Las relaciones estratégicas entre Rusia y Argentina han tomado un rumbo definitivo en el ámbito de la tecnología atómica. Ambas naciones han abandonado por completo su cooperación bilateral para el uso pacífico de la energía nuclear, según ha confirmado el embajador de la Federación de Rusia en Buenos Aires, Dmitri Feóktistov, en una reciente entrevista concedida al medio ruso Izvestia. El diplomático aseguró de forma categórica que, de acuerdo con la información disponible, en la actualidad no existe ningún tipo de colaboración en esta materia, lo que formaliza la cancelación de los planes conjuntos que ambas potencias venían proyectando desde hace años. De este modo, Buenos Aires descarta la importación de combustible y la adquisición de reactores nucleares rusos.
La cancelación de los proyectos de Rosatom y el fin del acuerdo de 2018
El acercamiento en materia atómica entre Moscú y Buenos Aires se consolidó en 2018, año en el que ambos gobiernos firmaron un acuerdo estratégico de cooperación destinado al desarrollo pacífico de esta energía. El proyecto estrella de esta alianza contemplaba que la corporación estatal rusa Rosatom liderase la construcción de reactores de agua presurizada del modelo VVER-1200 en territorio argentino.
Sin embargo, la implementación de estos compromisos y las obras de infraestructura planificadas se debieron posponer de manera sucesiva. Esta parálisis terminó por diluir la viabilidad del acuerdo, desembocando en la actual suspensión total de la compra de tecnología y combustibles nucleares a la federación eurasiática.
El giro geopolítico de Javier Milei y la nueva alianza con Estados Unidos
La interrupción definitiva de la agenda nuclear con Moscú coincide con un cambio profundo en la orientación de la política exterior argentina tras la llegada a la presidencia de Javier Milei a finales de 2023. Desde el inicio de su mandato, el nuevo Ejecutivo de Buenos Aires priorizó un estrecho acercamiento político con la administración de Washington, lo que reconfiguró de inmediato sus alianzas estratégicas globales.
En este nuevo marco de relaciones, el Gobierno argentino anunció la privatización de la empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina, la firma encargada de la operación de las centrales nucleares del país. Este movimiento estratégico se consolidó con la incorporación inmediata de la compañía nacional al programa nuclear de los Estados Unidos, sellando así el relevo del socio tecnológico y desplazando la influencia rusa en este sector estratégico del Cono Sur.
Gas, petróleo y renovables como alternativa de cooperación bilateral
A pesar del cierre de la carpeta nuclear, el embajador Dmitri Feóktistov puntualizó que los canales comerciales entre Moscú y Buenos Aires no se han quebrado por completo. El diplomático defendió que todavía persiste un notable interés mutuo por parte de las empresas de ambos países en explorar sinergias en otras ramas de la matriz energética. En este sentido, la cooperación futura se perfila hacia áreas como la generación de energía eléctrica convencional, el desarrollo de las energías renovables y, de manera muy destacada, la industria del petróleo y del gas.
Para dinamizar estos intercambios, el representante ruso apuntó que los incentivos que ofrece actualmente el gabinete de Milei para las inversiones a gran escala, estructurados sobre la base de sustanciales beneficios financieros, podrían actuar como un estímulo clave para impulsar nuevos proyectos conjuntos en estas áreas industriales.
La diplomacia nuclear de Moscú en el tablero internacional
La pérdida del socio argentino no frena el despliegue de la diplomacia energética que Rusia viene ejecutando con determinación a escala global. Durante los últimos años, el Gobierno ruso ha utilizado su liderazgo en el sector atómico como una herramienta prioritaria de influencia y posicionamiento geopolítico, firmando numerosos acuerdos internacionales para financiar, construir y gestionar centrales de generación eléctrica en mercados clave.
Esta estrategia de expansión exterior se mantiene plenamente activa mediante contratos de envergadura en diversas regiones del planeta, donde destacan los compromisos e infraestructuras actualmente en marcha en países como Kazajistán, Vietnam y Egipto, entre otros socios que continúan apostando por la tecnología de la estatal Rosatom.