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Al igual que en las tres últimas elecciones, Keiko Fujimori irá a una segunda vuelta en la que nuevamente intentará convertirse en la presidenta de Perú. El escenario recuerda a la contienda pasada: una extrema polarización entre su propuesta de derecha y un rival de izquierda, aunque esta vez sus aspiraciones parten de una posición más favorable.

Fujimori ha construido su carrera política como heredera de su padre, Alberto Fujimori, el líder autoritario que un sector de la población recuerda en positivo por derrotar al grupo insurgente Sendero Luminoso y ordenar la economía, pero cuya gestión es severamente cuestionada por violaciones a los derechos humanos.

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Seguidores de Alberto Fujimori

En las pasadas elecciones perdió por un estrecho margen frente a Pedro Castillo, un maestro rural de izquierda que irrumpió como outsider y que, tras un año y cuatro meses de caótica presidencia, fue encarcelado al intentar disolver el Congreso. Al menos 40 civiles murieron en las protestas de los días posteriores.

Roberto Sánchez, su rival en esta ocasión, se presenta como sucesor de Castillo: fue su ministro de Comercio Exterior y Turismo, usa el sombrero que lo caracterizó y concentra la mayoría de sus apoyos en provincias rurales donde la pobreza es más aguda que en el resto del país.

El punto de partida es clave. En la anterior segunda vuelta, Castillo aventajaba a Fujimori por 11 puntos que se redujeron a uno. Ahora, según la encuesta de Ipsos publicada el 20 de mayo, Fujimori supera a Sánchez por 4 puntos: 39% frente a 35%.

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Roberto Sánchez

Francisco Belaunde, analista político y profesor de derecho internacional en la Universidad de Lima, explica que un factor que podría jugar en contra de Sánchez es que, “a diferencia de Castillo, es un parlamentario y desde ese punto de vista se le puede asociar con los cuestionamientos que se hacen al Parlamento”. Los estudios de opinión coinciden en que más de dos tercios de los peruanos desaprueban la gestión del Congreso.

Milagros Campos, politóloga y abogada, profesora de la Universidad Católica de Perú, señala que “el escenario recuerda el de la elección pasada, solo que en esa oportunidad fue sorpresivo”. Destaca como un matiz a considerar que “la estrategia de Sánchez ha sido reivindicar a Castillo a pesar de que atentó contra el Estado de derecho”.

Antes de la primera vuelta, hubo factores que jugaron a favor de Fujimori. Por un lado, se archivó la investigación por presunto lavado de activos que la había llevado a prisión preventiva en tres ocasiones. Por otro, el exfiscal que impulsó esa acusación pasó a convertirse en abogado defensor de Pedro Castillo.

Mano dura

Entre sus principales banderas figura la lucha contra los “gobiernos de izquierda ineficaces”. En un contexto donde la delincuencia y la corrupción son las mayores preocupaciones de los votantes, propone una política de mano dura: deportar a migrantes fuera de la legalidad, instaurar “jueces sin rostro” para proteger a magistrados que procesen a criminales de alto riesgo y reforzar los cuerpos policiales.

“Nuestra misión es clara: recuperar el orden. Toda nuestra energía estará centrada en lo que sabemos hacer: mano dura contra el crimen”, ha repetido en sus intervenciones públicas. Asimismo ha prometido construir “cuatro penales y un megapenal para reos de alta peligrosidad, como es el penal El Cecot, en El Salvador”.

keiko EFE

Keiko Fujimori

Entre los principales obstáculos que debe sortear Fujimori se encuentra el “antifujimorismo”, la división que la figura de su padre, quien falleció en 2024, genera entre los peruanos y que lleva a un sector de la población a votar en su contra, aunque este factor se ha reducido en vista de que los votantes jóvenes tienen menos cuestionamientos a un mandatario que solo conocen de referencia.

Pero el voto anti Fujimori también se nutre de eventos recientes. Sus críticos afirman que a través de alianzas políticas y la influencia de su partido, Fuerza Popular, ha socavado la estabilidad de la democracia al impulsar la destitución de mandatarios como el expresidente Pedro Pablo Kuczynski.

Dos países

La campaña previa a las elecciones del 7 de junio enfrentará dos visiones ideológicas capaces de llevar al país por rumbos muy distintos. La propuesta de Fujimori se centra en el impulso a la empresa privada, la desregulación, los incentivos a la inversión extranjera, la reducción del déficit fiscal y el respeto pleno a la autonomía del Banco Central.

Sánchez, psicólogo de profesión, propone una reforma constitucional para “recuperar la soberanía nacional sobre los recursos naturales”, fortalecer el rol del Estado en la economía, revisar los contratos tributarios con las grandes mineras y los tratados de libre comercio. También ha cuestionado a Julio Velarde, presidente del Banco Central durante los últimos 20 años y considerado pieza clave en la estabilidad macroeconómica del país.

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La pobreza es mayor en las zonas rurales

Ha dicho que evalúa usar las reservas internacionales de Perú —cercanas a 100.000 millones de dólares— para financiar salud, infraestructura y educación. “Se necesita una buena caja fiscal para las grandes transformaciones que queremos hacer”, afirmó.

Un elemento a considerar es que Perú se ha mantenido con una economía en crecimiento y baja inflación, pero sigue habiendo una gran desigualdad. En el terreno laboral el 74% de los peruanos se desenvuelve en la informalidad y la pobreza se concentra en zonas del interior donde, por ejemplo, solo 7% de los hogares tiene refrigerador.

El Centro

En este contexto de confrontación entre extremos, Milagros Campos sostiene que la clave de la elección es evitar repetir el escenario de 2021, cuando la segunda vuelta profundizó la polarización y ninguno de los candidatos buscó atraer al centro.

Advierte que, con un Congreso ya electo y sin mayorías propias, el próximo presidente deberá tejer alianzas para gobernar. “Las lecciones aprendidas de la elección pasada tienen que ser tratar de correrse al centro y convocar a electores más centristas”, señaló.

Francisco Belaunde resalta que tanto Sánchez como Fujimori deberán atraer votantes fuera de sus polos ideológicos. Señala que, en un gesto hacia el centro, Sánchez sumó a su equipo técnico al economista Pedro Francke, visto como “relativamente moderado” y quien renunció al Ministerio de Economía durante el gobierno de Castillo. Añade que, al menos por ahora, Fujimori no ha hecho movimientos en esa dirección.

La debilidad

Los dos candidatos llegan a la segunda vuelta sobre un piso frágil. Fujimori obtuvo apenas 17% de los votos válidos y Sánchez 12%, superando por un mínimo margen al ultraderechista Rafael López Aliaga. En conjunto, suman menos de un tercio del electorado, una base precaria. Incluso, los votos nulos y blancos superan la votación de Fujimori.

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Los votos nulos y blancos superan la votación de los candidatos al balotaje

En las elecciones presidenciales de 2011 y 2016, los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta lo hicieron desde una base superior a la mitad de los votos válidos en la primera ronda. Desde entonces, ese respaldo se ha ido erosionando hasta llegar a la precariedad actual, donde no surge una oferta política capaz de atraer a una porción significativa de la población.

Campos señala que, aunque Keiko Fujimori llega a su cuarta segunda vuelta con más experiencia, lo hace sobre una base frágil. “La fragmentación política ha hecho que quienes pasan a segunda vuelta lo hagan con porcentajes bastante bajos”, advirtió.

Culminar el mandato

En los últimos cinco años, Perú ha tenido cuatro presidentes. El Congreso puede destituir al mandatario bajo la figura de la incapacidad moral, un recurso de interpretación amplia que ha alimentado la inestabilidad política.

Aunque Fujimori cuenta con una bancada mayor que la de Sánchez en diputados y senadores, ninguno alcanza mayoría absoluta. Sin embargo, ella podría tejer alianzas con otras fuerzas de derecha y asegurar mayor estabilidad.

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Belaunde considera que Fujimori tiene más opciones de completar su mandato que Sánchez. “Ella tiene más posibilidades de poder terminar su mandato; eso podría significar una mayor estabilidad, más allá de las críticas que se le puedan hacer”, afirmó.

Por su parte, Campos indica que un cambio relevante es que el Congreso será bicameral a partir de ahora, algo que debería ayudar a la estabilidad. La llamada “vacancia presidencial” deberá ser planteada primero por los diputados y, si prospera, pasará al Senado, que tendrá la decisión final. En ambos casos se exige una mayoría calificada de dos tercios para que la moción avance.

No obstante concluye que “todo dependerá de las alianzas que se logren internamente”.

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