Flávio Bolsonaro sorprendió en Brasil al imponerse en la primera vuelta sobre Luiz Inácio Lula da Silva, quedando perfilado como favorito para el balotaje del 25 de octubre. Aunque la derecha no alcanzó la mayoría absoluta para cerrar la contienda en primera ronda, el resultado coloca al Partido Liberal a un paso de desalojar al Partido de los Trabajadores del poder, en una definición que amenaza con desmantelar el bastión de Lula y reforzar el alineamiento regional con la administración de Donald Trump.

Mientras la mayoría de las encuestas anticipaba una ventaja para Lula en la primera vuelta, el resultado fue distinto: Bolsonaro alcanzó 47,21% de los votos frente a 45,05% del mandatario que busca reelegirse. A esa diferencia se suma que los estudios de opinión señalan que los sufragios de los tres candidatos que intentaron romper la polarización —Augusto Cury, Renan Santos y Ronaldo Caiado, con un total de 7%— fluirían en su mayoría hacia Bolsonaro.

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En la estrategia del Partido de los Trabajadores, Lula aspiraba a llegar a la segunda vuelta con una ventaja que le diera margen de maniobra. El resultado, sin embargo, lo dejó en desventaja: ni siquiera las proyecciones más optimistas de la oposición anticipaban un desenlace tan adverso en la primera ronda. La fortaleza que exhibió Flávio Bolsonaro en el sureste sorprendió y reconfiguró el tablero electoral rumbo al balotaje.

A sus 45 años, el hijo mayor de Jair Bolsonaro —hoy preso por intentar un golpe de Estado— busca devolver a Brasil a la senda de su padre. “Brasil necesita un cambio. No puede soportar más sufrimiento, tantos impuestos altos, tantas mujeres muertas, tanta persecución política”, declaró al votar en Río de Janeiro. Una victoria de Bolsonaro sumaría a la mayor economía del subcontinente y a la segunda reserva mundial de tierras raras al bloque conservador que ya integran Argentina, Colombia y Perú, consolidando el eje con Washington.

Propuesta radical

En un país donde la inseguridad domina las preocupaciones ciudadanas, Bolsonaro propone una doctrina inspirada en la tolerancia cero: catalogar a las bandas criminales como “narcoterroristas”, construir prisiones federales de máxima seguridad bajo el modelo de El Salvador, eliminar beneficios penitenciarios para delitos graves y reducir la edad de imputabilidad a los 16 años.

La idea de declarar narcoterroristas a carteles como el Comando Vermelho abre la puerta a que Brasil se incorpore al Escudo de las Américas, la coalición impulsada por Washington contra el crimen organizado. En paralelo, este acercamiento a la Casa Blanca facilitaría el objetivo de Trump de limitar la presencia de China en la explotación de tierras raras.

En el frente económico, con un déficit fiscal cercano al 9% del PIB y una deuda que supera el 80% y absorbe cada vez más recursos por intereses, Bolsonaro promete un “tijerazo” para restaurar la disciplina en las cuentas públicas. Su equipo plantea una nueva regla fiscal en reemplazo del marco de Lula, la reducción de al menos diez ministerios, el freno a los subsidios y una revisión a la baja de la reforma tributaria para evitar que el IVA roce un récord del 30%.

Retener el poder

En la otra vereda, Luiz Inácio Lula da Silva busca un inédito cuarto mandato a los 80 años, tras más de cuatro décadas en el escenario político. Para retener el Palacio de Planalto, el líder del Partido de los Trabajadores intentará convencer a los brasileños de que su continuidad garantiza soberanía, estabilidad y defensa irrestricta de las instituciones.

Seguidores de Lula

“Los electores deberán elegir entre fortalecer el régimen democrático y la barbarie, entre el positivismo y el negacionismo”, sostuvo al votar en São Bernardo do Campo, en el cinturón industrial paulista.

En campaña, Lula levantó la bandera soberanista al exigir a Trump que no se entrometa en los asuntos internos de Brasil y acusar a su rival de someterse a los designios de Washington. Una victoria del mandatario mantendría al gigante sudamericano como uno de los pocos gobiernos de izquierda que sobreviven en la región, junto a México y Uruguay.

Percepción negativa

Si bien la economía se mantiene en terreno positivo, el desempleo en mínimos históricos y la inflación controlada, el elevado endeudamiento de los hogares junto a tasas de interés de dos dígitos que encarecen el servicio de las deudas y un abultado déficit fiscal que presagia un ajuste en el gasto público han instalado una percepción de crisis que juega en contra de la continuidad del gobierno.

Para amortiguar ese malestar, Lula recurrió a medidas directas sobre su bastión electoral: aumentó en 15% los pagos del Bolsa Família para familias vulnerables —reajuste que entrará en vigor el 19 de octubre, apenas una semana antes del balotaje—, promovió renegociaciones de deudas bancarias con quitas de hasta 90% para personas y pequeñas empresas, y prohibió las apuestas deportivas en línea por su impacto en las finanzas familiares.

Una batería de medidas que no alcanzó para frenar el embate inicial de Bolsonaro en las urnas y que deja a la oposición en clara ventaja rumbo al balotaje.

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