El auge del teletrabajo y los problemas de vivienda, que obligan a muchos a buscar espacios fuera de casas pequeñas o compartidas, han transformado a muchas cafeterías a lo largo y ancho de España en oficinas improvisadas. Sin embargo, para muchos establecimientos esta tendencia no resulta rentable por la poca rotación en las mesas.
En varios locales se han tomado medidas tras detectar casos de clientes que ocupan mesas durante toda la mañana con un gasto mínimo. La gerencia defiende que, en momentos de gran afluencia, una sola mesa puede generar hasta ocho servicios diferentes, algo imposible si el espacio está bloqueado por una persona con un ordenador.
Para combatir la falta de rotación, algunos establecimientos en Santiago de Compostela han comenzado a señalizar mesas específicas donde el uso del portátil está prohibido. Otros propietarios han optado por medidas más drásticas, como la anulación de enchufes y la desconexión selectiva de la red wifi para evitar que los clientes se instalen de forma permanente.
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"Mesa reservada solo para comer o beber. Si estás aquí para trabajar o estudiar, usa las mesas designadas"
Los trabajadores de algunos cafés explican que, en espacios reducidos, la falta de rotación afecta directamente la viabilidad del negocio. Pese a estas tensiones entre trabajadores y clientes, por el momento la mayoría de los hosteleros descartan cobrar suplementos por el uso de servicios como el wifi para no ahuyentar a los clientes habituales.
La perspectiva del teletrabajador y el estudiante
Los usuarios definen esta práctica como esencial para separar el entorno laboral del doméstico, especialmente en viviendas que carecen de espacio para un lugar tranquilo de trabajo. Clientes frecuentes aseguran que el ambiente distendido y diferente de una cafetería favorece la productividad, aunque reconocen la importancia tener varias consumiciones durante su estancia.
Sin embargo, existe una división de opiniones respecto a posibles cobros extra. Mientras algunos clientes ven lógico que el coste se incluya en el precio del producto, otros comparan la situación con tradiciones antiguas, como pasar la mañana leyendo el periódico en el bar, argumentando que el servicio de hospitalidad siempre ha permitido estancias prolongadas.