Las guerras en Irán y Ucrania obligan a resideñar las rutas de aviones y barcos a nivel mundial
El cierre de corredores clave dispara costes, seguros y tiempos de transporte, mientras crece la congestión y el riesgo en rutas globales estratégicas. Cómo hacen los aviones y barcos para esquivar los conflictos.
Los aviones y barcos deben esquivar la ruta que atraviesa Irán.
Las guerras en Oriente Medio del Este están transformando de forma acelerada el mapa del transporte internacional.
El cierre de espacios aéreos y marítimos estratégicos obliga a aerolíneas y navieras a redibujar sus rutas, incrementando los costes operativos, los riesgos y la complejidad logística en un contexto global cada vez más inestable.
El impacto de los conflictos en la aviación internacional
La ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, sumada a la guerra en Ucrania, ha generado un entorno en el que volar se ha vuelto más complejo y costoso. La clausura de espacios aéreos clave ha obligado a establecer corredores alternativos más largos y congestionados.
Raúl Medina, director de Eurocontrol, explica que “el cierre de espacios aéreos por conflictos obliga a las aerolíneas a desviarse por corredores más largos, lo que genera congestión en el espacio aéreo”.
En este contexto, las aerolíneas deben evitar amplias zonas en conflicto, como Irán, el Golfo Pérsico o Ucrania, lo que limita las opciones a rutas estrechas y estratégicamente delicadas. Uno de los corredores pasa al sur, bordeando regiones inestables como Somalia, Sudán o Yemen. El otro discurre al norte, cerca de zonas afectadas por el conflicto ucraniano y territorios rusos.
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Desvíos, combustible y costes: el efecto en las aerolíneas
El rediseño de rutas tiene un impacto directo en la estructura de costes de la aviación comercial. El primer efecto es el aumento de la distancia de los vuelos, que puede añadir desde 30 minutos hasta varias horas adicionales.
Esto repercute directamente en el consumo de combustible, que representa entre el 25% y el 35% del coste total de un vuelo. Cada hora extra implica toneladas adicionales de queroseno.
Además, las aeronaves deben reducir carga o número de pasajeros para compensar el mayor peso del combustible en trayectos más largos. A esto se suma una menor utilización de los aviones, ya que las rotaciones se alargan y disminuye el número de vuelos diarios por aparato.
Alex Macheras, experto en aviación, resume la situación: “Cuando una guerra cierra espacios aéreos clave, las aerolíneas tienen que redibujar sus mapas de rutas de la noche a la mañana”.
Seguros de guerra y congestión aérea global
Otro factor crítico es el aumento del coste de los seguros. Las compañías que operan en zonas cercanas a conflictos deben contratar pólizas específicas de riesgo bélico, que pueden disparar los costes.
En el caso de aerolíneas del Golfo como Etihad, Emirates o Qatar Airways, las primas se han multiplicado por tres.
A nivel operativo, los desvíos concentran el tráfico en corredores limitados, generando congestión, retrasos y mayores costes de control aéreo. Basta el cierre de unos pocos espacios estratégicos para alterar rutas intercontinentales completas.
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El transporte marítimo, también bajo presión por el estrecho de Ormuz
La situación marítima es igualmente crítica. El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha obligado a desviar gran parte del tráfico hacia el mar Rojo y el canal de Suez, rutas que también presentan riesgos.
La milicia hutí ha advertido que tiene “el dedo en el gatillo” para atacar petroleros, lo que incrementa la tensión en el estrecho de Bab el Mandeb, otro punto clave del comercio global.
Para aliviar parcialmente la situación, Arabia Saudí utiliza su infraestructura terrestre para transportar crudo desde el Golfo hasta el mar Rojo, aunque esta alternativa no compensa completamente el bloqueo.
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Riesgo extremo y seguros millonarios en el transporte de petróleo
El transporte marítimo de hidrocarburos enfrenta riesgos crecientes. Irán ha atacado ya varios buques en la región, elevando la percepción de peligro.
Los armadores deben contratar seguros de guerra adicionales, significativamente más caros que las pólizas estándar. Además, el riesgo de pérdida total es elevado: un superpetrolero puede transportar hasta dos millones de barriles y alcanzar un valor superior a los 200 millones de dólares entre barco y carga.
David Smith, responsable de seguros marítimos en McGill and Partners, advierte: “Conseguir un seguro de guerra es una cosa. Atravesar el Estrecho de Ormuz es otra completamente distinta”.
Un mundo más fragmentado y menos conectado
El encadenamiento de conflictos está erosionando la eficiencia de la globalización y complicando el tránsito internacional de personas y mercancías.
La necesidad de evitar zonas en guerra, asumir mayores costes y gestionar riesgos crecientes está redefiniendo las rutas globales, en un escenario donde la conectividad ya no está garantizada y depende cada vez más de la evolución de los conflictos geopolíticos.