En el prólogo, cuenta que la idea de escribir el libro creció a medida que fue descubriendo "el desconocimiento que muchos jóvenes adultos tenían de lo sucedido durante el período dictatorial". Afirma que le "preocupaban todavía más las omisiones y distorsiones que nacían de opiniones interesadas o mal informadas".
Además, añade:
Si algo me faltaba para concretarla, una pregunta de mis nietos me dio el impulso definitivo: «Tata, ¿vos estuviste preso?», me dijeron más de una vez; sentí que además de la contestación puntual adecuada a sus edades, les debía una más profunda y completa a la que pudieran acceder cuando crecieran.
En 2023, a propósito de los 50 años del Golpe de Estado de 1973 en Uruguay, se hizo una reedición del libro –publicada por Fin de Siglo– y los nietos de Cayota, ya adultos, escribieron el prólogo.
Para ellos el libro es una "posibilidad de charlar con un protagonista directo de aquellos años y de tratar de entender el porqué de muchas cosas". "De conocer sus visiones, sus sensaciones, sus sentimientos y hasta sus miserias. Es un intento de explicación. ¿Por qué estuviste preso? ¿Por qué pasó lo que pasó?".
Los nietos destacan a su abuelo como "un profesor de convicciones profundas y arraigadas que predicó desde la acción".
"Es la memoria de un esposo, padre y abuelo. De su lucha, sus convicciones, su intención de trascender. Su espíritu inquieto, su integridad, sus deseos, sus pensamientos y su determinación", cuentan en el prólogo.
Pero para ellos, el libro no es solo sobre Víctor Cayota.
Es, sin lugar a dudas, una historia de perseverancia y resiliencia encarnada en la lucha de Tata, pero también, y tal vez en mayor medida, en la de nuestra abuela Memé (Nelly). Porque es la historia de un preso político, pero también de su familia, de sus angustias, su peripecia y su insistencia.
Esta edición del libro incluye además dos poemas que Cayota escribió preso, fechados como "Navidad de 1975". A continuación, uno de ellos:
Esto es oración
no poema
Oración
por los que quieren matar la vida
por los que desangran la paloma
por los que quieren tapar la luz
por los que quieren ahogar la voz
Oración
por los muertos vivos
por los chupasangres
por los sombríos
por los sordos
Oración, dije–
no maldición
(¡Cómo cuesta!)
Oración, dije:
oración
para que
la vida
la paloma
la luz
a palabra
los inunde
los purifique
los ilumine
los haga entender
Amén
"Mi hija es tu mamá"
El otro libro es Los nietos te cuentan cómo fue: Historias de identidad, publicado en 2023 en Buenos Aires por Marea Editorial y que narra la historia de 13 nietos y nietas reencontrados con sus familias. En Argentina, hay cientos de casos de bebés y niños que los militares les quitaron a sus madres detenidas para entregarlos a amigos o conocidos suyos.
El libro fue escrito por la periodista Analía Argento (cuyo tío está desaparecido), Mariana Zaffaroni (hija de detenidos desaparecidos uruguayos) y cuenta con las ilustraciones de Sabrina Gullino (nieta restituida que todavía busca a su hermano mellizo).
Las dictaduras de América Latina trabajaban coordinadas en la represión. Lo hacían en el marco de lo que se llamó Plan Cóndor. Es por esto que, si bien el libro fue escrito desde Argentina, las historias muchas veces se entrelazan con el Uruguay, como es el caso de Zaffaroni y el caso también de Paula Eva, uno de los 13 testimonios.
En 1978 a Paula la secuestraron junto a su papá Claudio Ernesto Logares (“Pirulo”) y su mamá Mónica Sofía Grinspon (“Yoyo”) 23 días antes de que cumpliera dos años. "Estaban viviendo en Montevideo y ese día iban a pasear al Parque Rodó", cuenta el libro.
Muchos años después, sobrevivientes de la dictadura argentina (1976-1983) dijeron que vieron a los padres de Paula en la Brigada de San Justo y en el Centro Clandestino Pozo de Banfield, "los lugares adonde llevaban a los uruguayos secuestrados en Argentina o a los argentinos traídos de Uruguay".
Rubén Lavallén –jefe de la Brigada de San Justo– y su esposa Raquel Leyro la inscribieron como hija propia con una fecha de nacimiento dos años después de la real y con otro nombre:
El subcomisario quería llamarla Luisa. Así se llamaba la mamá de Lavallén.
-¡Luisa!
Paula no lo miraba.
-¡Luisa!
Paula seguía sin responder. Solo se daba vuelta cuando usaban su nombre verdadero. Sabía que se llamaba Paula.
Hubo varias denuncias de que a la niña la tenían personas que no eran sus padres. Una fue hecha por familiares de Paula en Uruguay, después de que Raquel Leyro la llevara allí de visita porque ella también tenía familia en el país. Otra fue hecha por un vecino de donde vivían en Chacarita que se presentó en el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) creado en 1979.
La última denuncia la hizo la abuela materna de Paula, Elsa Pavón, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo.
Elsa vivía en Banfield, pero se llevaba una bolsa y se iba a Chacarita. Allí compraba en una verdulería frente al edificio de los Lavallén y espiaba a la niña que podía ser su nieta.
El 10 de diciembre de 1983 volvió la democracia a Argentina, con la asunción de Raúl Alfonsín como presidente, y el primer día hábil, el lunes 13, "Elsa presentó la denuncia ante el Juzgado Federal N° 1", narra el libro.
Llevó fotos, documentos, la partida de nacimiento y la denuncia de desaparición, pero no era prueba suficiente.
Sin embargo, en 1982 las Abuelas de Plaza de Mayo habían ido a Estados Unidos a entrevistarse con los máximos especialistas en estudios de sangre. "La cadena de contactos no se detuvo hasta que hallaron una respuesta y los científicos lograron probar la filiación de una persona con la sangre de abuelos".
Paula fue la primera niña cuya sangre se analizó en el Hospital Durand cuando aún no se había creado el Banco Nacional de Datos Genéticos. Las pruebas dieron certeza judicial para que se realizara la restitución familiar. Por fin Paula podía volver con su familia.
El 13 de diciembre de 1984, un año después de la denuncia de Elsa, Paula estaba en el despacho del juez Andrés D’Alessio. Él le dijo: "Una señora te busca, es la mamá de tu mamá".
Se abrió la puerta y entró su abuela. Llevaba fotos de Paula con sus padres verdaderos, incluso la ropa de bebé que usaba en una de ellas. La niña le dijo que no la conocía y que sus padres eran las personas que vivían con ella:
–Mi hija es tu mamá y su esposo es tu papá. Esa señora con la que vivís no es mi hija –insistió la abuela Elsa y empezaron una discusión.
Elsa se enojó, pero se contuvo. Entonces se le ocurrió hacer una pregunta:
–¿Sabés cómo llamabas a tus papás?
–No.
–El nombre de tu mamá te salía, le decías Mónica. Pero el de tu papá no. Le decías Calio.
–¿Calio? Calio... Calio...
La tercera vez que Paula nombró a su papá la voz sonó como la de una beba. Se largó a llorar. No dijo nada, pero mirando una foto se había dado cuenta de que esa bebé era ella.
Además de contar sus historias para el libro, los protagonistas compartieron "anécdotas, películas favoritas, sus playlist y algunas otras cositas".
En el caso de Paula Eva, en su capítulo aparece una mención a la película animada del japonés Hayao Miyazaki, El viaje de Chihiro (2001). Allí, como recuerda el libro, uno de los personajes "le advierte a Chihiro, una niña de diez años que había perdido a sus padres, que no debe olvidar su nombre, que si no lo recuerda quedará atrapada en el mundo de los espíritus para siempre".