Sanae Takaichi, la líder conservadora de Japón que representa luces y sombras para el feminismo en este 8M
La gran aparición política de este tiempo es la nueva primera ministra de Japón. Pero representa un modelo de mujer que no comparte todas las características del movimiento feminista. Un análisis necesario en el Día de la Mujer.
Aficionada al heavy metal y las motos, trabajadora infatigable hasta el punto de ser criticada por ello y apodada la 'dama de hierro' nipona, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, es un icono marcado por las luces y sombras de un feminismo a su manera, que no desafía el patriarcado.
Representante en el ala conservadora del Partido Liberal Democrático (PLD) nipón, Takaichi, de 64 años, ha construido un perfil político que mezcla nacionalismo, admiración por figuras como Margaret Thatcher y una imagen personal poco convencional para la política japonesa, que hasta ahora no contaba con una gran presencia femenina.
Su reciente ascenso al poder tiene lugar, de hecho, mientras las mujeres siguen enfrentando barreras estructurales en el país peor parado entre el G7 en materia de igualdad: Japón ocupó el puesto 118 de 148 en el último informe del Foro Económico Mundial sobre brecha de género, con apenas un 14,6 % y 16,1 % de puestos parlamentarios y directivos cubiertos por mujeres.
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, y el presidente estadounidense, Donald Trump,
Un símbolo lleno de contradicciones
Takaichi se convirtió el pasado octubre en la primera mujer en gobernar el archipiélago y se alzó el mes pasado con la mayor victoria de un partido japonés desde la posguerra, en unas elecciones anticipadas que sirvieron de referéndum sobre su popularidad.
Un hito histórico acompañado de cierto escepticismo por los principios conservadores que defiende.
Takaichi encarna "las contradicciones que la sociedad japonesa ha impuesto a las mujeres durante mucho tiempo", subrayó a EFE Kaizuma Keiko, vicepresidenta de la Universidad de Iwate y profesora especializada en estudios de género.
"Muchas mujeres en Japón no la ven como una líder idealizada, sino como una figura con la que se identifican y que, al igual que ellas, sigue luchando contra las dificultades", definió la analista, para quien la biografía de la mandataria contribuye a alimentar esa narrativa.
Nacida en 1961 en la prefectura de Nara en una familia de clase media y sin ninguna dinastía política, como Takaichi reivindicó repetidamente en un mitin tras otro durante la campaña electoral pasada, la mandataria protagoniza una "historia de dificultades", que ha despertado el interés y simpatía entre los votantes tras "su esperada llegada a la cima".
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Entre el feminismo y el patriarcado
Al hablar abiertamente de la menopausia, las dificultades de conciliación, o tras impulsar iniciativas contra la prostitución y la pornografía infantil, Takaichi se ha mostrado cercana a algunas reivindicaciones de las mujeres.
Pero su ideología conservadora complica la lectura de la primera ministra como un símbolo de feminismo.
Takaichi se opone al matrimonio igualitario, defiende la ley sálica para la sucesión imperial y no apoyó la reforma de la legislación que obliga a los matrimonios japoneses a compartir apellido, una norma que en la práctica hace que el 90 % de las esposas adopten el del marido.
"Si definimos a una feminista como alguien que supone una amenaza para el patriarcado, entonces a Takaichi no se la puede considerar feminista", sostuvo Keiko.
Aun así, su carrera política refleja avances logrados gracias al propio movimiento.
"El aumento del número de mujeres políticas, incluida ella, es sin duda un logro del feminismo, aunque ella no muestre hostilidad hacia el patriarcado", defendió la profesora.
En la práctica, según la experta, su ascenso no parece destinado a transformar radicalmente el papel social de las mujeres, en un mundo dominado por los hombres donde la mandataria ha tenido que "mimetizarse" defendiendo el "orden masculino existente".
En este sentido, la aparición de Takaichi supone "una actualización del patriarcado japonés, pero no un avance en los roles de la mujer en Japón", concluyó Keiko, que destacó que el conocido como techo de cristal quizás tarde más en romperse.
Por Pilar Bernal Zamora (Especial de la Agencia Efe)