Queer es una historia sobre la adicción, la obsesión y el deseo. Su protagonista es, por tanto, un adicto. Y lo es por partida doble: es un adicto como solemos entenderlo, alcohólico y consumidor dependiente de cocaína y sobre todo, heroína, y es un adicto a una persona que se aparece en su vida y ocupa todos sus pensamientos.
La película, basada en una novela incompleta (recuerde ese dato) del autor estadounidense e ícono de la generación beat William Burroughs, se puede ver actualmente en cines, y eventualmente estará en la plataforma Mubi. En el centro, y como su mayor mérito, hay un gran trabajo del último Bond, el actor británico Daniel Craig, en un papel lejano a los roles con los que se lo asoció principalmente hasta ahora, entre el cine de acción o incursiones en la comedia como La suerte de los Logan o la saga Knives Out, que ya tiene rumores de nominación al Oscar.
A Craig le toca encarnar a un trasunto de Burroughs, William Lee, un estadounidense radicado en Ciudad de México en la década de 1950. Lee pasa sus días sudado y rendido, caminando de un bar al otro, tomando un tequila, mezcal o cerveza tras otra, y pasándose a un muchacho bonito tras otro.
Embed - QUEER Tráiler Español Latino Subtitulado (2024) Daniel Craig
Esa existencia, entre el hedonismo y lo patético, cambia cuando Lee se cruza en las calles de la ciudad a un compatriota suyo, un exmarino considerablemente más joven, Eugene Allerton. Lo que sigue es una suerte de cortejo persecutorio guiado por la obsesión. Una fijación que no es recíproca, muy a pesar del protagonista, que apostará a ideas y proyectos cada vez más ambiciosos y desesperados para retener la atención y el vínculo con Allerton.
Para hacer bien el amor hay que venir al sur
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Al comando de Queer está el cineasta italiano Luca Guadagnino, que en los últimos años se ha convertido en una máquina de sacar películas. El director de Llámame por tu nombre estrenó tres filmes en la misma cantidad de años (dos en este 2024), y ya tiene otra en camino para 2025.
De hecho, mientras trabajaba en el que fue su otro estreno de este año, Desafiantes, le habló al guionista Justin Kuritzkes de su intención de adaptar la obra de Burroughs, le dio el libro, y se pusieron a trabajar.
Si hizo lo que le fue pedido al principio de la nota, habrá recordado que la novela en la que se basa esta película fue publicada incompleta. Y eso se nota también en esta adaptación, para la que Kuritzkes y Guadagnino apostaron al resto del universo del autor: tomaron elementos de Yonqui, novela que, como Queer, es semi autobiográfica y hasta comparte a William Lee como protagonista, así como de la vida real del autor estadounidense y otros materiales.
Se nota porque los tres capítulos y el epílogo que conforman la película son desparejos. La primera parte, la que efectivamente está basada en Queer, fluye con un ritmo fascinante, mientras se conforma el vínculo entre Lee y Allerton.
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Lo que viene después, cuando los dos hombres viajan desde México hasta Ecuador en busca de una planta que presuntamente sirve para despertar habilidades telepáticas –la planta con la que se prepara la ayahuasca– es un recorrido mucho más árido y denso, aunque esto también se emparenta con la agitación, la agonía y la búsqueda de Lee.
Aunque en esa segunda parte también hay puntos altos, incluso un final conmovedor, el empaste de estos retazos no siempre termina de cuajar y el resultado es algo más desparejo en ese tramo de la historia.
Lo que siempre funciona, por ejemplo, es la música, tanto las composiciones originales de Trent Reznor y Atticus Ross, con alguna ayudita de Caetano Veloso, o las anacrónicas apariciones de temas de Nirvana o Prince. La música “fuera de época” puede ser un punto divisivo, pero en el caso de Queer cae bien, porque además es una película donde la lógica del artificio y la irrealidad están muy presentes.
Eso se hace visible también en la recreación en los míticos estudios Cinecittá de Roma de la Ciudad de México de los años 50, y en el uso de miniaturas para construir una ciudad que siempre se siente falsa pero al mismo tiempo, creíble.
Y lo que siempre funciona y sostiene la carpa es Daniel Craig. Cada vez que su mirada se pierde en el horizonte, en un vaso o en Allerton, cada vez que patea las calles o la selva bañado en transpiración, cada vez que le toca ser sensual, meditativo, frágil o sufriente, logra convertirse en el corazón de una película que puede ser seductora y tierna, pero también logra ser brutal.