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La “inteligencia” está sobrevalorada. Evidentemente, lo esperado dadas mis circunstancias sería que mi respuesta fuera: “¡Sí, absolutamente todas las personas deberían invertir en arte!” Pero no, no necesariamente. Es una cuestión personal.

En principio, depende de si a uno le gusta el arte o no, si le interesa la cultura o no, si le motiva contribuir al desarrollo de la sociedad o no, y si imagina el mundo después de su propia muerte o no. Hay quien considera una inversión inteligente comprar y vender a corto plazo o obtener ganancias estratosféricas rápidamente. Y lo opuesto a inteligente sería comprar sin tener intención de vender, o comprar sin tener lucro a corto plazo o comprar por sentimentalismos. Son todas opciones validas.

Yo compro obras de arte. Y con mis ingresos de clase media, cada año, invierto en una obra, en un artista, en una galería, que participe en ESTE ARTE.

Compro arte porque es bueno para mi salud: me hace pensar, me permite descubrir grupos sociales distintos al mío, expande mis conocimientos y me incita considerar mi propia existencia y el rol que desempeño en la sociedad.

Compro arte porque la cultura es vital: como conjunto de conocimientos que nos permite desarrollar el propio juicio crítico, es absolutamente necesaria para vivir una vida que vale la pena vivir.

Compro arte porque me interesa contribuir al desarrollo de la sociedad en la que nací. ¿Un poco pretencioso o sentimentalista? Bueno, analicémoslo, es algo relativamente simple. Si compro una obra de arte en una galería, esta puede seguir participando en ferias, mantener un espacio para exposiciones, pagar el alquiler de su local, cubrir los salarios de los empleados y pagar a los artistas. A su vez, los artistas podrán pagar sus alquileres, seguir produciendo, vivir de su trabajo, cubrir sus gastos y educar a sus hijos. Este ciclo genera un impacto positivo en la comunidad, alimentando el desarrollo regional. Al comprar en galerías, la mayoría de las cuales son pymes, el dinero se queda en la comunidad, generando un impacto económico positivo y fomentando el desarrollo regional.

Compro arte porque imagino que mis hijos y nietos heredarán esas obras, y éstas serán, no solo una forma de recordarme, sino también una manera de conectarse con la época en la que viví y las reflexiones culturales del momento, convirtiéndose en registros históricos del tiempo.

También compro arte porque es una manera de incrementar mi capital personal y familiar. Antes de cada compra realizo una extensa análisis e investigación sobre el artista, la obra y la galería, y considero su potencial valorización futura. Sin ser dogmática, consumo evaluando la vida útil de las compras. Me interesan los objetos materiales que tienen la capacidad de apreciación a lo largo del tiempo y su período de aprovechamiento. Y como diría mi amiga Fabiana, “no tiene desperdicio”!

Invertir en arte no es solo inteligente, sino que necesario. Porque es una inversión en sí mismo, nuestro futuro, en el bienestar de nuestros hijos y en el desarrollo de la sociedad en la que vivimos.

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