiones.

En caso de escasez, el criterio sería maximizar la utilidad social del combustible disponible mediante una jerarquización de vuelos.

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Qué vuelos tendrían prioridad en caso de escasez

Los distintos escenarios contemplan priorizar las rutas consideradas esenciales:

En el lado opuesto, los primeros vuelos en ser cancelados serían:

Entre ambos extremos se sitúan numerosas rutas nacionales y europeas, cuya gestión dependería de complejos sistemas regulatorios. En caso de cancelaciones masivas, incluso podría suspenderse temporalmente la normativa europea de compensaciones a pasajeros.

Escenarios de recorte: desde ajustes hasta emergencia total

Ajustes operativos (reducción del 10% al 20%)

El primer nivel de respuesta se centraría en mejorar la eficiencia del sistema. Entre las medidas previstas:

Estas acciones permitirían ahorrar entre un 8% y un 13% de combustible.

Racionamiento moderado (25% a 40%)

En un escenario más restrictivo:

Gestión de crisis (reducción del 50%)

Ante una caída severa del suministro, se establecería un reparto estricto del combustible:

Cada vuelo requeriría autorización regulatoria, podrían flexibilizarse las normas de competencia y se contemplaría el cierre temporal de aeropuertos con menor tráfico.

Emergencia total (más del 65%)

En el escenario más extremo, la Unión Europea asumiría el control centralizado de la compra y distribución de combustible, replicando el modelo aplicado durante la pandemia con las vacunas.

Eurocontrol elaboraría un plan diario de vuelos autorizados y solo se mantendrían las conexiones imprescindibles: rutas intercontinentales básicas, enlaces con islas y transporte de mercancías esenciales.

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