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El juego de seducción había comenzado en Nueva York, allá por septiembre del año pasado.

Pedro Sánchez se sacó una selfie y se quedó un rato largo hablando con el gobernador bonaerense de Argentina, Axel Kicillof, a quien evaluaba como una alternativa superadora de un kirchnerismo golpeado por el final desastroso de Alberto Fernández y por la tobillera domiciliaria de Cristina Kirchner.

Pedro lo invitó a Axel a una cumbre de mandatarios de izquierda que se iba a hacer en España, aunque todavía no sabía bien cuándo ni en qué ciudad.

Pasaron siete meses y la Cumbre de los líderes de izquierda se acaba de consumar este último fin de semana en Barcelona, la ciudad española que no quieren que la llamen española y que, por los excesos del independentismo catalán, le ha cedido a Madrid el liderazgo económico, turístico y cultural.

El experimentado Jesús Rodríguez, ministro de Economías de Raúl Alfonsín y vicepresidente de la Internacional Socialista, quien participó como speaker en lo que la izquierda llama pomposamente “Global Progressive Mobilisation”, explicaba así el repentino interés que despertó la cumbre woke.

“Si la hubieran hecho hace seis meses, no venía nadie. Pero, el ataque de Donald Trump contra Irán y el impacto económico de la guerra lograron que se transformara en un éxito”, explica el Jesús de la UCR. Además de Pedro Sánchez, en la Feria Gran Vía de Barcelona se dieron cita otros cuatro presidentes importantes: Lula, la mexicana Claudia Sheinbaum, el colombiano Gustavo Petro y el uruguayo Yamandú Orsi.

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La apuesta de Rodríguez Zapatero

En uno de los múltiples cafés y cañas en las que se cruzaron dirigentes de todo el planeta, Kicillof se encontró con José Luis Rodríguez Zapatero, el titiritero mayor del Socialismo español y quien le maneja a Pedro Sánchez las relaciones con el chavismo, el vínculo cercanísimo con China y algunos otros asuntos que investiga la justicia.

Acostumbrado a apostar fuerte, Rodríguez Zapatero le dijo a Kicillof lo que, con palabras más elegantes, le había anticipado el presidente de España.

- Axel, tienes que saber que, para nosotros, tú eres el candidato del PSOE en la Argentina.

Para Pedro Sánchez el motivo del respaldo a Kicillof tiene una sola explicación. Va a hacer lo posible por complicar la posibilidad de la reelección de Javier Milei, el enemigo número dos del presidente de España, porque el número uno es Donald Trump.

A esta altura, hasta los adversarios más derechistas reconocen la habilidad política de Sánchez, capaz de cualquier maniobra para mantenerse en el poder como lo viene haciendo desde hace ocho años.

El abrazo de Pedro Sánchez, y el ámbito global de la Cumbre de Barcelona le sirvieron a Kicillof para salir de la confrontación permanente con Milei y alejarse también de la sombra de Cristina y la de Máximo Kirchner. En España estuvieron el senador kirchnerista Wado de Pedro y una comitiva de dirigentes encabezada por el ex canciller Jorge Taiana, quienes se mantuvieron a cierta distancia del gobernador.

Kicillof se movió acompañado por su ministro de Gobierno, Carlos Bianco, su ministra de Comunicación, Jésica Rey, y quien fue secretaria de Medio Ambiente del malogrado Alberto Fernández, Cecilia Nicolini.

En Barcelona, se le acercaron algunos argentinos como el economista Martín Guzmán (quien fue ministro de Economía de Fernández), y la líder del partido de izquierda Más Madrid, Manuela Bergerot, una española nacida en Argentina que sufre la mayoría absoluta con la que Isabel Díaz Ayuso gobierna la capital española.

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Libro, empresarios y universidades

Kicillof venía justamente de Madrid donde presentó su nuevo libro, se reunió con un selecto grupo de empresarios argentinos y españoles, y terminó con una cena muy discreta en la IE University, una de las universidades privadas más exclusivas de España a la que asisten alumnos de familias muy adineradas de Europa, EEUU, Asia y de los países árabes, donde solo se habla inglés y se practica el networking.

Quien ayudó a Kicillof a armarle el encuentro con los empresarios en el Hotel Meliá Princesa de Madrid fue el fundador del Grupo Insud, el argentino Hugo Sigman, con negocios en la industria farmacéutica y la cultural, muy afincado en España desde hace tiempo. Hubo representantes de la energética Naturgy, de la tecnológica Indra y de la empresa de apuestas Codere, además de algunas menos notables en el sector inmobiliario, satelital y en los siempre presentes fondos de inversión.

Líderes internacionales, empresarios globales y universidades del poder. Señales de quien está enfocado en un proyecto no apto para seres sensibles, como lo es intentar convertirse en presidente de esa tierra incierta que es la Argentina.

Claro que Kicillof lo dejó más claro durante la presentación de su libro, el último jueves en un lugar icónico de Madrid como es la biblioteca de El Ateneo. Allí, entre militantes peronistas que le festejaban todas sus críticas a Milei e intelectuales de la izquierda española, el gobernador sorprendió con un mensaje conciliador que partía desde el título del libro: “De Smith (Adam) a Keynes”.

El mismo Kicillof de la polémica expropiación de Repsol dice ahora: “No hay una sola teoría económica, sino pensamientos económicos distintos que conviven porque los países van cambiando”.

En Madrid, Kicillof admite sin sonrojarse que hay ideas valiosas en “La Riqueza de las Naciones”, y se permite citar -además de Karl Marx o de John Maynard Keynes, tan vituperado por Milei)- al réprobo Adam Smith o a David Ricardo. No llega al extremo de elogiar a Hayek o a Von Misses. Hasta en la política hay límites difíciles de cruzar.

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El gobernador argentino Axel Kicillof, y la vicepresidenta segunda de España, Yolanda Díaz.

Pero queda claro que el crossover que Kicillof ensaya en la economía tiene un correlato en la mirada electoral. De ahí seguramente con diálogos que mantiene más allá de las fronteras difusas del peronismo con algunos dirigentes radicales y de otros sectores políticos a los que intenta aglutinar.

No la tiene fácil Kicillof, y lo sabe. Javier Milei es el principal escollo y el presidente argentino ya ha dicho que irá por la reelección. Tiene el lastre del kirchnerismo, de Cristina y de una provincia inconmensurable como Buenos Aires. El territorio inviable, como lo ha bautizado el gran Jorge Asís.

Por ahora, Axel Kicillof se lleva de España el abrazo de Pedro Sánchez y su promesa de respaldar el proyecto del argentino para llegar a presidente. Pero el Maquiavelo español también la tiene muy complicada en su laberinto de supervivencia personal.

El abrazo, que hoy es cálido y prometedor, siempre se puede transformar en el abrazo del oso.

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