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Los colombianos votarán el domingo en un escenario marcado por la violencia de grupos armados con control territorial, el ascenso de una derecha radical y la apuesta de la izquierda por prolongar el ciclo político iniciado por Gustavo Petro en 2022.

El impacto de la violencia política, que sacudió al país con el asesinato del senador Miguel Uribe en agosto de 2025 tras un atentado en un parque de Bogotá, es evidente: los candidatos se mueven rodeados de guardaespaldas con escudos blindados y protegidos por cristales antibalas. Según la Misión de Observación Electoral (MOE), 386 municipios —34% del total— presentan algún nivel de riesgo por la presencia de grupos armados, con focos críticos en Cauca y Antioquia.

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Gustavo Petro

Diego Rubiano, coordinador de la MOE, indicó que son necesarias “medidas de prevención y mitigación de riesgos que eviten la afectación de los derechos políticos de los ciudadanos” y explicó que no basta con la presencia de fuerza pública, se requieren “garantías integrales para el ejercicio democrático en los territorios”.

Los distintos grupos armados surgidos tras la fragmentación de la narcoguerrilla de las FARC, junto al ELN y el Clan del Golfo, pueden incidir en la participación, complicar la logística del organismo electoral e incluso coaccionar el voto en algunas zonas.

De acuerdo con la Fundación Ideas para la Paz, al cierre de 2025 estas estructuras contaban con 27.000 integrantes, un aumento del 23% respecto a 2024, en medio del fracaso del plan de Paz Total con el que el gobierno buscó acuerdos de desarme mediante distintas negociaciones.

Petro y Cepeda

Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico, el movimiento de izquierda liderado por Petro, llega a las elecciones con el impulso de la popularidad del “petrismo”.

Iván Cepeda - 26-2-26 - AP

Iván Cepeda

Si bien el deterioro del orden público, los ministros acusados de corrupción y el empeoramiento del servicio de salud pesan en contra, Petro puso más dinero en el bolsillo de los colombianos con un fuerte aumento del salario mínimo y la expansión de la nómina pública. En paralelo, el desempleo cayó, la pobreza se redujo y la economía crece, aunque a tasas bajas.

Economistas advierten que la expansión del gasto público y el crecimiento de la deuda comprometen la sostenibilidad de las mejoras y obligarán a un ajuste fiscal. Sin embargo, el presidente mantiene un nivel de aprobación cercano al 50% que impulsa a Cepeda, quien lidera la mayoría de las encuestas con pronósticos que oscilan entre 33% y 44%.

Filósofo, de 63 años y congresista durante los últimos 16, Cepeda promete la continuidad del gobierno ampliando el rol del Estado en la economía, reformas en salud y pensiones que Petro no logró aprobar por falta de apoyo parlamentario, transición energética para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y mayor gasto social.

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Seguidores de Iván Cepeda

Para solventar el desbalance fiscal, Cepeda plantea aumento de impuestos, lucha contra la corrupción y austeridad. Al mismo tiempo, insiste en negociar con los grupos armados a través del plan de paz total, pero supeditado a que cesen sus ataques. “Creo en la paz como camino y en el diálogo como herramienta para cerrar el ciclo de violencia que ha marcado nuestra historia”, dijo recientemente.

Derecha dividida

A diferencia de la izquierda, que llega unificada bajo el paraguas del Pacto Histórico, la derecha colombiana enfrenta la elección dividida. La derecha tradicional, representada por Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático, el partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe, compite con Abelardo de la Espriella, un aspirante sorpresa que emergió con fuerza en redes sociales y le ha dado rostro a una derecha radical, antisistema y de mano dura.

La propuesta de Valencia gravita en torno a los componentes clásicos de la derecha uribista: reducción del tamaño del Estado, disminución de impuestos, seguridad para la inversión, reforzamiento de las Fuerzas Armadas con mayor gasto en defensa y fin de las negociaciones con los grupos armados para dar paso a la “seguridad total”.

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Paloma Valencia

De la Espriella se proyecta como un outsider de ideas radicales que se identifica con mandatarios como Donald Trump y Nayib Bukele. Ha prometido “destripar” a la izquierda, reducir el tamaño del Estado en 40%, dar de baja a los cabecillas de los grupos armados con ayuda de Estados Unidos e Israel, y acabar con las exenciones tributarias, la corrupción y la evasión de impuestos.

Divide el espectro entre “los de siempre” —término con el que engloba a la clase política tradicional— y “los que nunca hemos gobernado”. Cuenta con el apoyo de partidos ultraconservadores, movimientos cristianos y figuras polémicas como el congresista Miguel Polo, quien defiende la actuación de los paramilitares en el conflicto armado.

La mayoría de las encuestas ubican a De la Espriella en segundo lugar, con registros de entre 27% y 37%, mientras Paloma Valencia aparece en tercer lugar con un rango de 12% a 21%.

Analistas consideran que la apuesta de Valencia de moverse hacia el centro, designando como su candidato a vicepresidente a Juan Daniel Oviedo —un político moderado— alentó el trasvase de votantes hacia la opción radical. Además, destacan que cometió un error estratégico al no confrontar abiertamente a De la Espriella desde el comienzo de la campaña, permitiendo que su opción captara el voto anti Petro sin mayores obstáculos.

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Abelardo de la Espriella

Segunda vuelta

Los sondeos dibujan un escenario en el que ninguno de los candidatos alcanzará más de la mitad de los votos y los dos primeros se medirán en un balotaje previsto para el 21 de junio. Cepeda ha liderado las encuestas de manera consistente y De la Espriella, según los mismos sondeos, sería su contendor en la segunda vuelta; sin embargo, los indecisos, que se estiman en torno a 10%, y lo imprevisible de la política colombiana mantiene el desenlace abierto.

El politólogo Daniel Zovatto señala en un análisis que “las encuestas ya fallaron en 2022 con Rodolfo Hernández y podrían volver a equivocarse. La volatilidad del electorado, la fragmentación partidaria, el impacto de la violencia territorial y el enorme peso de las redes sociales hacen extremadamente difícil proyectar escenarios definitivos”.

Si, como se espera, Cepeda pasa a la segunda vuelta, lo relevante será su rival. “Una derecha institucional y tradicional como la de Paloma Valencia o una nueva derecha populista, radicalizada y digital como la de Abelardo de la Espriella”, señala Daniel Zovatto, y agrega que “esa disputa paralela podría terminar siendo tan decisiva para el futuro político colombiano como la propia elección presidencial”.

Una segunda vuelta con Cepeda y De la Espriella como protagonistas sumergiría a Colombia en una polarización extrema, inédita hasta ahora.

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