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No llegó al extremo de Donald Trump, que fundó su propia red social (Truth) para darle rienda suelta a sus vanidades imperiales. Ni tampoco es Javier Milei, que en Pascuas difundió mil tuits para gritar su odio contra los periodistas. Pero Pedro Sánchez también le está entregando su alma al infierno de las redes sociales.

Después de ocho años de gobierno y cuando todas las encuestas de España señalan el ocaso de su imagen pública y las dificultades para las próximas elecciones, el presidente socialista de España ha puesto en marcha una serie de posteos en el que intenta reconectar con la sociedad mostrando sus habilidades para domar la bicicleta o vistiendo una camiseta de la selección candidata a ganar el Mundial para anunciar los índices del empleo registrado.

La cuestión es no hablar demasiado de la realidad, tal como aconsejan algunos gurúes en tiempos de Giulano da Empoli, y ponerse en manos de los ingenieros del caos.

Entonces Pedro entra a su oficina de la Moncloa y cuenta que lo primero que hace a la mañana es encender una tira de incienso contra las malas ondas. O muestra un Quijote comprado en Mojácar, la playa de Almería donde veraneaba con sus padres. Mandamiento uno. No hables de política.

Es que la cosa ahí afuera está brava.

La guerra de Trump contra los ayatollah no resultó un paseo y parece que, pese a los misiles, ahora tendremos que pagarle todos a Irán para pasar por el estrecho de Ormuz. Y el Ibex 35, que iba para los 20.000 puntos, se desliza hacia abajo y provoca el terror de las empresas españolas, que le temen a una crisis global con la disparada del petróleo, del gas, de la inflación y de los tipos de interés.

Por eso, Pedro Sánchez ha adoptado dos posturas para hacerle frente a la incertidumbre de guerra. La primera es ponerse siempre en la vereda de enfrente de Donald Trump y la otra es arrojarse en los brazos engañosos del algoritmo. Todo gesto del presidente de EEUU tendrá uno exactamente en las antípodas del español.

Si hasta una gorra roja igual a la de Donald se hizo. Pero, en vez de publicitar el Make America Great Again, luce un Make Science Great Again, leyenda que lanzó a las redes para sumarla al “No a la guerra”, el eslógan con el que el hoy deteriorado José Luis Rodríguez Zapatero le ganó a José María Aznar en 2003. Mucha agua y muchos euros han pasado bajo el puente.

Un solo objetivo: quedarse en la Moncloa

La estrategia de Pedro Sánchez tiene el mismo objetivo de siempre. Quedarse, y el mayor tiempo posible, en el poder. Por eso, necesita recuperar su imagen para que el PSOE vuelva a ser competitivo, hecho que no se produjo en las pasadas elecciones comunitarias de Aragón, Extremadura ni en Castilla y León, donde la fallida coalición entre el Partido Popular y Vox tiene los votos en conjunto para gobernar, pero se pierde en una batalla tras otra que solo benefician al adversaro.

El problema para Pedro es que el PP y Vox han comenzado a dialogar y muchos creen que, en las elecciones generales del año próximo, podría haber un acuerdo en la derecha para desalojar al Socialismo.

Y el drama de estos días es que ha comenzado el juicio del Tribunal Supremo a quien fuera su ministro preferido, José Luis Abalos, ahora preso por coimas con la venta de mascarillas en la pandemia y el tráfico de mujeres bonitas en las dependencias públicas.

La idea es que el juicio, con sus arrepentidos dando vueltas y los relatos de sobres con euros en efectivo es el peor de los escenarios para un Pedro Sánchez que no quiere ponerles fin a sus ocho años de mandato, ni a los aliados que se derrumbaron y ni a las cabriolas para mantenerse en el mar sobre la tabla, siempre sin caerse.

Por eso las redes sociales, el instrumento del odio de las derechas, ahora las necesita Pedro para ver si puede esquivar la guadaña de la derrota.

El pichón de águila

La última encuesta del diario El Mundo dice que la guerra le ha dado más aire al Partido Popular, ha confirmado un freno de Vox y que el PSOE logra un tímido repunte, sobre todo entre los jóvenes y las mujeres.

¿Será que los chicos se compran el perfume que Pedro les vende en las redes sociales, con sus elogios a las canciones de Rosalía y su cara sonriente jugando al Mario Kart en una sala de videojuegos de Madrid?

- Hazme una pregunta -, desafía Pedro Sánchez al millón de seguidores que suma entre sus redes.

Y cuando le preguntan sobre su película preferida, responde sin dudar que son dos: “El Padrino 1” y “El Padrino 2”. No más preguntas señor juez.

¿Logrará Pedro Sánchez escapar una vez más de la decepción y el hastío que domina a muchos españoles tras sus ocho años de gobierno? La primera sensación se podrá comprobar el 17 de mayo, cuando se celebren las elecciones en Andalucía. Allí gobierna el popular Juanma Moreno (uno de los tres posibles presidenciables del PP junto con Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuyso), y los pronósticos anuncian otra catástrofe inminente para los socialistas de Pedro.

Y luego vendrán las decisivas elecciones generales, previstas para el segundo semestre del año próximo, salvo que al creativo Sánchez se le ocurra alguna fecha mágica que le pueda servir para burlar a sus opositores, como ya lo hizo en el verano de 2023.

Esta misma semana, Javier Milei aprovechó una entrevista en El Debate para darle dos señales a la política española. Dijo que Pedro Sánchez “es un pichón de águila”, porque España todavía no ha visto lo peor de su legado como sí lo ha visto la Argentina con los doce años en los que reinaron los Kirchner.

Y la otra señal fue con un argentinismo de Milei para sus amigos de la derecha española, Isabel Díaz Ayuso y Santiago Abascal, porque siguen dudando de si deben unirse para derrotar al todavía invencible Pedro.

- Muchachos, el enemigo es la izquierda…

Aunque todavía discuten el pasado y no han podido resolver siquiera su presente, la leyenda dice que los argentinos vienen del futuro. Habrá que esperar entonces.

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