Alejandro Betancourt, símbolo de los llamados “bolichicos”, esa casta de jóvenes empresarios que, al abrigo de conexiones políticas, levantó fortunas meteóricas mientras Hugo Chávez prometía enterrar el capitalismo, reapareció en el centro de los grandes negocios con un rol clave en el acuerdo petrolero que une a la administración de Donald Trump con Delcy Rodríguez.

La empresa de Betancourt, North American Blue Energy Partners (NABEP), asociada con Estados Unidos, asumirá la explotación de 17 campos petroleros en Venezuela con reservas de 65.000 millones de barriles, equivalentes a la quinta parte del océano de crudo que yace en el subsuelo del país. Trump lo presentó como “el mayor acuerdo petrolero de la historia”.

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Lago de Maracaibo

Hijo de una diseñadora de joyas, Alejandro Betancourt, de 46 años, creció en una familia acomodada y se formó en administración de empresas en Boston antes de completar un master en Oxford. Su fortuna empezó a multiplicarse cuando el gobierno de Hugo Chávez le entregó contratos millonarios a su empresa Derwick Associates para construir plantas eléctricas en medio de los apagones que paralizaban al país.

La ONG Transparencia Venezuela calcula que Derwick Associates recibió unos 2.900 millones de dólares en presuntos sobreprecios. Según la organización, el ascenso de Betancourt tuvo su raíz en la cercanía con Javier Andrés Alvarado Pardi, hijo del expresidente de la Electricidad de Caracas, Javier Alvarado Ochoa, también señalado en tramas de corrupción.

La justicia venezolana nunca halló pruebas de irregularidades en aquellas contrataciones y Derwick defendió con insistencia que sus precios se ajustaban a los estándares internacionales.

Pero las plantas eléctricas fueron apenas el primer eslabón de una larga cadena de señalamientos. Transparencia Venezuela recuerda que en 2017 el fiscal general, Tarek William Saab, “aseguró que Betancourt formaba parte del grupo de empresarios acusados de poner sobreprecios en contratos con Pdvsa”, la empresa petrolera del Estado.

Tarek William Saab

Betancourt está vinculado a medio centenar de compañías en distintos países. Entre ellas figura Hawkers, la firma española de lentes de sol que alcanzó notoriedad internacional cuando logró que Leo Messi se convirtiera en uno de sus promotores.

Las cuentas bancarias de Betancourt en Suiza y España han estado bajo investigación por presunto blanqueo de capitales. La fiscalía del cantón de Zúrich informó a la agencia AFP que inició un proceso en su contra por “blanqueo de dinero" y que aunque inicialmente pidió su extradición al Reino Unido, luego la retiró debido a “aspectos específicos de la ley de extradición británica”.

El salto al petróleo

La incursión en el negocio petrolero llegó de la mano de Derwick Oil & Gas Corporation, la firma con la que Betancourt obtuvo una participación en Petrozamora, compañía que explota yacimientos en la cuenca del Lago de Maracaibo en asociación con Pdvsa.

Posteriormente, las autoridades venezolanas señalaron falta de inversión por parte de la empresa de Betancourt y terminaron reasignando su participación a NABEP, la compañía que entonces pertenecía al magnate estadounidense Harry Sargeant, uno de los hombres de negocios que siguió operando en Venezuela durante el régimen de Nicolás Maduro.

Delcy Rodríguez

Sargeant se asoció en NABEP con Betancourt, quien de esa forma regresó a Petrozamora. Más tarde, Sargeant vendió su participación en la empresa y Betancourt expandió sus operaciones en el sector petrolero, convirtiéndose en enlace entre la administración de Donald Trump y Delcy Rodríguez.

Fuentes explican que desde 2024, cuando se asoció con Sargeant en NABEP, Betancourt había tejido una relación cercana con Rodríguez, quien entonces ejercía como vicepresidenta de la república.

Socio del Pentágono

Entre los objetivos estratégicos de Estados Unidos figura controlar las reservas de petróleo de Venezuela como parte de su estrategia de supremacía en el hemisferio occidental. Además, busca elevar la producción del país, hoy reducida a apenas 1,2 millones de barriles diarios tras años de corrupción y pésima gerencia. Cuando el chavismo llegó al poder en 1999, Venezuela superaba los 3 millones de barriles al día.

Ante la tibia respuesta de las grandes compañías petroleras a su llamado a invertir en Venezuela, la Casa Blanca decidió entrar en el juego con un acuerdo que le otorga 35% de las acciones de NABEP, poder de veto en el consejo de administración, la exigencia de que la mayoría de los directores sean ciudadanos estadounidenses y la garantía de que el trato quede bajo legislación y jurisdicción de los tribunales de EEUU.

En entrevista con el periodista Sergio Novelli, el secretario de Estado, Marco Rubio, defendió la asociación con NABEP y afirmó que “es una compañía que tiene un historial de producción, que tiene conocimiento del sistema”. Sobre Betancourt añadió que “no existía ninguna investigación dentro de nuestro sistema en contra de él” y aseguró que en 2019 apoyó a la oposición venezolana.

NABEP produce alrededor de 180.000 barriles de petróleo al día, una cifra que la convierte en una de las principales empresas privadas en el sector. Allegados a Betancourt indican que es muy hábil para negociar y moverse en el entorno venezolano, donde las conexiones políticas son fundamentales para los negocios.

Está por verse si la asociación con Estados Unidos será suficiente para que logre obtener el financiamiento y las asociaciones que necesitará para desarrollar los 17 campos de petróleo que Venezuela le ha dado en concesión por 100 años.

En un comunicado enviado a medios de comunicación, Betancourt afirmó que “Venezuela cuenta con abundantes recursos naturales, una población trabajadora y un potencial sin explotar” y aseguró que “esta operación permitirá liberar ese potencial, lo que reportará grandes beneficios tanto a los venezolanos como a los estadounidenses”.

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