Por José Miguel Onaindia*
El verano en Europa es una ocasión para encontrarse con una multiplicidad de festivales sobre los más variados géneros de las artes escénicas. Teatro, danza, perfomances, circo y las más variadas formas de expresiones artísticas de calle se representan en ciudades de diferente tamaño y bajo distintas formas organizativas.
El turismo cultural se incentiva con tantas propuestas que permiten también organizar un circuito de visitas a sitios diferentes en su historia y su configuración urbana. Mi viaje comenzó por Madrid en tránsito a Barcelona, dónde en la única noche que pasé en la ciudad pude aprovechar para ver en el final de temporada del Teatro Español la representación de El fin, obra del dramaturgo Paco Gámez que plantea la disyuntiva de qué hacer si se anuncia que en diez horas se acaba el mundo. Ingeniosa, rítmica, con una humor muy ácido nos muestra a los personajes tratando de resolver sus existencias en ese breve lapso. Integra el elenco Rubén De Eguía, a quien conocimos en Montevideo en la última edición del Festival Temporada Alta con la obra En mitad de tanto fuego, del consagrado autor Alberto Conejero y con la dirección de Xavier Albertí. Por esa obra acaba de ganar el premio Godot a la Mejor interpretación y estuvo ternado en los premios Max. Pronto volveremos a verlo con la misma obra en la temporada del Teatro Solís.
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Rubén De Eguía en el Teatro Español
En Barcelona de finales de junio a finales de julio se realiza uno de los festivales más importantes de Europa, el GREC, que durante un mes reúne a los artistas más destacados de la escena contemporánea. Dentro del festival a un segmento dedicado al encuentro de programadores internacionales, denominado GREC PRO a cuál fui invitado y que, además de permitirnos gozar durante cinco días de la programación del festival, propone la reunión y conocimiento de la trama escénica de esa ciudad de gran tradición en las artes.
En esta edición, se producía también un hecho especial, porque se despide su Director Artístico, Francesc Casadesús, luego de ser el responsable de memorables ediciones del festival y haber trazado vínculos muy estrechos con la escena latinoamericana.
Dentro del encuentro se vivió un momento de especial significación para las buenas prácticas en las políticas culturales porque se realizó la presentación de, quien a partir de la próxima edición, será la nueva directora del festival, Leticia Martín Ruiz. En tono afable y sin grandilocuencias, el director saliente y la directora entrante compartieron con los programadores invitados —directores de festivales y representantes de instituciones públicas culturales de variados países— este momento de transición, verdadero ejemplo de una auténtica convicción democrática.
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Christophe Raynaud de Lage
La programación es tan deslumbrante que cuesta reseñarla. Viví una experiencia única The second woman, creación de Nat Randall y Anna Brecknon de Australia, propone que una actriz durante veinticuatro horas repita cien veces con cien compañeros de escena distintos la misma escena. Puede definirse como un espectáculo multimedial porque además de ver a la actriz y sus partenaires en escena, se transmite en directo en una pantalla situada al lado de la caja escénica. Para cumplir esta "misión imposible" fue convocada María Hervás, actriz que pudimos admirar en Montevideo en el Festival de Artes Escénicas de Uruguay del 2019 en la obra Jauría, de Jordi Casanovas con dirección de Miguel del Arco. De enorme talento y gran ductilidad para desempeñar al mismo tiempo en el rol ante el público y frente a cámara, mantuvo a cientos (¿miles?) de espectadores que fueron rotando a través del día de representación en la magnífica sala del Teatre LLiure.
En el Teatro Nacional de Catalunya puede disfrutar de un extraordinario espectáculo creado por el palacio Kryxztof Warlikowski, basado en el personaje creado por el premio Nóbel de Literatura, J.M. Coetzee, Elizabeth Costello. Una obra deslumbrante por el uso del espacio escénico, la calidad de los intérpretes, la variedad de lenguajes propuestos, que confirma el lugar estelar que ocupa entre los directores de escena contemporánea. Cabe recordar que Coetzee visitó hace diez años Montevideo y dio una conferencia multitudinaria en el Teatro Solís.
Pude apreciar también dos obras de coreógrafos contemporáneos que demuestran la solidez de los lenguajes de esta expresión artística. Natural order of things, creación de Guy Nader y María Campos, juega gracias al rigor del nutrido cuerpo de baile entre la armonía y el caos. Una obra disfrutable con un lenguaje coreográfico preciso, rico, que no decae en ningún momento. El consagrado William Forsythe, director del ballet de Frankfurt desde 1983 hasta el 2004 vuelve a demostrar que es uno de los maestros de la danza de las últimas décadas y presenta un trabajo interpretado por seis bailarines, sin música, que se torna en un homenaje a los distintos lenguajes y estilos del ballet.
La programación es tan numerosa y deslumbrante que sólo me limito a compartir algo de lo que pude apreciar. Vale destacar, que a pesar del calor y los espacios de esparcimientos al aire libre que ofrece la ciudad, las salas estaban repletas, con entradas agotadas con anticipación.
Continué mi viaje al Festival de Avignon, la ciudad de los Papas, que en el verano cierra su casco histórico para recibir una multiplicidad de espectáculos que se suceden en calles y salas durante todo el día.
Allí Uruguay estuvo presente a través de la coproducción entre Avignon, Santiago a Mil y la Comedia Nacional uruguaya, Sea of silence, de la coreógrafa y directora uruguaya Tamara Cubas, con la participación en el elenco de la actriz Alejandra Woolf, y un grupo de talentosos uruguayos en música, iluminación, escenografía y producción. Un suceso festejado por el público del festival que colmó las funciones programadas.
Pero Uruguay estuvo presente también en un hecho histórico: la primer obra representada en catalán en el festival es de autoría y dirección de Gabriel Calderón, Historia de un jabalí —en Montevideo se llamó Algo de Ricardo y la dirigió Mariana Percovich— que ya fue un éxito en España, y fue la obra que introdujo esta lengua en esta prestigioso festival europeo.
Una versión de Tebas Land de Sergio Blanco, realizada en Brasil por el director argentino Víctor García Peralta, integró el denominado Avignon off, de nutrida y valiosa programación.
La escena argentina está presente en ambos festivales con nombres como los de Lola Arias, Mariano Pensotti y Tiziano Cruz, como también otros artistas chilenos y mexicanos.
Estos hechos demuestran que no hay mejor embajador de un país que sus artistas. La cultura es el signo por el cual se reconocen los pueblos en el mundo y un instrumento de la política internacional de un estado que no siempre es comprendido por las autoridades políticas.
Espero que estos hechos que comparto colaboren a crear la conciencia que el arte es un bien esencial que debe ser protegido como la educación y la ciencia.
*José Miguel Onaindia es gestor cultural, abogado y ensayista; asesor de Internacionalización de Promoción Cultural de la Intendencia de Montevideo y Coordinador de la Fundación Mario Benedetti