18 de abril de 2026 9:04 hs

La primera vuelta de las elecciones presidenciales en Perú muestra que el país difícilmente logrará superar la inestabilidad que lo ha llevado a tener cuatro presidentes en los últimos cinco años. Las estadísticas oficiales reflejan la debilidad de los partidos, la fragmentación extrema del voto y el malestar frente a la oferta política, una combinación que anticipa un nuevo mandatario con un respaldo frágil desde el comienzo del período.

Con muy pocas actas por escrutar de la votación del domingo pasado, los números indican que la candidata más votada, Keiko Fujimori, quien por cuarta vez busca la presidencia, alcanza apenas 17% de los sufragios, mientras que quien la acompañe en la segunda vuelta —sea el izquierdista Roberto Sánchez o el ultraderechista Rafael López Aliaga— rondará el 12%. En conjunto, los aspirantes llegarán al balotaje con menos de un tercio de los votos, una cifra precaria que implica un piso frágil para gobernar.

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Esto repite el escenario de 2021, cuando Pedro Castillo, el candidato de izquierda que surgió como outsider, pasó a la segunda vuelta junto a Keiko Fujimori, representante de la derecha, y entre ambos apenas sumaron 32% de los votos. Al final se impuso Castillo, un maestro de escuela que terminó preso tras intentar disolver un Congreso que ya tenía lista su destitución.

Fernando Belaunde, analista político y profesor de derecho internacional en la Universidad de Lima, coincide en que “es una situación similar a la elección anterior, en la que también hubo una base muy pequeña para los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta. Ahora se ha agravado porque hay incluso una mayor fragmentación del voto al haber tantos candidatos, en total 35”.

“Entonces, evidentemente son candidatos con poca legitimidad. Va a haber un presidente que va a tener esa debilidad”, añade Belaunde en declaraciones a El Observador USA.

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Keiko Fujimori

Keiko Fujimori

En las elecciones presidenciales de 2011 y 2016, los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta lo hicieron desde una base superior a la mitad de los votos válidos en la primera ronda. Desde entonces, ese respaldo se ha ido erosionando hasta llegar a la precariedad actual, donde no surge una oferta política capaz de atraer a una porción significativa de la población.

Los votos nulos

Otro signo de la inconformidad de los peruanos es la elevada cantidad de votos nulos y en blanco. Con 93% de las actas escrutadas, las cifras registran 3,1 millones de sufragios en esa condición, una cantidad que supera los 2,6 millones obtenidos por Keiko Fujimori, la candidata que encabeza la elección.

El politólogo Daniel Zovatto afirma en un análisis que "se trata de una señal contundente del nivel de desafección, frustración y rechazo que caracteriza al electorado peruano frente a su clase política".

Belaunde matiza los datos con la observación de la complejidad del proceso: una elección presidencial con un gran número de candidatos que se produce en simultáneo con la elección legislativa puede derivar en votantes que invalidaron su voto sin querer.

“Evidentemente en Perú hay mucha desconfianza respecto a la política, pero estos votos nulos, en buena parte, también se deben a la dificultad al momento de ir a votar”, señala Belaunde.

Sin embargo, las estadísticas muestran que la proporción de votos nulos y en blanco ha sido elevada incluso en procesos menos complejos: pasó de 12% en la primera vuelta de las elecciones de 2011 a 18% en las de 2016 y 2021. En la elección actual se ubica en 16,6%.

Tarjetón AFP
Tarjetón electoral

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El Congreso

En Perú, la presidencia se ha convertido en un cargo de duración incierta. En febrero de este año, el Congreso removió a José Jerí, acusado de ocultar reuniones con empresarios chinos bajo investigación, y en su lugar colocó a José María Balcázar, un legislador de 83 años que ejercerá hasta que concluya el proceso electoral.

La caída de Jerí se sumó a la destitución de Dina Boluarte apenas cuatro meses antes, cuando el Parlamento la declaró con “incapacidad moral permanente” en medio del avance de la delincuencia y el desplome de su popularidad. Boluarte había llegado al poder en 2022 tras la captura de Pedro Castillo —de quien era vicepresidenta— luego de que intentara disolver el Congreso.

Un punto clave es que el Congreso puede destituir al presidente bajo la figura de la incapacidad moral, un recurso de interpretación amplia que ha servido para remover a distintos mandatarios. Por eso, contar con un respaldo sólido en el Parlamento no solo resulta esencial para aprobar leyes y gobernar, sino también decisivo para que el nuevo presidente logre completar su mandato.

Jose Jeri, presidente de Perú. AP
José Jerí

José Jerí

A partir de esta elección Perú vuelve a contar con un parlamento bicameral. La Cámara de Diputados tendrá la tarea de impulsar y aprobar en primera instancia los proyectos de ley, mientras que el Senado podrá ratificarlos, modificarlos o rechazarlos.

La dinámica también se extiende al terreno de la destitución del presidente. La llamada “vacancia presidencial” deberá ser planteada primero por los diputados y, si prospera, pasará al Senado, que tendrá la decisión final. En ambos casos se exige una mayoría calificada de dos tercios para que la moción avance.

Los escenarios

El escrutinio para el Senado avanza con lentitud, pero ya permite anticipar que el presidente electo contará con una bancada que no superará el 20% de los votos. Zovatto advierte en su análisis que este panorama abre la puerta a “un escenario de alta fragmentación legislativa. En estas condiciones, el próximo gobierno enfrentará severas restricciones de gobernabilidad, con un elevado riesgo de bloqueo institucional, conflictividad política y recurrencia de crisis”.

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Roberto Sánchez

Roberto Sánchez

No obstante, Belaunde considera que, si la nueva presidenta es Keiko Fujimori, su partido Fuerza Popular podría tejer alianzas con otras fuerzas de derecha, como Renovación Popular, el partido de Rafael López Aliaga. Este último incluso podría ser quien dispute la segunda vuelta: Roberto Sánchez lo supera por escasas décimas y aún quedan actas por escrutar.

Sánchez, representante del partido de izquierda Juntos por el Perú, reivindica la figura de Pedro Castillo, de quien fue ministro de Comercio Exterior y Turismo. Si logra pasar a la segunda vuelta y finalmente alcanza la presidencia, el escenario podría derivar en una polarización aguda. En ese contexto, las fuerzas de derecha tendrían margen para obstaculizar su gestión.

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