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Todos esperaban que Donald Trump mencionara a Venezuela en su discurso sobre el estado de la Unión de la semana pasada. Lo que nadie anticipaba era la irrupción de Enrique Márquez. El excandidato presidencial, hasta hace poco recluido en las cárceles del chavismo, apareció por una puerta lateral del hemiciclo y, entre aplausos, abrazó a su sobrina Alejandra González, invitada a presenciar la sesión. La escena, cuidadosamente orquestada, sorprendió tanto al auditorio como a los venezolanos que seguían la transmisión desde la distancia.

En el Capitolio, donde cada gesto se mide entre política y espectáculo, Trump llamó a Márquez para subrayar la liberación de presos políticos en Venezuela. El opositor se convirtió en símbolo de lo que puede lograr el tutelaje que su administración comenzó a ejercer sobre el gobierno de Delcy Rodríguez, quien asumió el poder tras el ataque militar que derrocó a Nicolás Maduro. El exmandatario, ahora recluido en una prisión de Nueva York a la espera de un juicio por narcotráfico, quedó reducido a telón de fondo de la escena.

Enrique Márquez en el Capitolio -24-2-26 - AFP

Enrique Márquez con su sobrina Alejandra González en el Capitolio

El impacto de Márquez en el Capitolio no se redujo al abrazo con su sobrina, captado por las cámaras entre aplausos y la sonrisa de Trump. Ingeniero eléctrico de 62 años, compitió en las presidenciales de julio de 2024 con el pequeño partido Centrados y obtuvo un porcentaje mínimo de los votos. Sin embargo, políticos de distintos bandos subrayan que su perfil moderado y las relaciones con diversos sectores, incluido el chavismo disidente, lo convierten en una figura con potencial para articular a la oposición e incluso negociar con Delcy Rodríguez.

Ese no es el caso de María Corina Machado, la líder con mayor respaldo popular de la oposición, pero que, al menos por ahora, carece de los intermediarios capaces de tender vasos comunicantes con el gobierno de Rodríguez. Lejos de buscar un entendimiento, la presidenta encargada ha dejado en claro su intención de excluirla de lo que denomina “un nuevo momento político”.

En este escenario, fuentes consideran que Trump está interesado en introducir nuevos actores con un perfil moderado, como Enrique Márquez, y con presencia en el país, dentro del plan de tres fases que el secretario de Estado, Marco Rubio, ha bosquejado para Venezuela.

“Rubio ha definido un plan de tres fases ante el Congreso, estabilización, recuperación y transición. En la primera, Estados Unidos controla los flujos petroleros; en la segunda, garantiza acceso al mercado venezolano a empresas occidentales; en la tercera, impulsa la reconciliación política. En este sentido, la presencia, mención y ovación de Enrique Márquez, y no de Machado, en el discurso del Estado de la Unión de Trump es una señal de hacia dónde ven el horizonte de escenarios posibles”, escribió el politólogo Juan Manuel Trak en un análisis.

En el foco

Tras su rápido retorno a Caracas, Márquez ofreció una rueda de prensa el viernes pasado que, luego de su aparición en Washington, congregó a la mayoría de los medios de comunicación. Agradeció la invitación de Trump, afirmó que está de acuerdo con la “ruta planteada” por Marco Rubio y mantuvo la discreción: “Así como se me pidió llegar casi en secreto a Washington, porque era una sorpresa, también se me ha pedido, y voy a hacerlo, que sea muy discreto con los comentarios que tenga que emitir alrededor de las conversaciones que allí sostuve”.

Enrique Márquez habla con la prensa en Caracas - 27-2-26 - AFP

Enrique Márquez habló con la prensa en Caracas

Afirmó que para que haya elecciones presidenciales legítimas es indispensable renovar las instituciones. Señaló que no es posible votar con el actual Consejo Nacional Electoral, con un Tribunal Supremo de Justicia desacreditado. Resaltó que tiene la posibilidad “de hablar con todos los sectores, me siento preparado para eso” y agregó: “Quiero ser un puente”.

Márquez, exdiputado y miembro de la directiva del Consejo Nacional Electoral entre 2020 y 2023 —tras un acuerdo entre sectores de la oposición y el chavismo— exigió transparencia ante los contundentes indicios de fraude en las elecciones de 2024 y se negó a reconocer el supuesto triunfo de Maduro. Poco después fue acusado de planear un golpe de Estado y permaneció un año recluido en el Helicoide, la temible cárcel de los cuerpos de seguridad venezolanos, sin ser condenado. Recuperó su libertad el pasado 9 de enero.

En la rueda de prensa se le consultó si ha conversado con Machado. “No he conversado con ella desde que salí de prisión. No hemos seguido en contacto y a propósito de Washington no hemos hablado”, explicó. Manifestó su disposición a colaborar con la líder opositora, pero hizo énfasis en una inclusión amplia: “Aspiro a trabajar con ella, pero con todo el país. Uno de los aspectos que hay que superar es la idea de que hay venezolanos mejores que otros”.

Reivindicó el papel del expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, destacando que durante su tiempo en prisión “se portó con mi esposa como un hermano”. También agradeció el respaldo del mandatario colombiano, Gustavo Petro, y anunció que próximamente visitará Colombia y países europeos para expresar su gratitud por el apoyo recibido mientras estuvo en la cárcel.

La exclusión

"No veo elecciones en el corto plazo, por lo tanto, no soy candidato”, aseguró Márquez. Sin embargo, diversas fuentes lo consideran una posible carta de la oposición, especialmente en un escenario donde la participación de María Corina Machado en los comicios no luce despejada.

Machado, inhabilitada para participar en las elecciones presidenciales de 2024, respaldó la candidatura de Edmundo González, quien, según las actas en poder de la oposición, obtuvo una amplia victoria. Tras la ola represiva que siguió a los comicios, pasó a la clandestinidad y luego salió del país para recibir el premio Nobel de la Paz en diciembre de 2025. En paralelo, alineó su discurso con la estrategia de Donald Trump para Venezuela.

María Corina Machado en Washington - 9-2-26 - AFP

María Corina Machado en Washington

Ese paso se convirtió en la bandera de Delcy Rodríguez para sostener la exclusión de Machado. Hace unas semanas, al ser consultada sobre un eventual retorno de Machado, la presidenta encargada advirtió: “Tendrá que responder ante Venezuela. ¿Por qué pidió una intervención militar? ¿Por qué pidió sanciones y por qué celebró las acciones que tuvieron lugar a principios de enero?”

La Ley de Amnistía aprobada recientemente por el Parlamento con mayoría chavista excluye del beneficio a “las personas que se encuentren o puedan ser procesadas o condenadas por promover, instigar, solicitar, invocar, favorecer, facilitar, financiar o participar en acciones armadas o de fuerza” impulsadas por “Estados, corporaciones o personas extranjeras”.

“La participación de María Corina Machado en una elección implicaría garantías que el régimen de Delcy Rodríguez no pienso que vaya a permitir, y creo que el gobierno de Estados Unidos no va a presionar por eso”, considera el politólogo Jesús Castellanos.

Explica que “Estados Unidos requiere un líder que participe en una elección y trabaje coordinadamente con ellos. María Corina Machado puede significar un enorme ruido, no solo para el régimen, sino también para el propio gobierno de Estados Unidos, en la medida en que, gracias a su liderazgo, podría ir incluso en un sentido distinto a los mandatos de Washington”.

En virtud de ello, añade, “un liderazgo distinto a Machado dentro de la oposición democrática puede representar una oportunidad para la estrategia de las tres etapas”.

Tras el impulso recibido en Washington y los mensajes emitidos a su regreso a Caracas, todo apunta a que Enrique Márquez se dispone a jugar un papel relevante en la transición política venezolana. Su disposición a tender puentes y la expectativa que ha generado lo colocan en el centro del debate.

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